LA DESVELADA CAUSADA POR LA VANIDAD.

PABLITO ERA el encargado de fijar la vieja publicidad taurina llamada de tres formas, por eso de estar conformada por igual número de grandes pliegos de delgado papel, la que se acostumbraba pegar en bardas, paredes, esquinas, y en ciertos pendones de lámina que proporcionaba el municipio, difusión por cierto muy llamativa y efectiva, hoy difunta dizque para no afear las ciudades, en la actualidad le llaman “contaminación visual”. A Pablito, el moreno y humilde hombre esporádico empleado de las empresas ocasionales, se le encontraba por las madrugadas anteriores a los festejos cargando bajo el brazo el grueso rollo de los mencionados papeles, en una de sus manos el largo palo con brocha o cepillo unido en uno de sus extremos y desde luego que sin faltar el llamado “atole” que era vil engrudo. Lo recuerdo muy bien y con estimación, buen hombre, sano y servicial, muy platicador.

CIERTA TARDE de hace muchos años, quien escribe, salía del colegio y me topé con José Guadalupe Sánchez “El Chivo”, también apodado “Joselete”, padre de los matadores Ricardo, Luis Fernando y Martín, obviamente abuelo de Juan Pablo, quien me avisaba yo tomaría parte en una vacada por él organizada y la fecha llegaría en dos semanas. Desde luego que brincaba de gusto y emoción, sería mi debut más o menos formal ya que en esta ciudad de Aguascalientes jamás había toreado por la simple y sencilla razón de ser muy nuevo en las “lides de lidiar”, “mi experiencia” no iba más allá de pueblos regionales y cercanos a la ciudad.

LOS DÍAS pasaban y con ansias esperaba llegará el sábado de la semana anterior a torear, fecha fríamente calculada para desvelarme gracias a la vanidad, y que era el tiempo preciso para dar a conocer por ese medio los nombres de quienes actuarían en “X” festejo.

¡Y POR fin!… El mencionado y esperado día llegó, aparenté irme a la cama y desde luego que metí a ella ya que la costumbre familiar era acostarse a más tardar a las diez de la noche, muy temprano para mis planes pero problema no existiría, soñaría despierto y puede, si mal no lo recuerdo, que hasta me levanté a pegar derechazos y naturales, tantos como los que se puedan contar en toda una Feria de San Isidro.

IMAGINO QUE estaban por dar las dos de la mañana cuando escuché el inconfundible ruido esperado, la cubeta de Pablito que se depositaba en la banqueta para comenzar a fijar la publicidad en la grande lámina sostenida al poste de luz que estaba frente a la ventana de mi recamara. Desde luego que entreabriendo la cortina, sin prender luz alguna, y en completo silencio, vi asombrado, atónito y atolondrado los pasos que daba mi amigo quien ni imaginaba que a corta distancia estaban espiándolo con ansias a que terminara su trabajo para satisfacer mí ya mencionada necesidad de vanidad… ¡Mi primer cartel!… Estaba ya “colgado”.

EXCUSO DECIR que ese día fingí estar enfermo de no sé qué cosa, lo que más deseaba y requería era dormir y dormir, la emocionada desvelada terminó ya con la luz del sol sin cansarme de leer el enorme cartel. Esa mi primera tarde corté una oreja y logré la repetición a los quince días, pero juro que nunca volví a esperar a Pablito, siempre he sido muy malo para trasnochar…

SANA MORALEJA… Querer ser “vanidoso e importante” quita el sueño, lo mejor es soñar de manera natural, dormido, sin adelantar vísperas so pena de terminar escribiendo de toros… Nos Vemos.

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