13 junio, 2021

LA CORNADA A MARIO Y EL BUREL DE CORLOMÉ.

Finca versátil, modos toma según la fiesta que el pueblo celebra: es el lienzo charro Xonacatique. Función de toros por esta tarde, corrida de la Feria de los Chicahuales en Jesús María; pero inició con sangre, la que del cuerpo de Mario Aguilar salió cuando el pitón del ejemplar berrendo alunarado de Real de Solera le laceró a la altura del bajo vientre. No hubo quite oportuno, eternales momentos en que el coletudo estuvo en la órbita del ungulado. Luego el penoso trayecto hacia la ambulancia y sobre sus ruedas y su cama hacia el nosocomio en donde los filos del bisturí le esperaban

Finca versátil, modos toma según la fiesta que el pueblo celebra: es el lienzo charro Xonacatique. Función de toros por esta tarde, corrida de la Feria de los Chicahuales en Jesús María; pero inició con sangre, la que del cuerpo de Mario Aguilar salió cuando el pitón del ejemplar berrendo alunarado de Real de Solera le laceró a la altura del bajo vientre. No hubo quite oportuno, eternales momentos en que el coletudo estuvo en la órbita del ungulado. Luego el penoso trayecto hacia la ambulancia y sobre sus ruedas y su cama hacia el nosocomio en donde los filos del bisturí le esperaban; ya antes los dedos del galeno le habían buscado entre sangre los canales de la herida. Si fue cornada, y a grado de que ya no pudo retornar a la escena.

Lado fácil, flanco amable, por él José Mauricio (al tercio y oreja) generó con delicadeza lances en cuyo centro absorbió, creando belleza, las embestidas recias del de Medina Ibarra. Por el mismo punto cardinal, éste, dimensionó fijeza y claridad, empero esta corrida el titular de lidia no embonó el arte con la técnica y su no mala faena quedó en juicio regular pese a sus hondos detalles cerrados con estocada caída en la suerte de recibir luego de un pincho.

No era para más; descastado y unido al piso el cuarto de Santa Cruz obligó al fino y joven espada a manifestarse decoroso.

Una ilusión, un espectro, y el fino aroma como raro amigo; eso fueron los lances del hidrocálido Mario Aguilar (cornada), pero una obra de arte su media verónica, tanto que sofocó el extravío del capote en el ultimo instante. Clamoroso fue aquello, un grito desquebrajado. La nobleza y la clase son poca cosa y empalagan cuando no se funden con la casta. El capirote de Real de Solera tuvo lo primero; tardaba en acudir a la muleta bien manejada del diestro quien con su calibrado proceder dijo que puede ser tan bueno torero como cualquiera; sin embargo los réditos de la confianza, esa que raya en la imprudencia hizo aparecer la escena dramática de la cornada; accidente muy de la tauromaquia que esta vez dejó a un Mario postrado en una incómoda cama de hospital.

Ricardo Frausto, (palmas y dos apéndices en el último), hubo de afrontar el compromiso de sacar adelante la lidia de tres toros. Su primero de San Isidro todo un toro, tan cuajado como descastado, sintió el filo del arma del buen jinete y de instinto malo y su mala reata lo obligaron a huir de la suerte. Y pasó, que no embistió, con cierto estilo siguiendo la muleta, avío que no le produjo ningún dolor, entre que el espigado joven le aprovechaba y le construía su trasteo seco, inexpresivo y de modesta manifestación artística y muy mal concluido cuando empleó el estoque de pésimos filos y punta. De la vacada de Castorena salió el quinto, ejemplar sin casta que se adhirió a la superficie arenosa y se amparó en tablas pero al que con el basamento de cierto fervor, y colocándose a correcta distancia, hurtó buen partido aunque no correspondiéndose en la suerte suprema. Soltarían al cuadrúpedo que ganaría esta corrida concurso de ganaderías, quemado fue con el hierro de Corlomé, toro musculoso, bonito y en tipo de su estirpe, bravo con clase, nobleza y lidia completa y uniforme con el que Frausto trató de hacer una faena seria, según la exigencia de las condiciones apuntadas, abuso del pico de la franela y sin embargo se llevó dos orejas.

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