LOS PUYAZOS DE SERGIO.

¡Como hecho adrede!, dijo un compañero en frase ranchera y bien certera. Se refería a que un can agresivo y territorial mató de salvajes mordidas a una anciana en la comunidad de Peñuelas, Aguascalientes, justo cuando la supuesta sociedad “defensora de bestias” apoyó, también salvaje e irreflexivamente, a la iniciativa del balín partido Verde Ecologista para que se prohibieran los circos con animales en el estado, asunto que prontamente el PRD acogió como suyo, no por convicción, claro, sino por conveniencia populista, y agregando a la aspiración la prohibición de las corridas de toros, las riñas de aves de combate y, temerariamente, la charrería.

Ventilado el embarazoso hecho en los medios de comunicación masiva, tal idiota hasta se atrevió a manifestar una descabellada parte del proyecto: ¡la igualdad entre perros y humanos! Afortunadamente en los papiros de la urbana entidad están matriculados hombres profesionales, éticos, preparados e inteligentes; tal es el caso del licenciado en derecho Jesús Eduardo Martín Jáuregui, aficionado taurino profesional, quien, con sensatez y argumentos vigorosos refutó rotunda y educadamente semejante pretensión.

Animal y hombre tienen dignidad, sin embargo una y otra son radicalmente diferentes, es la conclusión a la que quizás pudiésemos llegar. El animal no sabe del honor, la ética, la educación y la moral, dones conferidos únicamente al humano; aquel actúa por instinto básicamente, lo que, juntamente con otras mil cosas muy delicadas, hace imposible que haya igualdad entre uno y otro.

Este desorientado grupo que se hace llamar “Pro-Animal”, lo que causa es patéticos sentimientos en el grupo de los taurinos. Mucho saben de la ecología política y nada de la ecología científica. Humanos convertidos en ratas de ciudad que jamás han pisado la tierra caliente y fértil de la que, lamentablemente, ignoran su situación socioeconómica, política y cultural y en donde podrían, sí, desenvolver sus supuestas aspiraciones en bien de los animales… que es, por su puesto, tan distinto a lo que sus ilegítimas empatías les han hecho creer.

Y entre que los escasos miembros de aquel conjunto cursi, sentimentaliode y absurdo de los abogados de mascotas y demás animales, se arañan y desgarran el alma con demandas inviables, olvidando muchas otras de real importancia, la entrañable y añosa plaza del barrio de San Marcos abrió sus portones con el objeto de dar espacio a la campaña chica 2014. El pasado domingo su acogedor graderío se cubrió totalmente de una clientela cautiva y noble que toda la tarde estuvo dispuesta a retribuir con palmas lo que en el circular escenario aconteciera de valía. Sea la abundante concurrencia un termómetro que indique el interés de un amplio y considerable sector de la sociedad aguascalentense por el ejercicio legendario de la tauromaquia, que, no se olvide, es oficialmente patrimonio inmaterial de la entidad. Ya solo falta que los propios taurinos –empresarios, apoderados, ganaderos y “periodistas”- validen el severo nombramiento, solidificando los argumentos centrales del espectáculo e inclinándose a favor de su apoyo, pero, por su puesto, no del que se vive, se padece y se consume, sino de uno mejor, más auténtico y de menos trampas y de mayor respeto al público que, aunque aguantador, noble y las más de las veces ingenuo, es el que paga y lo sostiene.

La plaza más grande del planeta, pero una de las menos serias de los últimos veinte años, ya bajó el telón a la campaña, supuestamente grande, 2013-2014. El papel más importante de esta desentonada serie en la que nuevamente mandaron los naipes ibéricos, aunque esta ocasión poco brillaron, lo adquirió el joven espada aguascalentense Joselito Adame quien pisará el dorado albero sevillano en tres tardes con acertijo; y no por lástima, favor o cortesía, más bien por haber proyectado sus virtudes en la campaña anterior, sobre todo en los dos cosos de mayor trascendencia del mundo: La propia Real Maestranza de Caballería de Sevilla y La Monumental del Espíritu Santo de Madrid, – aunque ello cause molestia, enojo, incomodidad, sentimientos mal entendidos y frustración a varios “cronistas” de Aguascalientes a quienes aqueja el mortal y apestoso síndrome del aldeanismo y que, como cada temporada menor en el coso del barrio de San Marcos, hacen de merolicos en una estación de radio que componen la mafia que sofoca al pueblo de las aguas termales-.

El pedestal de máximo triunfador no lo soporta por las ocho orejas que en sus puños elevó; el título va más allá de esta mojonera estadística. Obsérvese a un Joselito determinante, fresco, preparado, con el carácter y el temperamento suficientes para desarrollarse y prosperar en la fiesta europea que no está diseñada ni orientada precisamente hacia los mexicano y sí a un público grave, demandante, pagador pero consciente de lo que deben darle en producto por su dinero y reflexivo, en donde el rango de exigencias es, evidentemente, más elevado que el que regula a la maltratada fiesta mexicana. Una administración inteligente, certera, consciente y ambiciosa es la que más que nunca necesita este coletudo cuyo proyecto profesional, aún con sus cualidades y experiencias, resulta todavía peligroso y complejo.

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