15 junio, 2021

¡PURO DIEGO EMILIO!

Un desembarque de ocho novillos practicó La Playa, dehesa neoleonesa que con ellos hizo pasar por el anillo una mezcla terrible de tipos y cuajos; patético grupo por las modestas perchas de la mayoría; algunos becerros topetones venidos a más y pocos bien armados. Su juego no completó los deseos de los entendidos. Todos, más o menos, acometieron a las corazas de los de castoreño, fase en la que se subrayó el puyero Mauro Prado con una soberbia vara que le granjeó salir del nimbo entre las cálidas palmas de la concurrencia, y en el tercio mortal destacaron el primero y el sexto, aquel halagado con el arrastre lento, y éste con aplausos de los reflexivos aficionados cuando sus restos eran llevados al desolladero.

Un desembarque de ocho novillos practicó La Playa, dehesa neoleonesa que con ellos hizo pasar por el anillo una mezcla terrible de tipos y cuajos; patético grupo por las modestas perchas de la mayoría; algunos becerros topetones venidos a más y pocos bien armados. Su juego no completó los deseos de los entendidos. Todos, más o menos, acometieron a las corazas de los de castoreño, fase en la que se subrayó el puyero Mauro Prado con una soberbia vara que le granjeó salir del nimbo entre las cálidas palmas de la concurrencia, y en el tercio mortal destacaron el primero y el sexto, aquel halagado con el arrastre lento, y éste con aplausos de los reflexivos aficionados cuando sus restos eran llevados al desolladero.

Un público que cubrió más de medio aforo presenció como en la suma total de la sexta función de la Plaza San Marcos, Diego Emilio (vuelta y oreja) derramó torería, expresó su sentir de la lidia y calificó su preparación. A un año de su debut, los progresos fueron claros y ya tiene la fiesta a otro joven con despejado porvenir taurómaco. Bienvenida dio al primero con veroniquera y sustanciosa serie, misma que luego se apuntaló en un duelo con Solís al modo del “Petronio del toreo”. Las intenciones de irse fuera de la órbita del avío púrpura se le olvidaron; el joven se adueñó de la voluntad animal y se entregó en acometidas claras, extensas y encastadas, yendo con la testa abajo, virtudes que acogió como suyas y toreramente el en un trasteo por ambos cuernitos, injertando su cuerpo al del adversario y logrando entregar, serie a serie, piezas de mucho aprecio, rubricando el conjunto con media estocada caída y varios descabellos.

Cuando hay apetito de triunfo en un chamaco, no existen pretextos; pese a que el quinto fue un remolino, lució en su completo toreo de capa. Ahí sus lances, allá, en el centro sus estrechadas chicuelinas. Las siniestras intenciones del bóvido se consolidaron cuando fue requerido con la muleta; sin embargo el aspirante hidrocálido, en firme actitud resolvió y lució en muchos instantes que hicieron sentir su torería, correspondiendo y correspondiéndose luego al practicar bello y rotundo estoconazo.

El duranguense Gerardo Solís (al tercio sin fuerza y vuelta tras petición) en gran potencia anímica intentó mucho en los tres tercios. De aplauso digno, solo el bloque muletero, donde topó con un bóvido soso, encajado al suelo, que pasaba sin gracia y ante el que se observó a un joven ganoso, que cuida formas… sea ello en descargo de su seca manifestación artística, conjuntamente con el medio espadazo eficaz que ultimó el asunto.

Gaoneras, que si atrabancadas y en poder del arrebato, también sostenidas en la valentía fueron su saludo al sexto. Superó su propia raya en la mezcla bien hecha de suertes al quitar. Cuando empuñó las banderillas, por su variedad y denuedo convirtió el coso en un ardiente monstruo de combustión interna que se sofocó y por nada se apaga a la hora buena de la sarga. Tuvo un novillo fijo, noble y de impresionante recorrido al que jamás comprendió y echó a los desperdicios después de realizar media estocada delantera y caída. Novillero encandilador que encandiló pero rápido dejó a oscuras las aspiraciones de la clientela.

Es un desbarajuste el joven de Torreón Abraham Marín (silencios elocuentes en ambos). Vaya paso tan sin chiste el que hizo por el añoso albero. Alguien más frío no tan fácil se ve. Entre la sosería del tercero y la del mismísimo chaval convirtieron en un páramo el circular escenario.

Con su segundo, otro soso desgraciado, dio más de lo ya conocido. Una tundra pintó en el redondel. Del estoque… ni hablar.

Terrible maraña de acciones dantescas presentó el cuarto apenas pisado la arena; ese apretado nudo encontró rival eficaz, bien lo desató solventemente el imberbe tapatío Carlos Casanueva (palmas en ambos) quien esta tarde anotó en su libro privado el debut como novillero. Novillo de mala reata al que, ya con la sarga, convenció de que se condujera sobre el trayecto que marcó, pisando bien la superficie y manejándola adecuadamente. Bien su valiente hacer que no entonó al usar el arma. El octavo resultó ser un astado que no se entregó, y en contrapartida el dio otro episodio de su ánimo luchón.

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