ROGELIO DE PASCUAL NOS CUENTA…

ESTEBAN GARCÍA Y CARMELO PÉREZ, NOVILLEROS QUE SE ODIABAN A MUERTE, SE MALDIJERON MUTUAMENTE ANTES DE MORIR… (I de II partes).

Enemigos a muerte fueron siempre Esteban García y Carmelo Pérez dentro y fuera del ruedo, dos toreros de corte totalmente distinto que lograron impactar profundamente en el ánimo del público allá por el año de 1929, época en que la absurda y encarnizada guerra cristera sembró la semilla del hambre y de la muerte en nuestro país, hundiéndolo en una bestial crisis económica.

A pesar de esa profunda crisis, los novilleros Esteban García y Carmelo Pérez cuando alternaban en un festejo, llenaban la plaza y es que en ellos veían los aficionados a dos astros refulgentes de nuestra torería a los que se les entregó por completo. Desde aquella lejana época hasta la fecha, no ha existido en el mundo de los toros otra pareja novilleril que haya captado tanto el interés del público, ocasionando polémicas y pasiones tan desbordantes.

La rivalidad entre Esteban García y Carmelo Pérez tuvo un sello de dramatismo inimaginable, se odiaban a muerte y nadie podía imaginarse que aquel año de 1929, esas dos luminarias taurinas a las que el público ansiaba proclamar como figuras del toreo se extinguirían trágicamente.

Esteban era un novillero muy elegante y de recia personalidad en el ruedo, su toreo clásico, templado y dominador ponía de pie a los emocionados aficionados. Carmelo era el lado opuesto de la medalla, un torero sumamente corriente, tremendista, lleno de valor, explosivo y muy alocado.

Esteban García nació en el Distrito Federal el 2 de septiembre de 1905, se presentó como novillero ante el público capitalino en la placita de Mixcoac en 1926 causando muy buena impresión, pero se le vio verde todavía y continuó placeándose en las ferias pueblerinas y en el campo bravo, reapareciendo nuevamente en el mismo coso de Mixcoac el 16 de junio de 1929, alternando con José González “Carnicerito” y con Luis Peláez, lidiando novillos de Zotoluca.

Esteban en su reaparición en la capital se vio más desenvuelto y cuajado, el público se le entregó por completo vislumbrando que en este joven había un gran torero; los empresarios del interior de la república le abrieron las puertas, sus actuaciones se multiplicaron y su nombre cobró vida en los principales carteles; el arte y la serena valentía de este novillero causaron un gran impacto, los aficionados acudían a las plazas donde toreaba y Esteban García se convirtió pronto en imán de taquillas.

La extracción humilde de este torero fue otro de los atractivos para el público que veía en Esteban a un muchacho sencillo, lleno e ilusiones y de necesidades, un novillero con mucha vergüenza torera y ansias de triunfo que tarde a tarde salía a darlo todo.

Por su parte, Carmelo Pérez, cuyo nombre real y completo era el de Armando Pedro Antonio Procopio Pérez Gutiérrez, nació en Texcoco en 1908, se anunciaba como Carmelo Pérez tratando de ocultar su identidad, pues su madre, doña Chonita, se oponía a que fuese torero.

Debutó Carmelo en la plaza de Mixcoac el 15 de septiembre de 1927, siendo sus alternantes Cayetano Leal, Porfirio Magaña y Miguel Gutiérrez, en la lidia de cuatro novillos de la Hacienda de Musquis.

La tarde de su debut en la capital del país, Carmelo se dejó ver con una quietud escalofriante, carente totalmente de técnica y de clase, pero el público lo acogió con afecto por haber demostrado escalofriante valor, al grado que un cronista de la capital lo bautizó como el “El torero que asusta”.

La temporada siguiente, Carmelo sumó 22 novilladas a pesar de haber recibido varias cornadas que lo tuvieron inactivo, entre ellas una de suma gravedad en la plaza de Morelia, cuando un novillo le destrozó el muslo derecho pegándole tres cornadas.

La presentación de Carmelo en el capitalino Toreo de la Condesa fue el 5 de mayo de 1929 matando novillos de Ajuluapan, alternaron con él Alberto Balderas y Jesús Solórzano que eran los novilleros más destacados del momento.

El público viendo la notoria falta de conocimientos de Carmelo Pérez y lo vulgar de su toreo, en son de burla le gritaba desde los tendidos: “Asustas pero por lo feo que eres” y tomó a chufla la actuación del alocado Carmelo.

Al tomar espada y muleta en su segundo animal, le dijo Carmelo a su mozo de espadas: “¡ahora verán estos hijos de la chingada como se muere un hombre!” y al dar el primer muletazo por alto en terreno de tablas, el novillo le pasó tan ceñido que le rasgó parte de la pechera, pero Carmelo lo aguantó impávido, sin mover las zapatillas, dando la impresión que las tenía atornilladas en la arena y lo toreó con tal temeridad y quietud, que el animal acabó entregado y el novel diestro pudo ligar dramáticos naturales, carentes de técnica y de arte pero sobrados de valor y entrega. Así fue el inicio de este alocado y corriente torero suicida.

La rivalidad entre Esteban García y Carmelo Pérez, fue propiciada en gran parte por el entonces empresario de El Toreo de la Condesa Eduardo Margeli “El Gaditano”; que siempre apoyó más a Carmelo que a Esteban y aprovechó la rivalidad existente entre ellos y el fuerte impacto que tenían con el público, para hacer un negocio redondo, organizando tres novilladas actuando mano a mano, lidiando cuatro novillos por tarde. Margeli para sacarle mayor provecho a la rivalidad entre los novilleros, anunció la integración de un jurado para designar al triunfador y premiarlo con una sortija de oro con diamantes incrustados, valuada en ese tiempo en cinco mil pesos.

La mesa estaba puesta y el éxito económico asegurado, los aficionados abarrotaron el coso agotando las entradas para presenciar el primer mano a mano entre Esteban García y Carmelo Pérez que se celebró el 18 de julio de 1929, con novillos de Zotoluca. Carmelo fue el primer espada, ya que aunque Esteban se presentó antes que él ante el público capitalino, Carmelo toreó primero en el coso más importante de la capital que era El Toreo de la Condesa.

En aquel primer mano a mano, Carmelo resultó herido al lidiar al toro que abrió plaza y Esteban tuvo que matar a los cuatro astados, a cada uno de ellos le dio la lidia adecuada, se mostró muy seguro y desenvuelto con el capote, toreó magistralmente por verónicas y se adornó en los variados quites que realizó.

El arte y el temple de sus largos muletazos por abajo arrancó ensordecedoras ovaciones de los aficionados y cortó dos orejas, una al segundo de la tarde y la otra al que cerró plaza.

La gente salió satisfecha de la plaza por la actuación de Esteban, pero ante la obligada ausencia de Carmelo, ese monstruo de mil cabezas quedó decepcionado por no haber podido disfrutar del pique que había entre los dos toreros.

Repuesto Carmelo de aquella herida se lidió la segunda novillada un mes después con ganado de San Diego de los Padres. Muy bien estuvieron los dos chavales en sus respectivas actuaciones, ambos cortaron dos orejas; podría afirmarse que Carmelo las arrancó a mordidas con su toreo encimista, corriente y dramático, mientras que Esteban García se ganó los apéndices con la luminosidad de su personalidad, con la finura de su arte y con el temple que le imprimía a su toreo de muleta.

El tercer mano a mano entre los dos novilleros que se odiaban a muerte fue el domingo siguiente lidiando un encierro de la ganadería tlaxcalteca de Zacatepec, propiedad de la familia Muñoz.

Carmelo Pérez con el que abrió plaza dejó ver su gran valor pero también su enorme carencia de recursos, mató después de varios pinchazos y dejó un horrible golletazo, es decir una estocada pescuecera que el público repudió y Carmelo se llevó un fuerte abucheo entre mentadas de madre y almohadillas, pero con su segundo novillo cambió la moneda al cuajar una dramática faena muy valerosa, con una quietud impresionante y resultó herido al entrar a matar; entonces el público cambió su hostil comportamiento olvidando lo ocurrido con su primer novillo y le tributó una cerrada ovación, obligando al Juez de Plaza a premiarlo con las dos orejas y el rabo del astado que rodó sin puntilla.

Esteban en su primer novillo toreó bellamente con el capote; con la muleta realizó una artística faena, sus muletazos largos y templados hicieron vibrar de emoción a los aficionados, pero al momento de entrar por uvas pinchó en tres ocasiones y perdió los apéndices que prácticamente tenía ganados, pese a todo ello el público le tributó una gran ovación y lo obligó a dar la vuelta al ruedo.

Con el que cerró plaza, Esteban García estuvo sublime, en ningún momento se dejó ganar la pelea, con el capote estuvo extraordinario y lució enormidades en un quite por chicuelinas. Con la muleta bordó una faena pletórica de arte, sus largos muletazos, tanto derechazos como naturales tuvieron sello propio con mucho temple y suavidad, daba la impresión que estaba toreando a cámara lenta y por nota, remataba sus tandas de naturales con el clásico forzado de pecho barriendo los lomos de cabeza a rabo, después de los derechazos iluminaba el redondel al rematar con su personalísimo trincherazo y lució enormidades toreando por alto, adornándose con molinetes y afarolados, mató de certero volapié colocando la toledana en el mismísimo hoyo de las agujas que hizo rodar sin puntilla al novillo; el Juez de Plaza premió su labor con las dos orejas y el rabo ante la aclamación y entrega del público entero que lo vitoreaba como indiscutible triunfador, no solamente de esa tarde, sino del serial de los tres festejos, haciéndolo merecedor del premio de la sortija de oro con diamantes.

Viendo Eduardo Margeli que irremediablemente la sortija prometida quedaría en manos de Esteban García, intervino ante los tres miembros el jurado para obligarlos a declarar triunfador a Carmelo Pérez, desoyendo las airadas protestas de todo el público en una tarde en la que ni los aficionados, ni el jurado, ni las cuadrillas quedaron conformes, los únicos satisfechos eran el empresario Margeli y su novillero consentido Carmelo Pérez.

Esteban García salió a hombros de la plaza coreado por la multitud emocionada que le gritaba ¡Torero!, ¡Torero! ¡Torero!, mientras que Carmelo salió por su propio pie luciendo en su dedo anular de la mano izquierda la valiosa sortija entre gritos de ¡Rateros! ¡Rateros! ¡Rateros! que el público indignado le lanzaba a los miembros del jurado, a Eduardo Margeli y al mismo Carmelo Pérez.

La sortija que arbitrariamente le dieron como premio triunfal a Carmelo fue la manzana de la discordia que recrudeció el odio que ya existía entre estos novilleros, anidando cada de ellos hacia el otro, tanto en su mente como en su corazón, el más profundo sentimiento de odio, rencor y coraje, tornándose en enemigos encarnizados, eternos e irreconciliables.

Después de la entrega de la “sortija de la discordia”, Esteban y Carmelo volvieron a actuar juntos en dos ocasiones pero no mano a mano, sino llevando un tercer alternante y en ambas tardes fue Esteban García el triunfador absoluto de los festejos.

El domingo la segunda de tres partes.

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