20 octubre, 2021

HISTORIA FATÍDICA DE LOS ENCIERROS EN PAMPLONA… 2ª Y ÚLTIMA PARTE.

Estas son las fechas en las que el peligroso encierro de Iruñea/Pamplona ha escrito su historia trágica. Luis del Campo “Historia trágica del encierro de Pamplona”.

12 de julio de 1969
Hilario PARDO SIMÓN
(45 años, Murchante, Navarra)
Alcanzado en la Cuesta de Sto. Domingo
Astado de Salvador Guardiola Fantoni: “Reprochado”.

“Encierro peligroso el de un toro adelantado, por lo que muchos mozos forzaron al máximo la marcha de sus pies, mientras otros optaban por quedarse pegados a la pared del Hospital Militar o, perdiendo el equilibrio, permanecían impotentes dentro de la acera. Grupo numeroso de corredores se lanzó hacia la derecha, para buscar refugio en conocido recodo o desnivel con ángulo muerto, que forma l

Estas son las fechas en las que el peligroso encierro de Iruñea/Pamplona ha escrito su historia trágica. Luis del Campo “Historia trágica del encierro de Pamplona”.

12 de julio de 1969
Hilario PARDO SIMÓN
(45 años, Murchante, Navarra)
Alcanzado en la Cuesta de Sto. Domingo
Astado de Salvador Guardiola Fantoni: “Reprochado”.

“Encierro peligroso el de un toro adelantado, por lo que muchos mozos forzaron al máximo la marcha de sus pies, mientras otros optaban por quedarse pegados a la pared del Hospital Militar o, perdiendo el equilibrio, permanecían impotentes dentro de la acera. Grupo numeroso de corredores se lanzó hacia la derecha, para buscar refugio en conocido recodo o desnivel con ángulo muerto, que forma la iniciación de la subida al Museo de Navarra”.

“Reprochado”, al parecer aquerenciado hacia este sector, infirió tremenda cornada en el vientre a Gregorio Z.J. de la que posteriormente curaría y, seguidamente, cogió al protagonista de este luctuoso encierro… Cuando Hilario Pardo se hallaba caído, o se había arrojado voluntariamente al suelo, se dirigió hacia él “Reprochado”, que mete la cabeza junto al muro de piedra e intenta hacer presa con el pitón derecho… según expresión castiza taurómaca, es posible que fueran dos derrotes consecutivos, en zig-zag, imprimiendo el izquierdo la cornada mortal”…

En breves segundos todo había terminado, una gran hemorragia externa ensangrentó la calle y empapó sus vestimentas. Quedó tendido boca abajo y, gráficamente, puede demostrarse que siendo el mismo toro el que corneó a las dos víctimas, contrariamente a lo que se dijo y propaló, el muerto fue el segundo de los cogidos.

09 de julio de 1961
Vicente URRIZOLA ISTURIZ
(32 años, Pamplona)
Alcanzado en la Cuesta de Sto. Domingo, principio Plz. Ayuntamiento
Astado de Álvaro de Domecq.

“Vicente Urrizola Isturiz se hallaba aquella mañana, al igual que en incontable número de veces, en el primer tramo del recorrido de los toros, a nivel de la Plaza del Mercado, en la llamada cuesta de Santo Domingo., a la altura del Hospital Militar (actual Museo de Navarra). Instantes después sonaban los cohetes de Santo Domingo y un mozo era volteado por un toro de Domecq. Tal suceso pasó desapercibido en sus primeros momentos, no suscitó eco y careció de resonancia entre el pueblo de Pamplona. El herido fue trasladado al hospital y falleció treinta horas más tarde”.

10 de julio de 1947
Julián ZABALZA
(Villava)
Alcanzado en la Plaza de Toros
Astado de Don Antonio Urquijo (Murubes): “Semillero”.

“La fiera, rodeada de corredores, sigue la Estafeta en dirección al coso taurino. Los mansos de reserva, dispuestos en Labrit, se le juntan a este nivel; no llegan a unirse y resultan vanos los esfuerzos de los pastores… Entretanto, el bóvido furibundo, encorajinado, se arranca sobre el siguiente corredor, que ya dobla hacia la derecha, buscando amparo entre el burladero y la valla”.

Puede identificarse al pastor por la vara y ala segunda víctima de la fiera se tarta de un mozo del vecino pueblo de Villava, que, levantándose a las seis de la mañana acompaña a su novia y a su hermana al encierro. Con ellas en el tendido, por curiosidad o acuciado por la emoción del correr, decide bajar al redondel y, burlando por piernas, como otros muchos, la inteligente y decidida oposición de los guardias, aún sale a buscar al toro rezagado.

Perseguido por él, entra de nuevo en el redondel y se dirige hacia la derecha, sin quizás recordar la querencia de los toros hacia ese lado, a su entrada en la plaza de Pamplona, pues, me permito asegurar -sin saber exactamente por qué- que de no formarse la figura del abanico, la más preciosa del encierro, los toros se inclinan siempre a la derecha. La curva que describe el mozo corredor despista unos segundos al toro, que sigue su rectilínea; mas pronto la rectifica, lo alcanza y voltea contra la barrera.

Cuando los oportunísimos capotes del “Chico de Olite” y “Niño del Matadero” se llevan al astado, que acude dócil al engaño, un cuerpo queda sobre la arena. Levantándolo en vilo, sobre él se precipitan docenas de brazos y, las miradas atónitas de miles de espectadores, aprecian cómo un grupo de valientes pamplonicas transportan al herido, haciendo caso omiso del toro, que casi a la par, a muy pocos metros de distancia, sigue el percal de los toreros dobladores del encierro, unas veces paso a paso y otras corneando al aire, tras la arrancada, hasta los corrales de la plaza, momento en que el disparo de un cohete dice a modo de pregón “El encierro ha terminado”. A los tres o cuatro minutos de ingresar en enfermería moría el joven Julián Zabalza.

10 de julio de 1947
Casimiro HEREDIA
(Pamplona)
Alcanzado en la Estafeta.
Astado de Don Antonio Urquijo (Murubes): “Semillero”.

“…cuando por una de las múltiples incidencias queda un toro rezagado, la faceta de peligrosidad del encierro puede adquirir caracteres de gravedad extrema. El toro solitario reacciona condicionado por su temperamento e instintos no inducidoS por la ley general de la psicología de las masas. Es una fiera desconocedora del miedo, que se encampana ante el más mínimo estímulo, sobrada de poder, anhelante de lucha, con instintos de agresividad refinados en los cruces por herencia, de robustas y afiladas astas, semejantes a agudos puñales, donde fácilmente puede hilvanarse la tragedia”.

“Casimiro Heredia charlaba el 10 de julio con un matrimonio amigo, cuando llegaron los toros fueron sus palabras, las últimas, dirigiéndose a la señora “Anita, métete más adentro; hasta luego”. Corrió a la par de los toros unos metros, ignorando que a escasa distancia venía rezagado “Semillero”. Nadie sabrá jamás si lo vio o fue sorprendido.

El Murube, que había caído al perseguir a un corredor entre el vallado de Mercaderes y Estafeta, se enseñoreaba de la calle y, corriendo a buena marcha como intentando alcanzar al resto de la manada, lanzaba derrotes, amagando atacar a determinados actores activos del encierro. Casimiro fue uno de ellos, pero tuvo la fatalidad de que el asta hiciera carne; cayó en medio de la calle y quizás favoreció la cornada el intento de arrojarse al suelo, o el de no poder realizar un supremo esfuerzo. El toro, corneándole, lo llevó desde el centro de la calle hasta la acera, mientras los espectadores tuvieron la impresión de haber sido herido de gravedad.

El herido se encontraba doblado sobre sí mismo, situado a un par de metros de distancia del toro, y, aún cuando en dirección opuesta, el Murube lo distingue perfectamente, apreciando en él un movimiento, quizás reflejo por el dolor, quién sabe si motivado por las ansias de huir. Esta actitud estimula al toro a volver sobre Casimiro; lo recoge y lleva entre sus astas, arrastrándole por el suelo, desde la acera a la pared de la calle. Para entonces el corredor ya había recibido la cornada causante de la muerte y solamente, en la que pudiéramos llamar segunda fase de la cogida, la acción del toro se redujo a un varetazo, perfectamente marcado sobre su espalda.

“Más tarde el toro cornearía de muerte a otro joven, Julián Zabalza, justo a la entrada de la plaza de toros”.

10 de julio de 1935
Gonzalo BUSTINDUY y GUTIERREZ de la SOLANA
(29 años, S. Luis de Potosí, MEXICO)
Alcanzado en la Plaza de Toros
Astado de Doña Carmen de Federico (Murubes)
“Entraban ya enfilando el portal del corral los seis toros de doña Carmen de Federico, cuando unos imprudentes cortaron de la manada a uno de los toros, el mayor, que se volvió rápido en busca de los que le desafiaban. En esto surgió un muchacho que se fue al toro con su chaqueta en la mano y lo citó a dos metros de la cabeza del animal sin tener idea de lo que hacía ni siquiera de donde se encontraba, porque si no lo evidenciara su manifiesta inconsciencia tenemos referencias muy precisas demostrativas de que el muchacho en cuestión no sabía lo que se hacía desde tres o cuatro horas antes del encierro”.

El toro se le arrancó y, al tratar el “espontáneo” de esquivarle (Gonzalo Bustinduy), cayó al suelo en donde le metió de nuevo la cabeza el animal pegándole una cornada honda en el costado derecho por debajo de la axila, que desde luego se vio era muy importante a juzgar por lo rápidamente que se le tiñó en sangre la camiseta amarilla que llevaba. Y no lo acabó allí mismo el toro que encelado le buscaba, porque los pastores de Alaiza a palos y el buen peón de brega “Chico de Olite” coleando, consiguieron separar el toro de su víctima”.

08 de julio de 1927
Santiago MARTINEZ ZUFIA
(34 años, Pamplona)
Alcanzado en la Plaza de Toros
Astado de don Celso Cruz del Castillo (Toledo)

“…entraron los cabestros delante de los toros de Cruz del Castillo con toda holgura y comodidad, pero a poco de transponer el portalón de entrada, un toro cárdeno y careto se separó de la manada y derivando por la derecha tras un maletilla o limpiabotas que le iba incitando con una varilla llegó hasta el primer burladero del tendido 8, abandonando al que perseguía y derrotando contra el citado burladero alcanzó a Santiago Martínez, un pobre hombre que pugnaba por meterse en él”.

La cornada se vio que fue terrible, pues el toro no pudo sacudirse al hombre que había ensartado y tuvo que humillar la cabeza para desprenderse del cuerpo del hombre que había enganchado. Este, aún pudo levantarse por su pie, pero a poco cayó desvanecido en brazos de unos muchachos que se apresuraron a recogerle y conducirle a la enfermería”.

13 de julio de 1924
Esteban DOMEÑO LABORRA
(22 años, Sangüesa)
Alcanzado en el tramo anterior al callejón
(Actualmente Telefónica)
Astado de Conde de Santa Coloma (Andalucía)

“Y la gente, que no sabe que el resguardo más seguro, en caso de apuro, es el vallado de la izquierda, se apelotonó junto al derecho y contra ellos se fue uno de los toros, el cual no tuvo más que meter la cabeza para alcanzar de lleno a un muchacho que tieso, en vez de tirarse al suelo, sin poder subir al vallado, por la mucha gente que allí se había agolpado, no pudo esquivar el derrote, sufriendo una cornada que, al momento, se vio era importante a juzgar por el desvanecimiento e intensa palidez que le sobrevino”. El joven Esteban Domeño Laborra, de 22 años falleció a la una del mediodía del lunes 14 de julio de 1924, sobreviviendo a la cornada unas treinta horas.

07 de julio de 1910
Francisco GARCÍA GURREA
(21 años, Falces). Fallecido el 21 de enero de 1911.
Alcanzado en la entrada de la antigua plaza de Toros (Cerca del Teatro Gayarre)
Astado de Villagodio

Hasta el año 2002 se pensó que la primera persona que había muerto a consecuencia de una cogida en el encierro de Pamplona era el joven sangüesino Esteban Domeño, pero ese año Unai Alduán Colmenares dio a conocer la identidad del primer corredor muerto en el encierro conocido hasta la fecha: el falcesino Francisco García Gurrea.

Buscando información sobre el deporte navarro Unai Alduán Colmenares encontró por casualidad una noticia que recogía el periódico El Pensamiento Navarro del 18 de enero de 1911, en la que se contaba lo siguiente: “A los 21 años de edad ha fallecido en esta ciudad, a consecuencia de las lesiones sufridas en uno de los encierros de los toros que se lidiaron en las últimas fiestas de San Fermín, Francisco García Gurrea. Descanse en paz”.

Interesado por el tema, comprobó si dicho nombre estaba incluido en el listado de muertos que se conocía hasta la fecha y se sorprendió al ver que no era así. Comenzó a investigar y contrastar los datos aparecidos en los distintos medios locales de la época, el ya mencionado Pensamiento Navarro, El Eco de Navarra y La Tradición Navarra, y pudo confirmar que, efectivamente, el día 7 de julio de 1910 el joven Francisco García Gurrea había resultado herido en el espectacular montón -de más de cien corredores- que se formó justo a la entrada de la antigua plaza de toros situada en el actual Teatro Gayarre.

Según se recoge en dichos periódicos, el joven fue pisoteado en el montón y recibió dos puntos de sutura en la oreja. Al parecer esas heridas derivaron en una tuberculosis que finalmente causó la muerte a Francisco García el 18 de enero de 1911. La circunstancia de no morir corneado hace que sea despreciado como fallecido del encierro por otras fuentes. El hecho es que si no hubiera corrido el encierro no se hubiera muerto (por lo menos de esta manera y en esas fechas).

El hecho de que la muerte se produjera meses más tarde y el posterior incendio de la antigua plaza (en agosto de 1921), en la que quizá habría algún documento que explicase la evolución de este corredor, pueden haber sido dos motivos por los cuales este descubrimiento haya permanecido oculto tanto tiempo… FIN.

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