21 junio, 2021

LOS PUYAZOS DE SERGIO.

Hoy, que el espectáculo taurómaco transcurre trabajosamente por las ramblas sofocantes y obstaculizadas que los llamados taurinos se han encargado de construir, con ganaderos “amables” que crían bóvidos de cara a las figuras, sobre todo importadas, pero de espaldas a la emoción de la fiesta, con empresas que pagan caro a estos mismo coletudos pero que les dejan “organizar” a su contentillo ventajoso las funciones y desairan muchas veces a los nuevas cartas nacionales, con “cronistas” lacayunos que mejor callan verdades y publicitan triunfalismos , y con “autoridades” que de modo absurdo no ordenan algún arrastre lento merecido legítimamente para “no hacer ver mal a quien no pudo con él”, entre otros desvirtuados hechos, muy “fácil” se le hizo a Eloy Amé

Hoy, que el espectáculo taurómaco transcurre trabajosamente por las ramblas sofocantes y obstaculizadas que los llamados taurinos se han encargado de construir, con ganaderos “amables” que crían bóvidos de cara a las figuras, sobre todo importadas, pero de espaldas a la emoción de la fiesta, con empresas que pagan caro a estos mismo coletudos pero que les dejan “organizar” a su contentillo ventajoso las funciones y desairan muchas veces a los nuevas cartas nacionales, con “cronistas” lacayunos que mejor callan verdades y publicitan triunfalismos , y con “autoridades” que de modo absurdo no ordenan algún arrastre lento merecido legítimamente para “no hacer ver mal a quien no pudo con él”, entre otros desvirtuados hechos, muy “fácil” se le hizo a Eloy Américo Cavazos Ramírez retornar activamente a los ruedos y a una fiesta que dañó y dejó dañada en más de tres sentidos. En estos años en los que “estuvo ausente”, la estructura de la tauromaquia no cambió prácticamente nada; su evolución se mantiene terriblemente petrificada y enviciada.

¿En serio regresa el “duende gracioso” a los toros? Preguntó en el tendido un etílico y puntilloso aficionado a su acompañante; -¡Ya es oficial, lo dijeron en internet y en facebook!, le reimpostó alegremente éste.

En reunión con los medios especializados, la noticia se propagó prácticamente en el mismo momento en que se estaba dando gracias a los inmediatistas medios computarizados que tiene hoy el humano. Escogida fue la plaza “El Centenario” de la alfarera, pintoresca y bella ciudad de Tlaquepaque, Jalisco. La función: una capirotada; no quedó claro de que se va a tratar la propuesta. Anunciada está como “corrida mixta”, y no como festival, en la que los actores son el ya mencionado, antes un prólogo del équite Pablo Hermoso de Mendoza, Joselito Adame, Octavio García “El Payo” y el novillero Antonio Lomelín, vástago de aquel denodado estoqueador de Acapulco de idéntico nombre y apelativo, y ahora protegido, quien sabe porque razones, por el abusivo jinete de Navarra. La fecha pactada es la del 6 de abril.

Mucho a discutir ha dado el nada bien recibido hecho. Nada claro tampoco está en que calidad vuelve el de Guadalupe, Nuevo León y menos cuanto durará su actividad.

Muy pocos lo dan como “positivo”, solo aquellos que viven de y no para la fiesta.

Cavazos, con todo y sus apantalladoras estadísticas, impostó varios vicios al espectáculo. Se dice que nunca sorteaba, escogía a sus adversarios casi desde que andaban en el vientre de sus vacas madres, imponía alternantes de los cuales muchos hubieron de “pedirle dispensas” tras habérsele ido por delante en orejas, y sus encierros frecuentemente iban despuntados y afeitados… cosa de investigar al “Tableao” y/o escuchar lo que en cinta magnética quedó prisionero, cuando un vaquero me contó de la partida de novillos encastados lidiada por él, Jesús Solórzano y Humberto Moro, hijos en el coso Monumental de Aguascalientes un 24 de abril del 82 y que apenas salido el camión, timoneado por el buen amigo Manuel Arellano, transportista reconocido de reses de lidia, de la finca de la mismísima Punta, se estacionó en las grandiosas sombras de un gigantesco pirúl y se hizo el deshonesto trabajo, en atención a las órdenes de Rafael Báez –para muchos “Rafail”-, primero su apoderado y posteriormente hasta su compadre.

El nombre de este formidable y eficaz estoqueador, que “adornaba” la suerte saliendo rebotado recurrentemente en diligencia por demás bien fingida a la hora del embroque, traspasó las limitantes de la fiesta, convirtiéndose en una figura popular que se ganó el adjetivo de taquillero, quizás el más en sus mejores años, hecho que algunos personajes de la tauromaquia y aficionados, le conceden solo a partir de aquellas extravagantes propuestas publicistas de conocida casa tabacalera que en todas sus corridas regalaba pañuelos albos con grabados del torero y hasta cajetillas de cigarrillos a los caballeros, y claveles púrpura a las damas en las entradas de los cosos.

Diestro contradictorio, de triple moral si los ha habido en la historia. Tiene el honor de ser el último coletudo mexicano en haber salido por la Puerta Grande de la Monumental de Madrid, hazaña que hoy, a cuarenta y dos años, no ha podido hacer ninguno de los de su gremio.

Las más de sus faenas en los muchos años que permaneció en el papiro de los activos, fueron al público; ocasiones bastantes llegó a cortar rabos sin haber interpretado un solo buen muletazo. Del capote, ni se mencione. Hábil, con carisma y una gran capacidad para entablar sólida y cordialísima comunicación con el tendido, ha sido uno de los muy pocos que han confundido a las masas que son muy dadas a inventarse en su subconsciente colectivo lo que aspiran a ver en los ruedos cuando esto no aparece como realidad.

Diestro que, con sus virtudes y sus muchos vicios, es ya hecho de un pasado y que mal hará mas que bien con esta amenaza de su retorno a una fiesta que trata de subsistir de sus buenos recuerdos más que de preocuparse por mejorar y desintoxicar su presente.

Deja un comentario