24 junio, 2021

SEGUNDA NOVILLADA DE LA TEMPORADA DE LA PLAZA DE TOROS ANTONIO VELÁZQUEZ DEL RESTAURANTE ARROYO.

Reivindicación de los dos primeros tercios
Novillos: Dos de José María Arturo Huerta (primero y cuarto). Superior el que abrió plaza. Mereció el arrastre lento. El último del festejo fue tardo, pero sirvió.
Uno de El Rocío (segundo). Complicado.
Uno de Julián Hamdan (tercero). Se dejó bastante.

Reivindicación de los dos primeros tercios
Novillos: Dos de José María Arturo Huerta (primero y cuarto). Superior el que abrió plaza. Mereció el arrastre lento. El último del festejo fue tardo, pero sirvió.
Uno de El Rocío (segundo). Complicado.
Uno de Julián Hamdan (tercero). Se dejó bastante.

Novilleros: Santiago Romero, dos pinchazos y casi media estocada: al tercio. El astado fue premiado con arrastre lento.

José María Pastor: mató muy defectuosamente de tres cuartos de espada e infinidad de golpes de descabello: aviso, ovación al toro y él al tercio.

Juan Pablo Herrera: pinchazo, entera y muchos descabellos: aviso, palmas al toro y el muchacho de Aguascalientes saludó en el tercio.

Héctor Gabriel: cuatro pinchazos y entera: palmas.

Como de costumbre, el festejo en Arroyo fue de lo más interesante. Los cuatro novillos dieron juego en mayor o menor grado, y si estos muchachos hubieran manejado los aceros con mayor sapiencia todos los cornúpetos se hubieran ido sin orejas la destazadero.

Con el primero de la tarde vimos a Santiago Romero rivalizar en quites con el segundo y el tercer espadas. Las chicuelinas antiguas del primero y las gaoneras de sus alternantes fueron de verdad buenas y ajustadas. Lo mas artístico corrió a cargo de del hijo del matador César Pastor, quien remató sus lances con un manguerazo de Villalta y un recorte lagartijero.

A continuación, el tlaxcalteca Romero puso tres pares de banderillas de muy buena factura, cuarteando por ambos pitones. La ovación del excelente público que asiste a estas novilladas no se hizo esperar. Lástima que no pudo aprovechar cabalmente al magnífico (por bravo y noble) ejemplar que le tocó en suerte. Santiago tardó mucho en bajarle la mano y en templar al repetidor novillo. Digamos que dos naturales extraordinarios, una tanda de derechazos templados y unos estatuarios finales fueron un balance muy pobre dadas la calidad y el aguante del bicho.

A José María Pastor le tocó vérselas con un novillo listo y peligroso. El de El Rocío no se dejó pegar un solo lance y regateó las embestidas al caballo. No obstante, el joven hidrocálido demostró un oficio y una serenidad pasmosas. A base de consentir al morlaco y de llevarlo con la carita muy tapada, Pastor logró espléndidos muletazos por ambos perfiles. Temple, aguante y poder, ese es la medicina que hay que aplicarle a este tipo de reses, pero actualmente la mayoría de los que se visten de luces parecen ignorar los fundamentos de la lidia.
La estocada fue un poquillo defectuosa, sin embargo el de negro dobló.

Lo funesto fue que el puntillero lo levantó y ahí José Mari perdió los papeles con alegría. Un día de estos, si el muchacho aprende a matar, no tendrá necesidad de hacer rabietas ni de darle un puntapié a su enemigo para intentar derribarlo: ¡Eso es una grave falta de respeto al toro!

Salió en tercer lugar un animal grandulón y feo de encornadura. El de Julián Hamdan parecía no tener el menor interés en ser picado. Pero ahí estaba el inigualable César Morales, uno de los mejores varilargueros de nuestros tiempos. Colocado ya el toro en el carril (pues estas novilladas son también concurso de ganaderías, en el marco del certamen “Descubriendo a un Torero”) César toreó con el caballo y provocó la embestida tirándole toreramente el castoreño al de Hamdan. “Amor del Bueno” –uno de los nombres más cursis que se le hayan puesto a una res en toda la historia- se arrancó como un tren y fue picado en todo lo alto. El novillo romaneó y fue una alegría ver cómo Morales mantenía la reunión y el equilibrio apoyando fuerte la vara. En medio de la lucha de toro y picador, al caballo le falló una pata y se produjo el tumbo. César volvió a la carga y le pegó un segundo puyazo también de gran calidad. Huelga decir que este picador de lujo se llevó la ovación de la tarde.

Del desempeño de Juan Pablo Herrera, otro novillero de Aguascalientes, poco hay que comentar excepto su extraordinaria manera de clavar los palos: puso tres pares de cartel. El mejor, a mi juicio, fue el primero, uno de poder a poder. Con la franela empezó bien, con dos cambios por la espalda, un molinete y el de pecho, pero luego demostró que no sabe manejar la muleta. Su faena fue un compendio de enganchones y dudas.

El que cerró plaza fue otro de José María Arturo Huerta, pero este cantó la gallina en el tercio de varas y fue tardo. Héctor Gabriel, el carismático nieto del popularísimo Teniente, pegó los muletazos más profundos y más variados de la tarde. Recordamos con enorme gusto sus derechazos, sus trincheras, molinetes, trincherillas, y un desdén que hubiera firmado Manolo. Quizá debido a su estadía en la escuela del Juli en España, le perdió demasiados pasos al morito y no ligó lo suficiente. El novillero poblano se precipitó a la hora de matar y no hubo premio: ¡Lástima!

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