27 octubre, 2021

VIVENCIAS: PICANDO EN LAS VENTAS EN EL FESTIVAL HOMENAJE AL LEGENDARIO MAESTRO NICANOR VILLALTA.

1ª PARTE.

En el verano del 2007 asistí en las afueras de Filadelfia, Estados Unidos, a una reunión de la Asociación de Bibliófilos Taurinos de América, un acto en el cual los bibliófilos nos reunimos de cuando en cuando para confraternizar y tratar asuntos de nuestra asociación. Allí uno de los socios me sorprendió regalándome el cartel que anunciaba un festival taurino para el jueves, 27 de septiembre del 1956 en la Plaza de Toros de las Ventas de Madrid, en el cual mi nombre aparecía entre los participantes.

El cartel no era un cartel cualquiera, ya que tenía cierta relevancia histórica y para mí un sentimiento emotivo. El programa anunciaba un festival en honor del legendario matador de toros, ya entonces retirado, Nicanor Villal

1ª PARTE.

En el verano del 2007 asistí en las afueras de Filadelfia, Estados Unidos, a una reunión de la Asociación de Bibliófilos Taurinos de América, un acto en el cual los bibliófilos nos reunimos de cuando en cuando para confraternizar y tratar asuntos de nuestra asociación. Allí uno de los socios me sorprendió regalándome el cartel que anunciaba un festival taurino para el jueves, 27 de septiembre del 1956 en la Plaza de Toros de las Ventas de Madrid, en el cual mi nombre aparecía entre los participantes.

El cartel no era un cartel cualquiera, ya que tenía cierta relevancia histórica y para mí un sentimiento emotivo. El programa anunciaba un festival en honor del legendario matador de toros, ya entonces retirado, Nicanor Villalta, en el cual participaban, formando parte de las cuadrillas y en otras actividades, varias decenas de toreros retirados y activos, pertenecientes a varias generaciones.

Por consiguiente, no me había olvidado de dicho festival y recordaba muy bien cual había sido mi papel. Pues como podía haberme olvidado del hecho de que por única vez en mi vida profesional había actuado, no como novillero o matador, sino como picador en el ruedo de la primera plaza del mundo, y lo había hecho picando el novillo lidiado por el excelente maestro madrileño Manolo Escudero. Tampoco podría haber olvidado que había sido fuertemente aplaudido al colocar un puyazo en todo lo alto. Aun menos me hubiera sido posible olvidar que esa tarde había hecho el paseíllo junto a varios espadas retirados, a los que conocía y admiraba por leer u oír de sus grandiosas hazañas en los ruedos antes de mis años en activo. Nunca, ni en mis sueños, podría haber pensado entonces que algún día estaría con ellos en el ruedo.

En cambio, con el tiempo, no recordaba en la totalidad a todos los toreros que se nombraban en el cartel y ahora, teniendo en frente de mí dicho cartel, y usándolo como referencia, voy a refrescar mi memoria compartiendo con los que me leéis los nombres de todos aquellos toreros que participaron en el festival desarrollando un papel más o menos importante. Comprendo que algunos párrafos de esta vivencia no van a ser otra cosa que listas de nombres de toreros. No obstante, creo que vale la pena recordar esos nombres, pues en pocas ocasiones tantos nombres de toreros han aparecido juntos en un cartel de un festejo dado en honor y beneficio de una vieja gloria del toreo. Lo que en sí habla del cariño y el respeto que le teníamos al maestro aragonés Nicanor Villalta. Pero antes de continuar anotando esos datos, echaré mano del COSSIO para incluir aquí una pequeña semblanza de esta gran figura del toreo.

Nicanor Villalta y Serris nació en Cretas (Teruel) el 20 de noviembre de 1897. Cuando tenía ocho años sus padres emigraron a México y allá pasó su juventud y comenzó sus aventuras taurinas, vistiendo por primera vez de traje de luces en Querétaro, Querétaro, el 22 de junio de 1918. Al año siguiente volvió a España, en donde continuó toreando de novillero sin grandes éxitos hasta que, al triunfar en su debut en Madrid el 22 de abril de 1922, su carrera cambio para bien. Varios sucesos consecutivos lo llevaron a tomar la alternativa el 6 de agosto en San Sebastián, actuando de padrino Luis Freg y completando el cartel en una corrida de ocho toros los hermanos Marcial y Pablo Lalanda. Al diestro aragonés no le tomó mucho tiempo el convertirse en una figura importante de esos tiempos, a lo que contribuyó sus repetidos triunfos en Madrid, en donde siempre contó con muchos partidarios.

En la temporada 1923 actuó en 41 corridas y al año siguiente en 39; en 1925 y 1926 toreó 55 festejos, en este último año tuvo una tarde triunfal en Madrid el 6 de junio cortando cuatro orejas. Baja algo de cartel en la temporada de 1927 en la cual, debido también a una seria lesión, actuó solamente en 26 festejos. Vuelve a la actualidad en 1928 toreando 52 corridas de toros y 40 en el 1929. Sigue toreando en plan de figura en una cantidad considerable de festejos hasta el 1931 cuando su estrella paulatinamente comienza a eclipsarse, toreando solamente 18 festejos en 1934 y uno menos en 1935, decidiendo ese mismo año retirarse definitivamente de la vida activa en los ruedos. Hay que anotar que durante su carrera actuó durante varios inviernos en Hispanoamérica siendo su última excursión por esas tierras en el año 1933 en Venezuela. Se concluye en el COSSIO que:

…ha sido Villalta un torero sobrio y seco como todos los de su tierra. Su figura excesivamente alta no le favorecía para lograr adornos ni ensayar filigranas, y las pocas veces que lo intentara, pisó los linderos de lo ridículo. El punto fuerte de su toreo era el trasteo de la muleta. Especialmente en el pase natural con la derecha logró una personalidad, no de toreo clásico ni de buen sabor, pero si de bizarría y valor…Su mayor mérito, que no se reconoció hasta los últimos años de su actuación fue el de estoqueador seguro. Se perfilaba sobre corto, favoreciéndole su elevada estatura, para volcarse como una tromba sobre el toro, y consumar la verdadera suerte del volapié. Tal como en sus tratados la describen José Delgado o Francisco Montes.

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