25 octubre, 2021

BARBA Y AGUILAR, AURICULARES DE DISTINTOS QUILATES.

Plaza Monumental Aguascalientes, plaza en fiesta, plaza que hoy es la sede del serial taurino sanmarqueño. Sus gradas, por la tarde de ayer, se cubrieron tal vez hasta el cincuenta por ciento de su amplitud, sin tomar en consideración los altos departamentos de las localidades generales. Fue la segunda función de feria y primera corrida de la propuesta de ETMSA (Espectáculos Taurinos de México S.A.), y para su desarrollo la dehesa michoacana de La Paz desencajonó un encierro decentemente presentado, destacando por cuajo y remate tres toros. El juego que desempeñaron fue irregular; hubo el soso, pasando por el noble y de calidad –quinto de la corrida y premiado exageradamente con el arrastre lento-, el encastado cuarto hasta el complejo sexto.

Plaza Monumental Aguascalientes, plaza en fiesta, plaza que hoy es la sede del serial taurino sanmarqueño. Sus gradas, por la tarde de ayer, se cubrieron tal vez hasta el cincuenta por ciento de su amplitud, sin tomar en consideración los altos departamentos de las localidades generales. Fue la segunda función de feria y primera corrida de la propuesta de ETMSA (Espectáculos Taurinos de México S.A.), y para su desarrollo la dehesa michoacana de La Paz desencajonó un encierro decentemente presentado, destacando por cuajo y remate tres toros. El juego que desempeñaron fue irregular; hubo el soso, pasando por el noble y de calidad –quinto de la corrida y premiado exageradamente con el arrastre lento-, el encastado cuarto hasta el complejo sexto.

Todos acometieron de manera cumplidora a los petos, suerte de varas pues en la que se distinguieron tres “quijotes”: José Isabel Prado en el tercero, Cruz Prado en el quinto y Eduardo Reina en el sexto. Tercia que en su momento salió cabalgando del nimbo bajo las palmas sentidas de los aficionados.

La suma estadística del festejo fueron las orejas que adquirieron, de distinto precio, Fabián Barba y Mario Aguilar.

Estático plantó el tronco de su cuerpo y soltó los brazos Fabián Barba (al tercio y oreja repelida), para así practicar lances bellos, parcos y toreros. En el mismo bemol hizo ver tafalleras por el eje del escenario para luego darse a una labor muletera con mucha cabeza, de modo calibrado, midiendo bien y sin exigir a un toro soso y de poca fuerza, aprovechando con oficio, sobre todo por el cuerno diestro, lo muy poco que admitió el cárdeno al que derribó no sin emplear el arma de cruceta luego de media estocada en decente sitio. Desaforadamente saludó en los medios a su segundo, ambas rodillas en la arena; un par de largas, intentos de lances y bárbaro trompicón, amén de alguna suerte bien hecha, entusiasmaron a los consumidores. Quizás el deseo descontrolado al iniciar el trasteo, le hizo atosigar a un burel que prometía desembocar su casta, pero demasiado se quedó en su terreno el coletudo y sofocó su distancia y su tiempo, y la intención se quedó en la frontera de una labor menos que regular, terminada de medio espadazo caído.

Sin provocar una detonación plena en la labor de capa, a Mario Aguilar (al tercio y oreja) se le apreciaron algunos lances con la textura de la seda. Aquella propuesta inicial amenazaba con ser lo muy poco que tendría belleza y estética toreras en su labor. El astado, sin poder y rodando el suelo constantemente, por nada ahoga la forma en el quehacer muletero, no así el fondo. El diestro, usando la ética y la obligación moral, se centró obstinadamente en hurtar algún provecho, y, aunque desgranados, forjó zurdazos y derechazos estupendos y muy toreros. Faena de menos a mucho más. Su paciencia y fe le redituaron el reconocimiento popular. Bastante duró en el rostro del toro al que no atinó a matar bien… feo bajonazo posterior a un par de pinchazos le mandaron al patio de los carniceros. ¡Vaya verónicas hizo aparecer y parecer tal caricias al quinto! Como si hubiera abierto y ondulado un capote tejido de telas exquisitas llegadas de tierras inhóspitas; con ritmo sutil; con arte, gracia y temple buriló el lance fundamental del primer tercio. Lamentablemente la nobleza y la clase del toro se mellaron al dar la famosa e indeseable “vuelta de campana” al intentar chicuelinas. Por más amable trato que le dio al desdoblar la muleta, no lograba otorgar total composición a la faena que aspiraba todo mundo. La fórmula que desarrolló ante su primero, le sirvió nuevamente en este segundo y lenta, parsimoniosamente le construyó el trasteo que tuvo como corolario muletazos extensos en serio, dormilones, templados y valiosos y una suerte suprema realizada con todas las de la ley, por lo que se le honró con el apéndice acotado.

Bien abrió y jugó los brazos en las verónicas de recibo Gerardo Adame (al tercio tras petición y palmas), y más intensidad brotó cuando su quite por saltilleras muy personales y sus gaoneras. En el último tercio se observó un toro débil y tardo, aunque con clase, y el diestro, en buen estado de ánimo, le pudo trazar una regular faena sobre ambos flancos en la que se le corearon muletazos largos y bien solucionados, concluida con un espadazo trasero y certero descabello. El cierraplaza fue un enigma; al igual pasaba entero que probaba, se unía al piso o se quedaba corto. El joven diestro, responsable de la oportunidad y de su título de matador, se manifestó deseoso y como consecuencia, hacendoso aunque no logrando más que la concientización del público, no así una faena que llegara a romper y a la que le dio el final de dos estocadas defectuosas.

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