27 octubre, 2021

HISTORIA FATÍDICA DE LOS ENCIERROS EN PAMPLONA… 1ª PARTE.

Estas son las fechas en las que el peligroso encierro de Iruñea/Pamplona ha escrito su historia trágica. Luis del Campo “Historia trágica del encierro de Pamplona”.

10 julio de 2009
Daniel Jimeno Romero
27 años, Alcalá de Henares, Madrid.
Alcanzado en la zona de la clavícula izquierda en el tramo de Telefónica.
Astado de Jandilla de nombre “Capuchino”.

Estas son las fechas en las que el peligroso encierro de Iruñea/Pamplona ha escrito su historia trágica. Luis del Campo “Historia trágica del encierro de Pamplona”.

10 julio de 2009
Daniel Jimeno Romero
27 años, Alcalá de Henares, Madrid.
Alcanzado en la zona de la clavícula izquierda en el tramo de Telefónica.
Astado de Jandilla de nombre “Capuchino”.

Desde el principio “Capuchino” se fijaba en los corredores y no seguía la trazada de sus hermanos ni de los cabestros. Por ello, nada más entrar en la plaza del ayuntamiento no realizó el giro a la izquierda y se llevó por delante a varios corredores. Quedó rezagado, empitó a otro corredor en Mercaderes y realizó sólo todo el recorrido. Como último toro repartió muchos sustos y de nuevo en Telefónica no siguió la trazada y embistió a un grupo de corredores que se situaban en la parte derecha del vallado. Daniel Jimeno estaba en el suelo e intentaba retirarse de una caída. “Capuchino” embistió al grupo y le alcanzó en la zona de la clavícula izquierda de arriba hacia abajo. La herida intraclavicular le seccionó la vena cava y le hizo perder mucha sangre. Fue trasladado al Hospital de Navarra ya en parada cardiaca, allí se le intentó reanimar pero sus heridas eran incompatibles con la vida. 08 de julio de 2003
Fermín ETXEBERRIA IRAÑETA
(63 años, Pamplona). Fallecido el 24 de septiembre de 2003
Alcanzado en el tramo de Mercaderes
Astado de la ganadería de Cebada Gago: “Castillero”.

El veterano corredor, habitual del encierro desde los 14 años, sufrió el violento envite de un astado de la ganadería de Cebada Gago en el tramo de Mercaderes, lo que le produjo un fuerte traumatismo craneoencefálico. Trasladado con urgencia a un centro hospitalario, tres días después hubo de ser intervenido al sufrir hipertensión arterial. Desde ese momento quedó ingresado en la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital de Navarra, donde permaneció en coma y con ventilación mecánica hasta finales de septiembre. El 24 de septiembre fallecía en la Clínica San Juan de Dios de Pamplona después de permanecer dos meses y medio en el hospital.

13 de julio de 1995
Matthew Peter TASIO
(22 años, Illinois, USA)
Alcanzado en la Plaza del Ayuntamiento
Astado de Torrestrella: “Castellano”.

“Era la primera vez que Matthew Peter Tasio, un joven de 22 años vecino del estado norteamericano de Illinois, visitaba Pamplona y corría en el encierro. Había venido con un amigo a conocer los sanfermines y después de pasar la noche con un grupo de norteamericanos que habían conocido, se disponía a correr el encierro antes de marcharse”.

Aquel 13 de julio el recorrido del encierro se encontraba repleto de corredores. A las ocho de la mañana la manada salió como de costumbre de los corrales de Santo Domingo y se adentró en el recorrido del encierro a gran velocidad, creando momentos de gran tensión y varios conatos de montones en los primeros metros. Uno de los astados, de nombre “Castellano”, avanzaba en primer lugar y mientras tanto, unos metros más arriba, a la entrada de la plaza del Ayuntamiento, el joven Peter Tasio tropezaba con la acera del Ayuntamiento e intentaba ponerse de pie como podía.

Después de recobrar mínimamente el equilibrio Peter Tasio cayó de nuevo al suelo al encontrarse con otro corredor que intentaba llegar al vallado. Fue entonces, al intentar levantarse de nuevo, cuando de pronto el joven se vio arrollado por ese primer toro de 575 kg., que le empitonó en el abdomen y le provocó una rotura de la vena aorta; que resultó ser mortal. Tras ser corneado el joven quedó sentado en el suelo a pocos metros de la manada, intentando apartarse del recorrido para evitar ser aplastado. Sacando fuerzas de flaqueza consiguió levantarse y se acercó hasta el vallado, donde había un puesto de la Cruz Roja, que se encargó de atenderle y trasladarle al hospital con la mayor rapidez posible.

La herida le produjo una anemia aguda y le ocasionó la pérdida del 90% de la sangre antes, incluso, de llegar al Hospital de Navarra. El traslado fue muy rápido, el equipo de la Cruz Roja tardó tan sólo 8 minutos en llegar al centro hospitalario, pero para entonces Matthew Peter Tasio estaba inconsciente y su estado era muy grave. A pesar de los intentos de reanimación de los médicos que le atendieron, falleció a los pocos minutos.

13 de julio de 1980
Vicente RISCO
(29 años, Badajoz)
Alcanzado en la Plaza de Toros.
Astado de Guardiola Fantoni: “Antioquia”…

13 de julio de 1980
José Antonio SÁNCHEZ NAVASCUÉS
(26 años, Cintruénigo, Navarra)
Alcanzado en la Plaza del Ayuntamiento
Astado de Guardiola Fantoni: “Antioquia”

“Uno de los encierros más largos de la historia de los Sanfermines, con una duración de 10 minutos y 55 segundos, se cobró la vida de dos jóvenes que fueron corneados por un mismo toro llamado “Antioquia” en la plaza del Ayuntamiento y en la plaza de toros respectivamente. 33 años antes otro toro de nombre “Semillero” corneó de muerte a otros dos corredores (10 de julio de 1947)”.

La mañana del 13 de julio de 1980 el trayecto del encierro estaba lleno de corredores y los toros apenas tenían sitio para poder pasar entre los mozos. Pocos segundos después de prender la mecha del cohete de los corralillos de Santo Domingo, los astados se dirigieron calle arriba y al final de la cuesta, a la altura de donde estaban entonces los baños públicos, un toro resbaló y quedó descolgado de la manada hasta el final del encierro. A la entrada de la Plaza Consistorial, junto a Casa Seminario, este toro rezagado golpeó a un mozo y empitonó a José Antonio Sánchez, arrastrándolo unos cuantos metros, hasta la calle Mercaderes.

Según declaró entonces un amigo del corredor, cuando vio que el toro caía al suelo y se dirigía hacia la derecha le gritó a José Antonio para alertarlo, pero pocos segundos más tarde pudo ver como su amigo era embestido y arrastrado varios metros. En el servicio de Urgencias del Hospital de Navarra tuvieron que hacerle una transfusión de 15 litros de sangre, pero a las 10:30 de la mañana el corazón de José Antonio se paró.

Ya en la calle Estafeta la manada iba desligada y a la entrada de la plaza de toros, dentro del callejón, un toro arrebató el jersey a un corredor y entró en la plaza con la prenda colgada del asta provocando más de un susto a los jóvenes que corrían alrededor. Después de cornear a José Antonio Sánchez, “Antioquia” había recorrido el trayecto del encierro en solitario y a la entrada de la plaza se dirigió hacia la derecha y alcanzó a Vicente Risco, manteniéndolo colgado en el asta derecha durante unos segundos.

Tras soltarlo el joven quedó de rodillas palpándose la parte izquierda del abdomen, donde había recibido la cornada. La gente estaba histérica en el ruedo y unos corredores trataron de levantar a Vicente, pero el toro arremetió otra vez contra él zarandeándole repetidas veces. Volvió a soltarlo y a golpearle de nuevo hasta herirlo de muerte.

Los médicos de la enfermería de la plaza no pudieron hacer nada por salvarle.

El último toro de la manada, que entró segundos más tarde, siguió creando momentos de pánico general al quedarse durante 7’30” largos dando vueltas alrededor de la plaza, haciendo caso omiso a los pastores y a algunos mozos que intentaron hacerle entrar en el corral. Después de varios tentativas el animal entró en el toril y se dio por terminado uno de los encierros más trágicos de la historia de los Sanfermines.

08 de julio de 1977
José Joaquín ESPARZA SARASIBAR
(17 años, Txantrea, Pamplona)
Alcanzado en el callejón por el pisotón de un cabestro que le rompe una costilla y ésta le secciona la vena cava provocándole la muerte.
Astado de Eduardo Miura: “Silletero”.

“…a nivel de Espoz y Mina parece oírse gritos de angustia procedentes del circo taurino, que se harán nítidos para quienes van cerca de las astas en la recta final, enfilando la entrada al coso, después de la Telefónica. El griterío, matizado por el terror, proviene de los espectadores de la plaza de toros. Han captado la formación en el callejón de, tapón más que montón, auténtico valladar humano en el mismo borde del ruedo. Lo han originado esas gentes alocadas, que parecen no tener agallas para correr a la vera de los bóvidos, viéndolos y sintiéndolos, esos grupos que, en ocasiones, hasta sin comenzar el encierro irrumpen en avalancha hollando la rubia arena del anillo.

La manada se topa con alta muralla de mozos y las fieras, como rehuyendo asustadas el herir, levantan sus poderosas cabezas, patean a los caídos en un intento de continuar el camino, de remontar el conglomerado humano. El barullo resulta indescriptible, el griterío ensordecedor y la emoción alucinante.

Los toros se revuelcan excitados y furiosos, uno, “Silletero” que ostenta en sus costillares el número 12 marcado a fuego cuando era becerro, quizá guiado por la mayor luz del lado de Telefónica, retorna sobre su anterior recorrido. Se oyen voces teñidas de angustia pidiendo se cierre la puerta de acceso al coso y reina la incertidumbre; quienes consideran no deben volverse más toros sobre sus pasos siendo necesario evitar el incremento humano con nuevos corredores rezagados junto con los mansos de reserva, frente a los que piensan no deben permanecer en el estrecho recinto del callejón, revueltos sin salida, hombres y fieras. Hasta tres veces el sólido portalón, se abrió y cerró, pasando sucesivamente a los vallados, fuera del coso, otros dos miureños y varios cabestros”.

“Transcurrieron seis escasos minutos, que parecieron siglos, desde que la manada topó con el tapón humano hasta que se oyeron los dos sonoros chupinazos propaladores del encerrar de los cornúpetas en los corrales. El balance se tradujo en uno de los más trágicos y sangrientos en la historia del tradicional espectáculo, no obstante en el devenir del tiempo los heridos curaron sin secuelas, salvo el joven José Joaquín Esparza, de 17 años, que quedó inerme en el callejón”.

09 de julio de 1975
Gregorio GORRIZ SARASA.
(41 años, Arazuri, Navarra)
Alcanzado en el callejón
Astado de Fco. Javier Osborne (Jerez de la Frontera, Cadiz): “Navarrico”

Testimonio directo de Frank Taylor (Guiri del año) de cuando se vio implicado en este instante del encierro.
“Los toros derrotaban demasiado y en la Plaza del Ayuntamiento, además del colorado distanciado, los esfuerzos de los pastores no consiguieron que los mansos arroparan a las fieras, mientras en Mercaderes, estúpidamente, tropezaron unos mozos con otros y se formó un montón. Se resolvió sin consecuencias, pero indudablemente contribuyó al deshermanarse de los bóvidos. A su llegada a Estafeta, el encierro ya había tomado un mal cariz”.

Hacia mitad de la calle, dos toros rezagados parecían no tener prisa por seguir a sus congéneres y se dedicaban a limpiar las aceras de mozos en ella tendidos. No faltaron las cornadas. En el callejón, a la entrada del ruedo, se había formado un montón y lejos de deshacerse, cuando todavía era tiempo, se fue convirtiendo en auténtico tapón. Los adelantados cabestros, quizá acostumbrados a situaciones similares, comenzaron a pasar por encima, mediante saltos, pisoteos y aplastamientos de la masa humana, hasta lograr alcanzar el redondel.

Los toros rezagados, al encontrarse ante aquel obstáculo, optaron por volverse y en el tramo de Telefónica repartieron leña sin consideración. Se consigue que los toros enfilen hacia la plaza. Los toros pugnaban por entrar por el lado derecho, donde se encontraba el grueso del montón de muchachos. Un toro se encontraba suelto, arrimado a la pared. Entonces dio media vuelta y se dirigió hacia la pared izquierda. Allí se encontraba Gregorio Gorriz y lo corneó.

12 de julio de 1974
Juan Ignacio ERASO MARTIARTU
(18 años, Txantrea, Pamplona)
Alcanzado entre Telafónica y el callejón
Astado de Herederos de Don Manuel Arranz (Salamanca): “Palmello”. “El joven Juan Ignacio Eraso había corrido desde finales de Estafeta, aproximadamente a partir del Bar Fitero, precediendo a los dos toros rezagados, quizás sin apercibirse de que además de estos dos astados venía otro más retrasado. Cuando faltaban nueve o diez metros para llegar a la plaza, debió considerar suficiente lo recorrido, cesó en la carrera y, sin conseguirlo, intentó subir al vallado. Confiando en que el peligro había cesado, al observar el paso de los dos toros, se volvió tranquilamente, mas se encontró de improviso con “Palmello”.

El berrendo con listón negro se fijó en Juan Ignacio e hizo por él, despreciando las provocaciones de quienes intentaban desviar su atención; el mozo se percató de la embestida del toro y permaneció quieto, acurrucado, tapándose el rostro con el brazo, en lugar de estirarse, pegarse al terreno o rastrear por debajo de los maderos. Enganchado en la valla de la derecha por las homicidas astas, perdió tierra y, tras ser corneado, fue lanzado contra el vallado de la izquierda.

El miércoles la segunda y ultima parte.

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