14 junio, 2021

PLAZA DE LA REAL MAESTRANZA DE CABALLERÍA DE SEVILLA… PEPE MOROS SE HA VUELTO OBSOLETO.

Miércoles 7 de mayo del 2014
Toros: Algunos de Garcigrande (tercero, quinto y sexto), otros de Domingo Hernández (segundo y cuarto), y uno de Jandilla (el que abrió plaza). El que más se dejó fue el segundo de El Cid, un manso noble y alegre. El resto del encierro fue mediocre en todo.

Miércoles 7 de mayo del 2014
Toros: Algunos de Garcigrande (tercero, quinto y sexto), otros de Domingo Hernández (segundo y cuarto), y uno de Jandilla (el que abrió plaza). El que más se dejó fue el segundo de El Cid, un manso noble y alegre. El resto del encierro fue mediocre en todo.

Toreros: Manuel Jesús “El Cid”, silencio y vuelta. Daniel Luque, silencio y silencio. Arturo Saldívar, silencio y silencio.

José de la Loma, cuyo nom de plume fue Don Modesto, dejó para la posteridad al simpático pesimista Pepe Moros, ese personaje quizá ficticio que decía aquello de: “Cuando hay toros no hay toreros, y cuando hay toreros no hay toros.”

Ese aforismo fue un axioma hasta hace poco. Desgraciadamente, en La Maestranza ni hay toreros ni tampoco hay toros con alarmante frecuencia. De esta manera Pepe Moros y su frase célebre pronto no serán más que un nostálgico recuerdo en la mente de los viejos aficionados. El panorama está como para preguntarse lo siguiente: Si no hay toros y tampoco toreros ¿qué diablos hace uno en la plaza? No sé, está comprobado que el aficionado es un ser masoquista por naturaleza.

Ayer El Cid tuvo la oportunidad de lucir en serio con un bicho mansito y colaborador, el cuarto de la tarde. Pero el de Salteras ya no está ni para grandes hazañas ni para nada. Nunca se ajustó, toreó al público, gritó, nunca le puso calidad al asunto, etc. Pero eso sí ¡se dio una vuelta al ruedo por cuenta propia!

Daniel Luque ha dado una cátedra de mal torear. Hizo muy poco excepto pegar medios muletazos y aburrir al respetable. Al muchacho de Gerena pueden aplicársele con acierto los adjetivos zaragatero, trapacero y birlongo.

Arturo Saldívar no demostró ambición ni claridad de ideas. Parecía como si tuviera siete mil contratos en España y no le interesase entregarse cada tarde. Una decepción más proveniente de ese extraño país en el que Morante sí torea a menudo y es abroncado con pasmosa regularidad. ¡Y pensar que uno anduvo por ahí recomendando al paisano, diciendo que le sobraba corazón y que se comía el mundo a puños!

En disculpa de la terna, especialmente de Luque y del mexicano, podríamos decir que el abigarrado encierro no ofreció posibilidades de triunfo porque no hubo un solo toro bravo, pero en realidad eso equivaldría a perdonarle a los coletas su abulia y desinterés. Mas no nos dejemos llevar por el ultra-pesimismo y el catastrofismo de salón, la tarde sí que tuvo dos cosas buenas: duró poco y no hizo demasiado calor.

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