19 junio, 2021

LAS SABROSAS AÑEJAS TERTULIAS EN AGUASCALIENTES… ¡¡¡Y ERAN BANQUETERAS!!!

QUIENES YA tenemos cierta edad no vamos a olvidar esas largas y sabrosas horas que pasábamos platicando de toros en la esquina sur-oriente, en las calles de Morelos y Allende, del desaparecido Parian, lugar donde Julián Rodríguez aseaba el calzado en la llamada “Boleria Calesero”. Lugar de reunión de toreros en donde no era nada raro encontrar a don Fermín Espinosa Saucedo “Armilla Chico”, y también a quien en su honor se había bautizado el sitio, a don Alfonso Ramírez, “El Calesero”, y a su hermano “Chito”, empresario por aquellos años del coso San Marcos. Matadores de toros, subalternos, novilleros, maletillas y una gran cantidad de aficionados que tomábamos la esquina cómo punto de reunión por las tardes. Cómo olvidar esos tiempos a principio de los

QUIENES YA tenemos cierta edad no vamos a olvidar esas largas y sabrosas horas que pasábamos platicando de toros en la esquina sur-oriente, en las calles de Morelos y Allende, del desaparecido Parian, lugar donde Julián Rodríguez aseaba el calzado en la llamada “Boleria Calesero”. Lugar de reunión de toreros en donde no era nada raro encontrar a don Fermín Espinosa Saucedo “Armilla Chico”, y también a quien en su honor se había bautizado el sitio, a don Alfonso Ramírez, “El Calesero”, y a su hermano “Chito”, empresario por aquellos años del coso San Marcos. Matadores de toros, subalternos, novilleros, maletillas y una gran cantidad de aficionados que tomábamos la esquina cómo punto de reunión por las tardes. Cómo olvidar esos tiempos a principio de los años sesenta del siglo pasado.

POR LO general la costumbre era de ir a entrenar por la mañana en el ruedo de la plaza San Marcos, de ahí a casa a comer ya que en el mismo coso nos bañábamos, y tarde se nos hacia para encaminarnos al lugar referido, ahí o con Domingo, otro viejo aseador de calzado instalado en la plaza principal, la Plaza de Armas, a la entrada frontal del antiguo Hotel Francia.

LAS HORAS eran lo de menos, el reloj no existía cuando escuchábamos las andanzas de los viejos toreros que ahí eran simples humanos, oíamos sus correrías, sus anécdotas y muchas veces, porque no decirlo, las convertíamos en fantasías propias, las deseábamos vivir. Los envidiábamos.

LA BOLERIA era para aquellos que llegaban de otros estados el primer lugar a donde tenían que dirigirse, obligada parada para “orientarse”, para darse a conocer, y sobre todo para solicitar datos de donde existiría la probabilidad de pasar algunos días sin tener que gastar lo que no llevaban… ¡¡¡Dinero!!!

Y CLARO que existían, lo había, uno de ellos, el más socorrido, era donde es hoy la oficina del gerente de Espectáculos Taurinos de México, Ricardo Sánchez, en la plaza San Marcos, ahí estaban dos amplias bodegas a las que les llamaban “cocheras”, lugar que sin ser suite de ninguna estrella, acogía y caían los visitantes cómo en su oportunidad lo hicieron, gracias al permiso que les concedía don Jesús Alonso, el guarda plaza… Germinal Ureña, Fernando Méndez alias “Magañitas”, Gabino Marín, Fernando Gómez, Raúl Márquez, Raúl Rocha “El Greñas”, Rafael Vega “El Teziutlán”, Neto Legorreta, Raúl Castro “El Chico”, Héctor Briones, Pedro Villalpando, Manuel García “El Rojo”, Juan Silvao y muchos más, inclusive su servidor, Roberto Gómez “El Loco”, y Armando Mora llegamos a pasar largas temporadas en ese espacio donde “las camas”, concretamente los colchones, se formaban de gruesas capas de cartón y de destartalados restos de lo que alguna ocasión fueron petos para caballos de pica. Las sabanas y las cobijas eran los capotes y las muletas.

PECADO MORTAL sería omitir a Juanita Acosta, la santa mujer que daba de comer diariamente a los maletillas sin distingo alguno. No olvidamos que gracias a ella, y a toda su familia, la Navidad y el Año Nuevo no se les hacia pesado a los forasteros por estar arropados por esta mujer con aureola de santa.

Y VOLVIENDO a las bolerias… Alejandro Fullon, novillero local con amplio porvenir taurino, retornaba del lejano Ciudad Juárez, Chihuahua, donde días antes había actuado como sobresaliente, normal que al llegar a esta ciudad lo primero que hizo, desde luego, fue pasar a la mencionada esquina y todo para encontrarse con el inevitable destino. Ahí le fue informado que en el rastro local estaban por sacrificar un astado de casta.

DEJÓ SUS pertenencias del diario y solo se le vio partir con capote y muleta, su desmedida afición le encaminaba a su ineludible cita con la muerte ya que en el empedrado patio, anterior al cajón de la puntilla, un seco y fuerte derrote del astado le partió la yugular, tan rápido como manaba el vital rojo liquido la vida se le iba… ¡Y se le fué!

EN ESA esquina de Morelos y Allende afortunadamente solo eso fue lo involuntariamente negativo, por lo demás era el lugar que discretamente, si así se le puede llamar a ciertos “secretos”, nos enterábamos donde habría tentaderos, tentaderos a donde los desconocidos tenían cabida ya que no se puede esconder el elitismo de muchos ganaderos que cerraban sus puertas a los principiantes. Quien tenía un oasis para los maletillas era don Celestino Rangel “El Tato”, un buen hombre que a todos trataba por igual y nadie salía de su finca sin torear… y sin comer.

ESPACIO NOS falta para compartir tanto buen recuerdo, para mencionar a los amigos de antaño, a los mismos que afortunadamente muchos de ellos aun conservamos aunque ya regados por otros lares buscando el bienestar familiar, ya tendremos ocasión para escribir de ellos, nunca vamos a olvidarlos y próximamente rememoraremos a otra buena mujer como lo fue Malenita, la hermana de don Jesús, el guarda plaza ya mencionado, la misma que con lo que tiraban de comida los vecinos de la plaza engordaba marranitos en los corrales del coso y, posteriormente, “ayudábamos a robarlos” para completar el gastado adelanto enviado a su consanguíneo por alguna empresa que contrataba a la Cuadrilla de Niños Toreros de Aguascalientes… Nos Vemos.

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