13 junio, 2021

LA “OREJA DE ORO” A LOS ANAQUELES DE JOSÉ MAURICIO

Función de la Asociación de Matadores de Toros, Novillos, Rejoneadores y Similares; eso fue la última que se desparramó en el círculo de la Plaza Monumental de Alberto Bailleres ubicada hace muchos años, casi cuarenta, en la otrora rambla urbana de López Mateos. Y para esta tarde la importante agrupación reunió un encierro más bien de mala presencia, con ejemplares de lástima que jamás, si el juez tuviese vergüenza, hubiera admitido –y no es mal solo de esta corrida, hubo más en estas condiciones-; pero este alto honor que enaltece al humano ético y cabal en todos sus perfiles humanistas, no lo conocen, mucho menos lo tienen. “Albéitares”, jueces, y demás personajes de escasa inteligencia son no más que una especie rara de títeres humanos que obedecen a

Función de la Asociación de Matadores de Toros, Novillos, Rejoneadores y Similares; eso fue la última que se desparramó en el círculo de la Plaza Monumental de Alberto Bailleres ubicada hace muchos años, casi cuarenta, en la otrora rambla urbana de López Mateos. Y para esta tarde la importante agrupación reunió un encierro más bien de mala presencia, con ejemplares de lástima que jamás, si el juez tuviese vergüenza, hubiera admitido –y no es mal solo de esta corrida, hubo más en estas condiciones-; pero este alto honor que enaltece al humano ético y cabal en todos sus perfiles humanistas, no lo conocen, mucho menos lo tienen. “Albéitares”, jueces, y demás personajes de escasa inteligencia son no más que una especie rara de títeres humanos que obedecen a cuanto “hombre” remite órdenes en patios, oficinas, pasillos y corraletas. Por ello es que, engañados a ellos mismos, cuando la gran fiesta mexicana –gran por su historial- quiere o pretende dar un paso en el camino internacional, hace el ridículo; salve de esto a Joselito Adame, diestro que, para desilusión de la organización mafiosa, sofocante e idiota de Aguascalientes, no se hizo en México, menos en la localidad acotada, se forjó en Francia y España.

Ardiente, engallado, dándole mucha importancia a la función, se apersonó Federico Pizarro (al tercio) en el eje del escenario, se hincó y dio el saludo torero y entregado al público y al toro, bestia a la que burló en variada labor, no sin sufrir bárbaro agarrón pero emocionando a aquel. Toro malvado era; atento estuvo a la muleta y a quien la movía; aún ello el fino diestro defeño se portó torero, hizo lo correcto, algo de belleza dibujó y más que cumplir dejó buen antecedente a sus alternantes, más cuando esto fue cerrado de una estocada decente en ejecución y colocación.

Como quien canta hondamente una pieza vernácula, Jerónimo (palmas) hizo la verónica, y en el espacio del quite, bajo la plasticidad tremenda con la que entiende las suertes, grabó en los medios navarras y tafalleras, adornándose con remates muy toreros. Puñaladas potentes tiraba el adversario cuando le incitó teniendo en manos la sarga; en dos tandas, su mala herencia genética, le obligó a clavarse en la arena y al diestro, según su personalidad y condición actual, a cumplir decorosamente y matar de espadazo caído pero mortal.

Horrible y pequeño el tercero; el más mal presentado de cuanta bestia salió al anillo en toda la feria; y en patética contrapartida se movió en el escenario con dinamismo, pese a que una vez rematada la tercera serie de muletazos comenzó a salir con su pobre cabeza encima del palillo. Y sin perder jamás el sentido elegante del toreo, José Mauricio (oreja) aprovechó todo lo que de poco bueno le presentó en una faena sobre ambos flancos, medida, calibrada, de buen pulso, donde esos sus pases tersos, manteniendo el aplomo y dando el último toque al modo de matar recibiendo, quedó bien hecho todo, empezando por halagar su buena exposición capotera, variada y delicada.

Manso sin gracia el cuarto, apenas echado al ruedo barbeó maderas y soltó por las alturas la cabeza haciendo alarde pleno de sólida mansedumbre; sin embargo la labor capotera de Juan Luis Sílis, (al tercio), fue más que decorosa, medida y certera. Tomada la muleta, luego de brindar sentidamente el episodio al compañero y amigo Adiel Bolio, su adecuado planteamiento, fue el mismo: muleta suave, amable, alta, sin toques rudos. Imposible parecía que algún pase le hurtara, pero hubo varios de mérito bien sellado y completados son su estocada aceptable en colocación y su certero descabello.

Arreones brutales presentó el quinto y nadie, de entre los actores, iniciando con el titular de la lidia Mario Aguilar (oreja), tuvo la pericia como para desmenuzarle las malvadas intenciones; pero con la muleta vino una fase poderosa, correosa, bragada, de guerra y en la que doblegó al astado que, mal intencionado, buscó hacer daño en la carne fresca del joven torero, pero el que en su toca búsqueda siempre encontró la muleta inquisitiva que le obligó a ir tras ella en múltiples ocasiones hasta dar modo a una meritoria faena que en desgraciado hecho mal acabó con el acero, instrumento que dejó el diestro bastante atrás en colocación, aunque mortal.

Largas de hinojos, una de ellas en los medios, y verónicas cargando la suerte alumbraron la circunvolución, y esto fue lo que acogió sobre su persona Javier Tapia “El Calita”, (palmas tras dos avisos), al recibir al último de la tarde y de la feria. Toro bravo, sin morrillo, claro y demandante que en la muleta admitió una mejor faena que la que le construyó el joven, quien le pegó algunos buenos pases a este toro al que no pudo descifrar totalmente en distancia y son matándolo de tres cuartos de arma caídos.

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