MADRID, LAS VENTAS, UN ANTROPÓLOGO EN MARTE

Miércoles 14 de mayo del 2014
Toros: Seis de La Palmosilla, feos, débiles y faltos de raza. Fueron devueltos tres. Uno de Torrealta que hizo tercero bis: manso, soso y débil. Uno de Manolo González/Sánchez-Dalp que hizo cuarto bis: espantoso de lámina y peor de comportamiento. Uno de La Rosaleda que hizo quinto bis: débil y soso.

Toreros: Juan José Padilla, mató al segundo de la tarde de pinchazo y tres cuartos: silencio. Al cuarto lo pasaportó de metisaca en los blandos, entera baja y más de 4 golpes de verduguillo: silencio tras aviso.

Manuel Escribano confirmó la alternativa. Al primero de la tarde le dio un pinchazo y luego cobró tres cuartos de estocada: silencio. A su segundo se lo quitó de enfrente con una entera vaciando más de la cuenta: silencio.

Joselito Adame, al tercero del festejo le asestó una buena entera: vuelta al ruedo con petición de oreja. Le pitaron un aviso antes de entrar a matar. Al que cerró plaza le pinchó tres veces y luego se eternizó con la corta: silencio tras dos avisos.

Oliver Sacks es un connotado neurólogo inglés que escribió el famoso artículo titulado “Un Antropólogo en Marte”. El escrito trata sobre cómo se siente una mujer autista cuando tiene que interactuar con personas normales. Ayer durante las tres horas que duró el festejo, no pude menos que pensar que una parte del público y los coletudos deben haberse sentido exactamente igual que ese estudioso del género humano en un planeta poblado por marcianos.

Todo, excepto la disposición de los matadores, fue un despropósito y una vergüenza, empezando por el ganado. El doctor Moreau, el de la isla, aquel científico loco que hacía abominables cruzas de diversas especies animales, nunca imaginó toros así de feos y de absurdos. Imagínese usted unos pitones bizcos y descomunales pegados a cabezas de vaca y cuerpos de cabra, y eso le dará una idea aproximada de la morfología de ciertos bichos que ayer salieron por toriles. Para colmo, no hubo un solo animal con ganas de embestir ni con la fuerza para hacerlo.

Como suele ocurrir en Las Ventas, la mayor parte del respetable dejó estupefacta a una incrédula minoría. Las fuerzas vivas de los tendidos bravos de la monumental de Madrid son, por lo menos para el que esto escribe, impredecibles e incomprensibles. Pitan lo que antes habían vitoreado, cinco minutos después hacen lo contrario, y no callan jamás. Por ejemplo, si un matador se intenta justificar y alarga el trasteo, le chillan, y si de buenas a primeras corta por lo sano: ¡también! Si el picador se tarda en colocar al jamelgo en suerte, le riñen, pero si intenta darle fluidez al tercio de varas hacen lo mismo. Si un torero le brinda a la Infanta Elena, le pitan, pero si el coleta en turno no rinde pleitesía a la única aficionada que queda en la Casa Real, los improperios de la gente no se hacen esperar.

Ayer Joselito Adame, el esforzado diestro mexicano, fue el mejor librado pues logró poner de acuerdo a buena parte del público después de varios momentos brillantes con la muleta en la derecha y una estocada de muy buena factura. Dobló de inmediato el morlaco que hizo tercero bis y surgieron miles de pañuelos exigiendo el trofeo. La autoridad no se dio por aludida y el populacho sacó a Joselito al tercio y le azuzó para que diera la vuelta. Cuando el de Aguascalientes comenzó a darla, algunos de los que antes pedían con fervor la concesión del apéndice le silbaron con denuedo.

Y en el sexto, después de que casi se le va vivo el toro, nadie pareció considerar la posibilidad de pitarle a Joselito por sus lamentables fallas con la corta.

Poco más hay que contar de la confirmación de alternativa de Manuel Escribano. El buen torero de Gerena se fue a porta gayola en el que abrió plaza, veroniqueó con temple, puso banderillas, se arrimó, etc. En suma, que trató de agradar en todo momento, pero la gente ni se enteró y mucho menos se lo agradeció.

Igual o peor suerte corrió Padilla. El Ciclón de Jerez puso todo de su parte para triunfar, como cuando en el cuarto inició el trasteo muleteril de rodillas en los medios, pero los enterados prefirieron comentar impunemente acerca de no sé qué maldición futbolística relativa al Benéfica de Lisboa. En fin, que fue una tarde de penitencia. Justo castigo por haber visto ayer a Iván Fandiño protagonizar una hazaña memorable (la de matar a cuerpo limpio) y salir por la puerta grande.

Deja un comentario