2ª PARTE… PARA SÁNCHEZ MEJÍAS, GAONA HA SIDO EL MEJOR TORERO DE MÉXICO.

Amanecía el domingo cuando era internado Ignacio en la clínica situada al término de la calle de Goya.
Ya lo esperaba ahí el doctor Segovia, acompañado de sus ayudantes.
El reconocimiento fué minucioso y la curación hecha con verdadera escrupulosidad.
-¿Que tal? ¿Cómo lo encuentra?
-El caso me parece perdido. Si no ha venido ya, no tardará en presentarse la gangrena gaseosa…
-¿Es posible, doctor?
-Es posible y sensible.
El estado de Sánchez Mejías fué agravándose paulatinamente.
El famoso diestro, que sabíase moribundo, se desesperaba.
Púsoso furioso cuando entraron en su alcoba Dominguín y Ortega.
-¡Fuera! ¡Fuera de aquí! ¡Por vosotros me muero! ¡Sois los culpables de todo!
Cuando ambos Domingos salieron, entró en calma relativa el paciente.
Junto a él permanecían su hermano Aurelio, Eduardo Solórzano y Pepe Gallardo.
En esas llegó el padre de los “Bienvenida”.
-¿Qué tal el muchacho?… –le preguntó Sánchez Mejías-. Dile al mío, a Ignacio, que si se decide a ser torero, tenga siquiera la mitad del valor que he tenido yo.
-Sí, cálmate… te vas a aliviar…
-¡No! Bien sé yo lo que me pasa. Todo por culpa de esos dos que me vinieron a visitar.
La estancia olía cada vez peor. El enfermo daba muestras de una agitación febril.
A la media noche se presentó la agonía.
Agonía larga, angustiosa, terrible.
Ignacio sufría horriblemente.
La muerte, en este caso fué una liberación.
Cuando llegaron de Sevilla la esposa del diestro, su hijo, la “tan bonita” Pirujita y otros varios allegados, hallároslo ya tranquilo.
¡Con la tranquilidad de la muerte!

¡Que gentío!
Desde el Sanatorio hasta la estación, por toda la calle de Alcalá, multitud de aficionados pugnaban por ver pasar el féretro.
Todos los toreros residentes en Madrid formaban parte del cortejo.
La despedida al tren fué lastimosa.
Lloraban hombres y mujeres.
Sevilla entera esperaba el cadáver.
En un furgón iban las coronas, que de tantas que eran, apenas si cabían.
La más grande tenía un nombre: IGNACIO. La había mandado “La Argentinita”.
Sánchez Mejías reposa en el cementerio sevillano, en la fosa contigua a la de Joselito.
¿Y Pirujita?
Pirujita guarda como oro en paño la fotografía que le dedicó su padre.
“Tu tristeza atravesada por mi espada”.
¡Qué ironía!

Así da por terminado Alfonso de Icaza éste escrito sobre los últimos momentos del torero sevillano que hasta nuestros días se le sigue recordando…

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