12 junio, 2021

LOS PUYAZOS DE SERGIO.

Mientras que un idiota, cuya modesta mente no la tiene bajo uso propio, sino en las manos de empresas y en general del sistema viciado de la fiesta local de Aguascalientes y otras entidades, etiquetaba al aire la actuación de Juan Luis Sílis en el marco de la “Oreja de Oro” como de displicente, se venía en el transcurrir de la vida torera del planeta, un par de comparecencias internacionales de Joselito Adame. Específicamente en el coso más importante del Atlas, el Monumental de Madrid

Mientras que un idiota, cuya modesta mente no la tiene bajo uso propio, sino en las manos de empresas y en general del sistema viciado de la fiesta local de Aguascalientes y otras entidades, etiquetaba al aire la actuación de Juan Luis Sílis en el marco de la “Oreja de Oro” como de displicente, se venía en el transcurrir de la vida torera del planeta, un par de comparecencias internacionales de Joselito Adame. Específicamente en el coso más importante del Atlas, el Monumental de Madrid, pese a que lo que ahí ocurre haya sido, en un desafortunado momento, enjuiciado de “aburrido”, por este miso dañosos personaje que en barbarismo decodificado empuña micrófono taurino; y con semejante enunciado haya ofendido al intelecto de los aficionados que “no se explican” entonces como este edificio taurómaco se llene una tarde sí, y las que siguen también. O como, otro hablador taurino que por accidente aparece en cadena televisiva nacional, haya tenido la irreflexiva temeridad de insinuar que la clientela acude a Las Ventas porque se vende el “abono”.

¿Quién ha escrito, dicho o lanzado al aire que Joselito Adame es el nuevo “redentor de la fiesta azteca”? Algún vulgar tecleador así lo mal entendió y con la rapidez de su misma estupidez ha “destruido” un argumento que nadie, por lo menos en medios de comunicación masiva, ha construido.

Figura o no –estímese en su contexto-, Adame, con apenas diez años de rajarse el alma en la estrecha, dura y agresiva fiesta brava ibérica, es hoy el diestro más importante de América. Una vez que devastó la Feria Nacional de San Marcos, en la que no apareció otro joven con un símil que manifestara proyecto internacional, menos preparación como para acompañarle en tan severo camino que se ha propuesto, se fue a la plaza más bonita del mundo –esto según la voz de la gente taurina que por tradición así la llaman- para en dos celajes esperanzadores cortar una oreja, premio que empuñó ante la mirada del público y de Ponce y Castella, que ya fue cornado la semana pasada y que quizás comprendió que no es lo mismo los Teofilitos de México que las reses de Europa, como tampoco es igual el burlarse de la ingenua clientela mexicana que dar satisfacciones a un cotarro que bien sabe lo que paga y porque lo paga.

Y no es la primera oreja en el albero dorado que a su cuenta agrega el joven mexicano, ya en fecha anterior cortó una oreja a un toro del Conde de la Corte, de esos que, aún con cierta dinámica en el escenario, demandaba que mucho le torearan.

Las cuentas finales para el paisano, además del visto bueno de la exigente comunidad taurina internacional, fue un horizonte más despejado y el gallardete a “mejor estocada” de la feria sevillana del mes de abril, dentro del círculo “Trofeos Puerta del Príncipe” que organiza una casa titulada “El Corte Inglés”.

Y se entroncó el plazo en espacio, tiempo y lugar. Fue Adame, contratado con excelente y correcta anticipación, a dar la cara por sexta vez en su vida de coleta titulado en esta finca que fuera está, las más de las veces, de norma. Toda su tauromaquia de hoy, y lo que apunta para el mañana, quedó explicada en el primer toro de su lote, un animal que sería indeseable para muchos, con la envergadura exigida en la capital española, bien armado, rotundo en su aspecto y con casi seis hierbas. No malo fue en lidia, pero apenas tuvo fuerza y genética para dar pocas tandas; luego buscó el patrocinio de las altas maderas y hasta ahí fue el azteca, ardiéndole el alma de torería, para pegarse un arrimón, de esos enchamucados que solo los pueden hacer aquellos que están hambrientos de triunfo y justicia, aunque esta no haya llegado por la vía oficial, pues Justo fue lo más injusto al no sacar un pañuelito albo con ese desgano con que lo hacen los pedantes “presidentes” cuando el de seda y oro había hecho derrumbar toda la mole de su adversario por una estocada más que decente y por su puesto letal. La negación de un vulgar ratero primero, la insistencia del premio hecha pañuelos luego, una salida al tercio y una vuelta en paralelo a la barrera después.

Como “premio de consolación” por hurto impune del señor presidente, la empresa que administra este coso de miedo, le contrató para el viernes 16 del corriente; y pese a que el ganado impidió, como casi siempre, un triunfo de esos de apoteosis, el de Aguascalientes, otrora niño torero, hoy matador sólido y diáfana realidad, dejó su cartel incólume en la capital de la Madre Patria.

Ahí está un Joselito que tendrá que guerrear no solo con una historia de cuarenta y dos años de negarse la Puerta Grande a un azteca ahí en el barrio de Las Ventas, sino con la promesa que se hicieron los “venteños” de que ningún otro extranjero se adueñaría de la dinámica taurómaca, como cuando aquello del egregio colombiano César Rincón…

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