15 junio, 2021

¡OTRO TORERO IMPACTO DE JOSELITO ADAME!

El edificio tauromáquico Monumental de Aguascalientes, que acariciara los tres cuartos de su amplio aforo, fue nuevamente el que acogió el paso de un Joselito Adame que llegó a devastar el serial taurino del evangelista Marcos.

Las virtudes naturales, adquiridas y/o desarrolladas que firmó en su anterior comparecencia, las reeditó con la fuerza del mar y la macices del acero. Sitio, recursos, dominio, confianza, seguridad en sí mismo y disposición, volvieron a impactar cual ola potente que nadie parece detener.

El edificio tauromáquico Monumental de Aguascalientes, que acariciara los tres cuartos de su amplio aforo, fue nuevamente el que acogió el paso de un Joselito Adame que llegó a devastar el serial taurino del evangelista Marcos.

Las virtudes naturales, adquiridas y/o desarrolladas que firmó en su anterior comparecencia, las reeditó con la fuerza del mar y la macices del acero. Sitio, recursos, dominio, confianza, seguridad en sí mismo y disposición, volvieron a impactar cual ola potente que nadie parece detener. Torero, simplemente, uno que tiene proyecto personal con aspiraciones internacionales. Y sabe ya andarles a los toros, algo que muy pocos, según cronistas de antaño, han logrado, e igualmente sabe manejar todas las partes de la muleta.

En el apartado ganadero, el amo Alberto Bailleres, de sus dehesas, hizo reunir una mezcla tremenda de reses con diverso tipo. Aunque anunciada Begoña, al anillo salieron cornudos también de San Miguel de Mimiahupam (segundo, tercero, cuarto y sexto) conjuntando semejante partida en la que hubo de todo, desde el impresentable primero –pitado al aparecer en el ruedo-, pasando por el horrible de hechuras hasta los bien cortados, como el cuarto, al que absurdamente se le dio el arrastre lento, esto seguro para no hacer quedar mal al “patrón”. Pero la realidad fue que el encierro manseó de modo general y su presencia global no fue rotunda. Parece que no podemos aún ser completos.

Un par de lances hondos le ejecutó Morante de la Puebla (pitos, pitos tras aviso y pitos, unido esto a la bronca entre la que se desapareció del coso) al torillo insignificante aquel primero de la tarde; el aire no admitió más. En el folleto muletero se dio indeciso. Para acomodo de su inadmisible actitud, le favoreció la sosería del bicorne y las ligeras ráfagas de “Barbas de Oro”, optando por cortar las acciones mediocremente empleando el arma, esto ya entre el coraje de la mayoría. De nueva cuenta soltaron otro descastado burel, el tercero, y ello fue muy bien al proyecto del extranjero, el de fingir que hacía la lucha en exhibir su tauromaquia y engranar otro fracaso, de esos que irritan al cotarro. Su pésima forma de plantear la suerte suprema acabó por desamarrar los demonios de la ira del pagador público. Por si alguien dudara de que salió presto a consolidar un petardo redondo, se desentendió totalmente de la lidia de su tercer adversario; primero endosándoselo al varilarguero, que le hundió la vara bien, bonito y abusivamente, y luego armando la muleta con una fingida desconfianza que provocó el coro vergonzoso de ¡ratero, ratero! Con la espada… más desatinos.

Más feo que azotar al Galileo en Viernes Santo fue el segundo, y aunque soseó desde su desagradable presencia en el nimbo, en el quite se inflamó Joselito Adame (palmas, dos orejas y palmas tras petición) con unas chicuelinas poderosas, justo en el eje del escenario. Para cualquier otro espada, quizás el desalmado ungulado habría pasado inédito, pero no para esta nueva real figura, que desenvolvió su convincente y convencida tauromaquia y sacó provecho del astado, como haciendo florecer un páramo y quedando muy por arriba de él, al que obligó a pasar por ambos lados y al que despeñó de una estocada tendida en la suerte de recibir y un descabello, luego de pinchar. Contraviniendo la “razón” y las consecuencias lógicas del viento, tras un par de largas de rodillas unido al tablero, buriló una completísima muestra capotera, iniciando con lances formales, llevando al adversario a varas según Pepe Ortiz, realizando un auténtico quite y no cerrando su variado hacer sino hasta esculpir pintureras zapopinas. Cuando hay en el albero un torero preparado y dispuesto a cobrar éxitos en cuanta tarde se le proponga, no existe aire que destanteé las cosas, ni toro soso, como fue el caso, que se resista. Su trasteo, en el que se la rifó con inteligencia, paró al cotarro. Ya desplegada la bandera de su concepto, se arrojó con verdad sobre el morrillo y dejó sepultada la espada en sitio caído pero efectivo. Sobrado de torería, se apersonó para lidiar al sexto. Las preferencias del público, en inclinación congruente, estaban hacia él y en contra de su indolente alternante. Iniciada la faena sentado en el estribo, se incorporó para hacerle tal faena salpicada de pases bien marcados y sobre ambos lados. Aquello giraba en un trance emocional muy intenso. Su círculo de energía está iluminado y es impresionante. Cuando hubo de aguantar, lo hizo hasta hacer desaparecer las distancias entre sus muslos y los diamantes del antagonista; éstos acariciaron el brocado de su taleguilla entre que este joven fresco y compacto en todos sus perfiles, tomaba espíritu de estatua viviente. No movió ni el corazón. Otra oreja de muchos quilates estaba ganada, sin embargo pinchó antes de que llegara una estocada pasada.

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