20 octubre, 2021

APÉNDICES REPELIDOS PARA MANUEL GUTIÉRREZ.

A plaza llena y talones vacíos se desgranó la segunda novillada de la serie menor en el coso del barrio de San Marcos de Aguascalientes.

De hasta tres dehesas distintas liberaron de toriles siete bovinos: tres de Maravillas, tres del debutante criadero jalisciense de José Barba y uno, con etiqueta de obsequio, de Celia Barbabosa. Partida de mala presencia, incluso pitado el primero al aparecer con su planta leve en el escenario, y algunos sospechosos de pitones. Todos cumplieron en varas, los más poco exigidos en la trascendental suerte, y en este orden merece renglón el soberbio puyazo que al sexto ejecutó el joven Guillermo Cobos quien abandonó el foro envuelto en una cascada de aplausos. De lo mas torero que se vio en la tarde.

A plaza llena y talones vacíos se desgranó la segunda novillada de la serie menor en el coso del barrio de San Marcos de Aguascalientes.

De hasta tres dehesas distintas liberaron de toriles siete bovinos: tres de Maravillas, tres del debutante criadero jalisciense de José Barba y uno, con etiqueta de obsequio, de Celia Barbabosa. Partida de mala presencia, incluso pitado el primero al aparecer con su planta leve en el escenario, y algunos sospechosos de pitones. Todos cumplieron en varas, los más poco exigidos en la trascendental suerte, y en este orden merece renglón el soberbio puyazo que al sexto ejecutó el joven Guillermo Cobos quien abandonó el foro envuelto en una cascada de aplausos. De lo mas torero que se vio en la tarde.

La imagen que como epílogo cerró el festejo fue la salida en hombros de Manuel Gutiérrez por haber reunido dos auriculares que el público le repelió con silbidos y abucheos de alto sonido.

Muy dedicado, dando la variedad al servicio del deseo, Nicolás Gutiérrez (silencio, al tercio y palmas en el de regalo) reveló completa tauromaquia capotera aquel becerro crecido que de miel y excelente estilo pasó reiteradamente siguiendo el engaño que por ambos lados extendió dilatando pases formidable que extrajeron el añorado coro del ¡olé! No obstante agriando su intervención con inadmisibles hierros que le provocaron ser protagonista de maromas incontables en vez de una cornada seria, gracias al inofensivo y amable bovino al que pinchó bastante.

Manso y maltratado en varas, el cuarto en algo logró desordenar el redondel no obstante, quien debía imponerse, dejó que en su interior bulleran como adversarios la disposición y la sensatez taurina. El animal buscó siempre el cuerpo y en dos ocasiones lo encontró. Joven local que batalló con las siniestras intenciones de la bestia que tenía enfrente y a la que hábilmente despachó con los muertos.

Frustrado, se congratuló con el novillo que le regalaron, un animal que apenas se dejó; el deseoso joven hizo una faena de buenos muletazos pero que no llegó a explotar por la ausencia de son. La frustración seguro que prevaleció en su mente después de un golletazo y cuatro descabellos.

Bien hechas y amplias fueron las verónicas con que se presentó y recibió al segundo Fernando Rey (al tercio y oreja) que en zapopinas pasó entero pero tardando la acometida, inconveniencia que ratificó en la muleta, sin embargo, al ir tras ella lo hacía claramente y con clase.

El malagueño de buenas maneras y calcada técnica no supo confidenciar del todo con tales virtudes; fue hasta las mil que construyó un par de series elogiables sofocadas luego al usar el arma.

Novillo bobalicón el quinto al que usando aguante y paciencia hurtó una faena derechista mejor proyectada que su primera. No mal novillero, pero de corte convencional, como hay miles en el orbe pese a su incuestionable estocada.

Como torbellino empero siempre en actitud precautoria Manuel Gutiérrez (oreja protestada en ambos) se medio responsabilizó al capear al cárdeno; luego, lleno de contagiosa alegría y atrabancadamente clavó banderillas. Calidad y fijeza dio el rumiante al que en el fascículo muletero no toreó, pegó muchos pases sin poder resolver el son y la distancia que demandaba, optando por las valentonadas descalibradas y firmando el cuadro de medio espadazo tendido.

El presunto cierraplaza dio mucho para el toreo: fijeza, nobleza y clase. Cuando el deseo no se subordina a estructuras del orden poco pasa. Mejor que verle alegre y de clavador de banderillas se deseaba que toreara, sin embargo lo que se le soportó fue nuevamente su etiqueta de pega pases ya antes voceada; los olés superfluos validaron esta opinión. Muchos le reprimieron cuando amagó con el numerito de la toalla al tirarse a matar, y aún así lo realizó dejando la espada en vulnerable sitio.

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