LOS PUYAZOS DE SERGIO.

Encasillada en una sola vertiente de la actuación, agresiva, muchas veces tosca, no tierna y creyéndose sus propios mitos, María Félix, de cara estética y cuerpo “común”, habría cumplido cien años de haber nacido, sin embargo es finada, y “México entero” ha celebrado el hecho.

Alguna vez, convenencieramente, dijo haber sido aficionada a la fiesta brava desde sus mocedades, empero no se le vio en los cosos antes del “músico poeta” y muy, muy poco después de él.

Otra ocasión, en quien sabe que emisión televisiva de aquella casa productora que idiotizado tiene a tres cuartos de la patria, dijo, pecando en grande de pretensiosa, haber estado la tarde del 28 de agosto de 1947 en el coso de Linares, España; función por su puesto que es la más conocida fuera de las bardas taurómacas, ya no se mencione dentro de ellas.

No pasaron doce horas cuando alguien con autoridad histórico-taurina, públicamente, en uno o varios medios de comunicación masiva, desmoronó la mal construida jactancia.

José Cano “Canito”, ¡con cien alegres años de edad, continuando en este planeta girando y ejecutando órdenes de aprensión cada vez que aprieta el botón de su cámara al ver la magia de un instante de toros!

Visitante del II Encuentro Internacional de Ciudades Taurinas en Aguascalientes.

Comida y festival en La Punta, dehesa profunda, enigmática y extensa. Al modo de los viejos latifundios europeos. En su plaza de tientas mágica, recién rehabilitada abordé al maestro de la lente. Una de las preguntas fue referente a la amarga experiencia en el pueblo minero aquel de Linares. Bajo un inciso me dijo rotundamente y con impresionante seguridad que la afamada mexicana, desde luego no había estado en el coso. Él, como bien saben los taurinos, era manoletista, pero en la fecha subrayada acudió a la corrida contratado por Luis Miguel Dominguín. Fue el único fotógrafo profesional que estuvo en el sitio de la tragedia. -Si María Félix hubiese estado en la plaza, dijo “Canito”, -no se me habría pasado el retratarla. La habría identificado inmediatamente entre la muchedumbre.

No golpeó de sorpresa, era una evidente realidad que José Chafick Hamdan estaba en grave estado de salud de hacía ya un tiempo notado. Finalmente, entre los taurinos, se propagó la nota de su óbito el sábado 12 del corriente cuando el sol aluzaba el meridiano, poco más, poco menos.

Este libanés mexicanizado entregó su espacio y su tiempo a la fiesta brava. Primero aspirante a la fortuna entre las astas de los toros, luego ganadero de hasta cuatro dehesas: San Martín, La Gloria y El Olivo, y San Martín español. Después apoderado del último mandón de la fiesta brava nacional, el diestro de Monterrey, bendito y maldito, divino y diabólico; abusivo, soberbio y señor del dominio del son del toreo.

A Chafick cómodamente se le acusa de haber achicado físicamente al toro y de mermarle su bravura para convertirla en una especie de sumisión bastante cómoda para su poderdante… pero también para los diestros de su época, así figuras como mediáticos y/o aspirantes.

Pero resulta más trabajoso, enredoso y temerario analizar y reflexionar, más aún de sumar y acribillar con alguna conclusión. Mejor valiera hoy a la necesitada fiesta mexicana que hubiese permanecido aquel animal de las tardes de Manolo, y no se hayan invadido y sofocado las circunvoluciones con lo que exigen e imponen los naipes máximos de la baraja extranjera hoy; esto es, torillos obesos, de modesta cuerna e inofensivos, que primero darían un beso en los cojones a sus presuntos lidiadores que pegarles una cornada; de esos que crían varios opulentos titulares de tierra, agua y reses como Teófilo Gómez, Bernaldo de Quiroz, Fernando de la Mora y un etcétera de similares políticas.

Los documentos fílmicos son parte de la cultura taurómaca, y en ellos bien se podría hacer una comparación de lo que o con lo que se encumbró Manolo y lo que en estos tiempos aterra y atierra a la emoción a la que aspira de modo legítimo la afición. Y las comparaciones jamás serán odiosas, son siempre necesarias.

Ahí quedó pendiendo de las hojas de la historia taurina el nombre de un personaje que se decía conocía mejor que nadie el linaje del ganado bravo nacional, que supo manipularlo genéticamente pero que lamentablemente no se ve que alguien haya adquirido su legado y menos lo haya aplicado de modo positivo para el progreso de un espectáculo oprimido y desigual gracias a quienes viven de él.

Ya va en recta la feria de Texcoco, y el coso “Silverio Pérez” para desgracia del conjunto del espectáculo, ha registrado solo entradas regulares. Es claro, el interés ha abandonado a los grandes públicos. Sin combinaciones atractivas y con bóvidos engañosos de edad y trapío, se mata el ánimo.

Han tenido éxito “Zotoluco”, el diestro bien enterado y apto para poner en práctica la tauromaquia pero carente de clase, Joselito Adame que mejor que andar de arriba abajo en cuanto recinto le ponen se debería reconcentrar en su severa campaña internacional 2014, y otros espadas que por intrascendencia es mejor omitir.

Y si dudan aún del protagonismo absurdo y patético de muchos “taurinos”, se acaban de entregar los trofeos a lo mejor de la campaña grande 2013-2014 del coso del viejo pozo de las ladrilleras; unos tan absurdos que solo llevaban, se notó, la intención no validar, de lisonjear y socializar a los de Barralva y La Joya debieron haber adquirido los gallardetes todos a cuanto ganado se refiere… es su fiesta y es su club de Tobi…

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