JOSÉ LUIS QUESADA MORÁN NOS CUENTA…

TOMÁS EL DE GALAPAGAR, FERNANDO EL DE MORELIA
Juriquilla, la tarde que soñó Fernando Ochoa para plegar capotes y muletas. Tampoco soñaba José Tomás para estar otra vez en el ruedo, en ese regreso tan esperado, acompañar y despedir con un cálido abrazo a su amigo y compañero. Fue emotiva y triunfal la ida del tarasco, ¿o es ya hidrocálido? Lo que si se es que su despedida fue como de las grandes figuras; en esa placita tan hermosa y tan torera, en un mano a mano con la única figura de mito que existe en el toreo mundial; Tomás el de Galapagar.

Meses antes, cuando empezó el rumor de que regresaría José Tomás a torear, y que sería en la plaza de toros “Juriquilla” para despedir a su compadre Ochoa. El corro taurino, el internet y los diarios se encargaron de hacer del evento ¡Expectación mundial! La rebatinga de billetes para estar en la corrida fue de locura. Poco cupo en la plaza y muchas veces mayor la demanda de entradas y el hartazgo en la reventa, pidiendo veinte y hasta treinta veces el costo de una entrada; y veíamos la enorme sonrisa de satisfacción del que tenía asegurada su entrada, y el lloriqueo lastimero del que se quedaría fuera. Yo, gracias a la generosidad de mis amigos del Centro Taurino de León, y especialmente de su presidente Manolo Rubio Córdova, muchitos días antes de la corrida tenía calientito en mi cartera tan valioso boleto.

Enorme tarde de despedida de Fernando Ochoa, dos faenas con aquel arte al que nos tiene acostumbrados; a toros de Fernando de la Mora y Los Encinos. Un sexto manso con el que se cortaría la coleta. Empeñoso y valiente el larguirucho torero, queriendo irse a su casa de Aguascalientes con las orejas del último que lidiaría, pero el bicho era un penco intoreable; dobla el marrajo y triste se fue el güerito a la barrera; pero Tomás, su amigo le señaló con el índice arriba el regalo de un toro, para que el torero se fuera a los medios corriendo gustoso para hacer el anuncio.

Salió un torito de don Fernando de la Mora, novillito que le protestamos todos, pero lueguito Fernando meció la brisa de su capote con tal lentitud que parecía no acabaría nunca la Verónica, y así cinco veces, y se nos olvidó lo chico del toro con el enorme arte de Ochoa. ¡Parezco revistero antiguo, escribiendo de la parsimonia de su toreo, como la del gran Gaona; últimas verónicas de su trajinar por esas plazas de Dios, último quite a ese toro dulce: de turrón de almendra. La faena igual, en el colmo del arte: el colmo de su triste felicidad. Tristeza en la ida, felicidad en cómo se iba, con el público de pie. Venga la estocada, vengan las orejas, y venga el abrazo de su amigo José Tomás, apretado y largo, como los pases de su muleta torera. Y yo, y los demás, arriba, apretándolo de palmas con manos adoloridas de tanto batirlas. ¡Adiós torero!

Pensé una larga crónica de José Tomás y su quehacer único, moderno, inimitable, pero solo pude escribir estas líneas. ¡No necesita más!

TOMÁS EL DE GALAPAGAR
Hoy vi torear a “Lagartijo, a “Frascuelo” y al Guerra. A Fuentes, a “Bombita” y a Gaona, “El Gallo” y Belmonte. A Fermín, “Gitanillo”, Domingo, Garza y Silverio. Vi lidiar a “Manolete”, Arruza, “Calesero” y Juan Silveti. Al “Capeto” y Huerta. Y eran en el ruedo Manolo, Curro y Eloy, y muleteaban Camino, Miguel y David. Porque… ¡Hoy vi torear a José Tomás en Juriquilla! El día de la Santa Cruz de 2014.

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