19 junio, 2021

EN JOSÉ MARÍA PASTOR PUEDE HABER UN ESPADA MUY IMPORTANTE.

Coso San Marcos, coso entrañable que ayer tarde cerró sus rejas. Antes, en su circunvolución se ofreció la octava y última novillada de la campaña menor, para lo que se vendieron miles de boletos de entrada hasta para que su graderío se manifestara cubierto en tres cuartos de su total.

Igualmente la empresa mercó ocho astados, seis de la dehesa local Castorena y dos de la potosina de Marcos Garfias, que en partida global completaron un encierro muy bien presentado, con cuajo y belleza en su conformación zootécnica, no obstante descastado y complicados los primeros, y buenos de verdad los de la segunda casa mencionada, que por clase, claridad y nobleza, sobre todo, fueron aplaudidos cuando sus despojos se arrastraban al patio del desolladero.

Coso San Marcos, coso entrañable que ayer tarde cerró sus rejas. Antes, en su circunvolución se ofreció la octava y última novillada de la campaña menor, para lo que se vendieron miles de boletos de entrada hasta para que su graderío se manifestara cubierto en tres cuartos de su total.

Igualmente la empresa mercó ocho astados, seis de la dehesa local Castorena y dos de la potosina de Marcos Garfias, que en partida global completaron un encierro muy bien presentado, con cuajo y belleza en su conformación zootécnica, no obstante descastado y complicados los primeros, y buenos de verdad los de la segunda casa mencionada, que por clase, claridad y nobleza, sobre todo, fueron aplaudidos cuando sus despojos se arrastraban al patio del desolladero.

De los actores, el que mejor iluminó la tarde fue José María Pastor, quien así, en tonalidades de éxito se presentó ante sus paisanos después de haber debutado como novillero en Acapulco en el mes de enero del corriente.

Buen aspirante a ser profesional en la lidia de reses de casta, que posee cabeza fría, pensante, bonito estilo y que sabe desarrollar, sin pasiones descontroladas, el quehacer propio de un torero.

El cuerpo no torero de Luis Miguel Cuellar (silencios elocuentes en ambos) contrastó patéticamente con sus buenas y sedosas formas de lancear y cerrar artísticamente la serie. Pero la realidad se apersonó con la muleta y trituró los ideales de un joven no exento de conocimientos básicos de la tauromaquia práctica, no obstante inepto para trazar una trayectoria por lo menos decorosa, y desperdició al excelente tres añero de clase, nobleza y son formidables, que tuvo la desgracia de que lo sacara en el sorteo. Igual mala suerte sufrió el otro garfeño al haber caído en las telas de quien aspira absurdamente a dedicarse al toreo de modo profesional. Fijeza, recorrido y clase son idioma que no le entendió ni entenderá. Aunque de un bajonazo, evitó la pena de seguir soportando su distinguida incapacidad taurómaca.

El segundo era un endino descastado; mala era su reata y pretendió desordenar el redondel. Nunca tragó los avíos; allá iba su testa, en busca del cielo grisáceo, acá probaba y se terciaba, pero el jovencillo local Jorge Salvatierra (división tras dos avisos y oreja) solucionó con eficacia empero sin chiste y haciendo del arma un calvario.

El ánimo y/o la intensidad del campo emocional de un aspirante o matador, no se tasan según los buenos o malos ejemplares que les correspondan. Ciertamente el sexto, soldado en el piso, tardaba en acudir y se vencía transparentemente, sin embargo el imberbe, correcto técnicamente, no expresó la frescura de otras tardes; sus muecas eran más las de un angustiado que de uno que se deleita en su quehacer. No obstante, como ahora sí mató bien, llegó el gallardete anotado.

Más poderoso que cualquier viento y cualquier novillo descastado, son el deseo y la torería. Pese al manifiesto soplo eólico, las verónicas de José María Pastor (dos orejas y vuelta al ruedo) incendiaron el ánimo del público, luego arrebataron sus juncales gaoneras, deleitaron los variados pares de banderillas, interesó su estructurada faena muletero y complació la media estocada certera.

Era la segunda propuesta de lo que fue su segunda novillada en el palmarés naciente, y el adversario, séptimo de la lidia, resultó agresivo, esto es, primero remitió poderosas tarascadas, luego se unió al suelo, y bien llevado en la amplitud de la sarga, terminó embistiendo de regular forma. Ello fue propiciado y comprendido por el chamaco y volvió a sacar provecho en un trasteo sobrio y completo, remachado con estupenda e inmejorable estocada luego de un pinchazo.

Torero completo que sin arrebatos mostró lo que es interpretar bien los tres tercios… torero de un hondo y añoso estilo que parecía perdido.

Episodio de banalidad, intrascendencia y aburrición se dio cuando abrieron las puertas al cuarto, un bóvido descastado, mal intencionado y atornillado en el suelo al que el ibero Manuel Ponce (palmas y oreja) no atinó a realizarle algo con gracia pero al que despeñó hábilmente.

Cerró la peregrinación de animales complejos y descastados, un bello bicorne que sin clase pasó atrás de la muleta del joven, que esta vez, mejor aclimatado, se vio valeroso y pertinaz logrando, en sueltas fases, buenos y meritorios muletazos en una faena que supo culminar sobre la excelente interpretación de la suerte suprema.

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