20 octubre, 2021

PUEBLA TAURINA…

Un gran torero poblano, ignorado como tal por los aficionados de su tierra natal, pero admirado por todos los públicos del país y algunos extranjeros, fue, Ángel Luna, quien por los años treinta del siglo pasado dio sus primeros lances, con una sábana, a los toros que en su pueblo, Magdalena Tlatlauquitepec, se lidiaban durante los jaripeos de la fiesta patronal.

Un gran torero poblano, ignorado como tal por los aficionados de su tierra natal, pero admirado por todos los públicos del país y algunos extranjeros, fue, Ángel Luna, quien por los años treinta del siglo pasado dio sus primeros lances, con una sábana, a los toros que en su pueblo, Magdalena Tlatlauquitepec, se lidiaban durante los jaripeos de la fiesta patronal.

Sólo contaba con nueve años y al llevarlo a residir en la capital del país, tuvo que ingresar a una escuela primaria, de la que se escapaba para ir a lugares donde ensayaban los toreros, haciendo amistad con Luis Procuna, Luis y Félix Briones y con ellos aprendió a torear. Cuando ya tuvo edad y preparación suficiente, acrecentada en participación de capeas al lado de varios maletillas como él, en pueblos de los estados de México e Hidalgo, debutó como novillero.

Fueron las plazas aledañas al Distrito Federal, Puente de Vigas, Tlalnepantla y otras donde vistió de seda y oro, siendo el único que destacó entre aquella “cuadrilla” de una docena de torerillos, pero como pasaba el tiempo aceptó la sugerencia de que se hiciera banderillero, ingresando como aspirante a la Unión Mexicana de Picadores y Banderilleros y como tal duró siete años, hasta que el 1° de enero de 1954 se le examinó en festejo efectuado en Cuernavaca en que alternaron Alfredo Leal y Manuel Capetillo.

Pronto destacó entre los subalternos, considerado por la crítica y los propios toreros como uno de los buenos, a pesar de su sencillez y humildad como persona, pues aunque cumplía bastante bien con las banderillas su fuerte era torear con suavidad con el capote, toreando por delante, cuidando las embestidas de los toros para que su matador se luciera, nunca destroncar a los toros de un capotazo.

Corría a los toros a punta de capote, lo que ya no se usa, a una mano, pues los matadores actuales ya no los dejan, y por ello recibió grandes ovaciones en plazas tan importantes como las de Guadalajara, Aguascalientes, Monterrey, así como salidas al tercio por buenos pares de banderillas. Apreciado y respetado por matadores, compañeros subalternos, empresarios y periodistas, estuvo al lado de Antonio Velázquez “Calesero”, Rafael Rodríguez, Jesús Córdoba, Paco Ortiz; los españoles Fermín Murillo, Ángel Turuel, Manolo Cortez, “El Cordobés”, también con “Joselillo de Colombia” y, finalmente, con Manolo Martínez, quien lo iba a llevar como peón de confianza a España, pero una cornada que recibió en el cuello durante encerrona en ciudad Juárez del torero de Monterrey le impidió hacer el viaje.

Viajó para torear a Panamá, Costa Rica, Colombia, San Francisco California (corridas incruentas) y durante su larga carrera, recibió diez cornadas y catorce fracturas. La de Ciudad Juárez en 1970, lesionó lengua y paladar, y aunque no fue a España como deseaba, al retorno de Manolo Martínez continuó en su cuadrilla.

Se retiró triunfalmente el 18 de octubre de 1987 en la Plaza “México”, Aurelio Mora “El Yeyo” le brindó la muerte de uno de sus novillos y fue el sacerdote católico Leoncio Hernández quien le cortó la coleta y le acompañó en la vuelta al ruedo. “Lunita” antes había colaborado con el padre Hernández en la parroquia de la Santísima Trinidad y cuando fue capellán en la Plaza “México”.

Con el dinero que recibió de su fondo de retiro, compró una casa para sus hermanos y él volvió a la Magdalena para hacer vida de campesino, pero… allí conoció al párroco Juan Ochoa que al enterarse que estaba “desempleado” le solicitó le ayudara, lo que así hizo, incluso cuando el sacerdote fue trasladado a la parroquia de Acajete, Puebla, donde permaneció varios años a su lado.

Para atenderse de algunos males regresó al D.F., y cuando ya apuntaba mejoría, un accidente cerebrovascular le privó de la vida el 1° de septiembre de 2009 a las once de la mañana y al siguiente día fue sepultado en el panteón Francés. El próximo lunes en la misa de las siete de la tarde en la Parroquia de María Reina, colonia San Manuel, se ofrecerá a su memoria en el aniversario del fallecimiento de ese magnífico torero poblano.

Además de don Ángel, en la misa a “La Macarena” del día 19, se recordará a don Adolfo Aguirre “El Conejo”, doña Blanca Díaz de León de Calderón, Gonzalo Macías, Aurelio López, Carlos Reyes González, Ramón González, Raúl Coca Ramos, Arturo Vega “El Francés”, Abraham Pedraza, Pedro Badillo, Gustavo Aguilar, Anarcasis Peralta, Francisco Zeleny, Jorge Soto Rojas, Amparo Esperanza Vega Silva y Juan Loranca.
Y… ¡Suerte!

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