FUNCIÓN TAURINA DE SUEÑO, PESE A LA OREJA ORDINARIA DE TALAVANTE

Si, más bien aburrido se ha calificado el sexto festejo de la feria sanmarqueña. Como adivinando lo que sucedería, el público tuvo poco interés en acudir al coso, que en sus escaños recibió menos que el cincuenta por ciento de su total.
Para dar ocasión al desarrollo del espectáculo, se dio suelta a un encierro remendado con dos astado de San Miguel de Mimiahuapam –tercero y séptimo- y el resto de Begoña. Por quien sabe que extrañas causas, siempre que en la verbena se anuncia Begoña aparecen reses de Mimiahuapam y viceversa. Esta vez no fue la excepción y de los alambrados de Alberto Bailleres llegó una partida de astados mal presentada en juicio global. Si esta es la feria “más importante de América”, algún ingenuo no querrá saber el rango en la que se desenvuelven las colonizadas del sur de nuestro continente. Este severo calificativo, autoimpuesto, merece reses de trapío incuestionable a la simple apreciación visual. Congruencia es lo que falta, entre otras virtudes de ética y moral, para que las publicidades se alineen con los hechos.
Y del encierro más bien malo, saltó un ejemplar bueno, bravo, lleno de nobleza, que acometió largamente; acaso tardo por el siniestro cuerno, al tomar el engaño, se iba hasta muy, muy lejos y merecidamente, ahora sí, se le rindió la pleitesía del arrastre lento, acción muy de la fiesta de luz y sombra que se dio entre las sentidas palmas de la afición.
Hecho del primer animal, suelto que fue de salida, Alejandro Talavante (oreja y silencio) lanceó brevemente aunque con arte, y remató con originalidad; su quite por tafalleras tuvo mayor composición e intención plástica. Acostumbrado como está a una fiesta en serio, dio forma a su faena con pasajes bellos, estéticos, de muletazos variados aprovechando la modestísima presencia del bóvido, su nobleza sin raza y su clase, y al que provocó la muerte de muy buena estocada. En cuarto sitio se liberó un rumiante un poco más rematado que los anteriores, bien armado pero sin espantar a nadie. Malo fue en una palabra; de aquellos mansos con intenciones desgraciadas; en todo momento acudió con la testa en alto y no perdía instante para detenerse a medio pase y no tragarse el engaño. En un pasaje de tedio, el europeo se enteró de las inconveniencias y se deshizo de él hábilmente.
Como con ganas se desprendió Arturo Saldívar (palmas en los tres) de la tronera del burladero, se hincó y dio a ver una larga y un farol; ya incorporado veroniqueó no más que bien, quedando trunco un variado intento de quite. Hubo un torero en el círculo arenoso, en claro rumbo de retroceso. Una vez pérfido él, tuvo las pretensiones de herirlo, y no se niegue que por pertinaz y valiente, el diestro lo obligó a pasar múltiples ocasiones arriesgando mucho, empero sin la intensidad de antes. Los rincones de su alma están a media luz. Quizás haya cortado un auricular ordinario, empero dejó media estocada tendida y se obligó a descabellar tres veces. Otra vez fueron lances con los que recibió al quinto, torito p´a rancho, y en el quiete trató de emular al “Zapopan”, aunque le salió meramente descalibrado. No cabe la duda de que cuando un hombre se circula en malas energías, casi todo le resulta negativo. Cuando brindaba el trasteo el animal remató potentemente en un burladero y se fracturó el cuerno derecho en el mero punto de la cepa. El público se percató de ello en forma inmediata y le invadió el desconsuelo y el coraje. El espada no pensó una ocasión y anunció el obsequio, mismo que le salió contraproducente; toro no bonito, primer reserva de Mimiahuapam, pero muy hecho. Maldito, de mala sangre, al que no pudo convencer de que siguiera el trazo de sus avíos pese a los intentos, y al que mató no sin batallar unos minutos.
Los irresistibles anhelos de Diego Silveti (división y pitos) lo llevaron al portón de toriles y de rodillas recibir con una larga cambiada, frunciéndose a la hora del entronque como todos los que intentan esta arriesgada suerte, a su primero. Ya de pie lanceó tremendamente acartonado y tieso como es hoy su modo. En varas se usaron salvajemente las almendras; duro y mal le pegaron a la res y ello mermó la nobleza y la clase que tenía. Bien enterado el coletudo de la situación, se obstinó en hacer una labor de terapista, manteniendo de pie al torillo, meritoria sin duda pero común y corriente de forma, hasta llegar a enfadar a muchos. No sabe matar y luego de pinchar estoqueó horriblemente, dejando el arma demasiado trasera. Cerró la lidia ordinaria un toro de regulares hechuras, escurrido de músculos, culiseco, colicorto, alto pero bravo, noble y con clase distinguida; así embistió al engaño rojo del joven diestro que nomás no detona como torero; y pegó muchos pases por ambos flancos, sin embargo solamente aprovechando el viaje suave y claro del adversario, ganando, entre algunos oles superfluos, el oleaje en coro de ¡toro, toro! Salido de la boca de algunos cultos y conocedores aficionados. Mala suerte que le tocó al burel, es decir, que lo sacara en el sorteo este aspirante y apapachado coleta, que después de experimentar como se le escapaba de una faena cuajada el mejor animal que hasta hoy a la circunvolución de la Monumental ha salido en cuanto a la Feria 2014 sea referido, pinchó para luego atizar una estocada algo atravesada.

Deja un comentario