21 junio, 2021

EL FESTIVAL A BENEFICIO DEL MATADOR JUAN LUIS SILIS FUE TODO UN ÉXITO.

Miércoles 26 de febrero del 2014.
Plaza de toros Antonio Velázquez del restaurante Arroyo
El domingo 13 de octubre del año pasado, Juan Luis Silis sufrió una espantosa cornada en el cuello, muy parecida a la de Juan José Padilla y a la de Antonio Velázquez. El hecho tuvo lugar en Pachuca, en una corrida en la que alternó con Cuqui de Utrera y Uriel Moreno “El Zapata” para enfrentarse a un complicado encierro de José Julián Llaguno.

Milagrosamente, los médicos le salvaron la vida y Silis está recuperándose a pasos agigantados. La Asociación de Matadores y Pepe Arroyo –entre otros- tuvieron la generosa idea de organizar un magno festival taurino para ayudar al torero.

Miércoles 26 de febrero del 2014.
Plaza de toros Antonio Velázquez del restaurante Arroyo
El domingo 13 de octubre del año pasado, Juan Luis Silis sufrió una espantosa cornada en el cuello, muy parecida a la de Juan José Padilla y a la de Antonio Velázquez. El hecho tuvo lugar en Pachuca, en una corrida en la que alternó con Cuqui de Utrera y Uriel Moreno “El Zapata” para enfrentarse a un complicado encierro de José Julián Llaguno.

Milagrosamente, los médicos le salvaron la vida y Silis está recuperándose a pasos agigantados. La Asociación de Matadores y Pepe Arroyo –entre otros- tuvieron la generosa idea de organizar un magno festival taurino para ayudar al torero.

Los señores ganaderos de Torreón de Cañas, Rancho Seco, De Haro, La Soledad, El Vergel y La Punta, obsequiaron la materia prima para conformar un cartel que no tenía desperdicio: El Pana, Federico Pizarro, Juan José Padilla, Jerónimo, Sergio Flores y Michelito.

Los aficionados respondieron al llamado y la placita de Arroyo registró un casi lleno.

Señalaremos que el precio de la entrada incluía –además del festival en sí- todo tipo de viandas y bebidas refrescantes, más la oportunidad de convivir con toreros y ganaderos al concluir el festejo. Es decir, se trataba de una oferta que nadie podía o debía echar en saco roto.

El Pana se enfrentó a un astado de Torreón de Cañas. El Brujo de Apizaco estuvo genial con el capotillo. Erre Erre pegó cuatro abigarrados y vistosísimos lances de su invención, mismos que podríamos calificar como medias largas afaroladas de pie, invertidas y combinadas con un recorte. Con la muleta también tuvo destellos de genialidad y temple. Mató de tres cuartos y certero descabello para dar la vuelta al ruedo.

Federico Pizarro sorteó un ejemplar de Rancho Seco al que le instrumentó un magnífico quite por caleserinas. A continuación estuvo cumbre con la muleta, templando y exponiendo por derechazos y naturales. Hubo también un molinete de rodillas y largos pases de pecho. Despachó al burel de pinchazo y entera bajita. La gente pidió la oreja, pero el juez Morales creyó que estaba en Las Ventas y todo quedó en una triunfal vuelta al anillo.

Juan José Padilla se las vio con un precioso toro de De Haro, el cual resultó encastado y difícil. Por eso la labor de Padilla, quien se jugó la vida como de costumbre, fue muy meritoria.

El Ciclón de Jerez no dudó en pegarle un par de medias largas cambiadas de hinojos al cornúpeta. Luego clavó dos sensacionales pares de banderillas, destacando el segundo, uno al violín sesgando por fuera. Hay que recordar que en un ruedo como el de la Antonio Velázquez, tan minúsculo y sin callejón, poner los palos es una temeridad.

El trasteo muleteril fue muy emocionante ya que Padilla echó mano de todo su oficio y su valor. Pinchó antes de dejar una entera y dio una clamorosa vuelta al ruedo.

A Jerónimo le tocó bailar con las más fea. El cornúpeta de La Soledad no tuvo ni un lance ni un pase. Por un momento nos sentimos en la Plaza México, donde estos toros blandos, sosos e inválidos suelen aparecer con gran frecuencia. Jerónimo estuvo en torero todo el tiempo y aunque no pudo desplegar su arte lidió al inútil bicho con perfección; hasta logró algunos lances y muletazos de gran lucimiento. La cosa se complicó aun más a la hora de matar y todo quedó en una salida al tercio.

Sergio Flores sorteó uno de El Vergel que tuvo movilidad, su punto de bravura y bastante alegría. El matador tlaxcalteca dio primero una cátedra de cómo se torea por chicuelinas modernas. Es decir, con ritmo, ajuste, temple y elegancia.

Con la sarga hizo una faena con pases de todas las marcas, imprimiéndole torería de principio a fin a su quehacer. Largos fueron los derechazos, aprovechando que el de El Vergel repetía y humillaba. Y más largos fueron los naturales, llevando al toro de allá hasta acá. No faltaron los de trinchera, ni los cambios de mano, ni los forzados. En suma, una faena de rabo. Lástima que la media no bastó y tuvo que descabellar hasta en tres ocasiones. En mis tiempos y tratándose de un festival, eso valía la oreja. Pero aquí el asunto se saldó con una apoteótica vuelta.

Lagravére hubo de enfrentarse al morlaco más feo que se ha visto en esta plaza en mucho tiempo. Además, el de La Punta resultó ser un manso huidizo. No obstante, el precoz matador le buscó las cosquillas con la muleta y logró lucirse y agradar al respetable. Michelito templó y se estiró cuando el toro se lo permitió. Nos quedamos con sus encomiables pases por el pitón derecho. Luego de una entera contraria le dio al adefesio aquel dos golpes de verduguillo y le fue concedida la única oreja del festejo.

Total, que cualquier evento taurino en Arroyo garantiza emoción y seriedad, y éste no fue la excepción. Y lo más importante, Juan Luis Silis pudo comprobar que cuenta con el cariño de la afición capitalina, una de las mejores del mundo mundial.

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