RAÚL CABRAL SOTO, ALFONSO CABRAL SUAREZ DEL REAL, HUGO GARCÍA ARANDA, JONATHAN AVALOS SIGALA Y ERNESTO ALONSO SERNA… REGRESARON A LA VIDA A HÉCTOR ROJAS.

TRATO DE imaginar la perfección con la que está acomodado el interior de nuestro organismo, el corazón sin molestar la función de los pulmones, estos cerca del laberinto de los intestinos, delgado y grueso, todo muy cerca de páncreas, hígado, apéndice, vesícula, riñones, la aorta descendente, y todo muy importante para nuestra vida. Imposible sería acertar cual, o cuales, de ellos fue lastimado en el caso de una cornada de la magnitud como la sufrida el pasado día 7 en Zacatecas por el subalterno Héctor Rojas “El Willi”, en la cual el pitón inició su recorrido por el bajo vientre y saliendo la punta por el pecho. La meritoria labor de los médicos que creo deben de comenzar con la hemostasia, que es ligar vasos sangrantes evitando correr el riesgo de una hemorragia, además para no convertir el área en una rojiza alberca que estorbaría la labor de los especialistas, y tratar de encontrar la trayectoria principal, la más grave, para que de inmediato intervenga el experto en ello. Desde luego que buscar prioridades en caso de existir otras trayectorias.

LA CORNADA fue gravísima, tanto así que se temía Héctor falleciera en la misma enfermería del coso, impresionante, me dicen quienes se encontraban cerca del área mencionada, vieron llorar a los picadores que esperaban turno de intervenir, quienes lo levantaron y trasladaron hacían lo mismo. Desde el tendido veían la mano del torero herido que parecía convulsionarse y de lo que se trataba era que el banderillero intentaba hacer señas a su matador para que se acercara a él, ahogándose intentaba decirle algo que Joselito no alcanzó a entender, era solo un grotesco sonido el que se le escuchaba, Héctor intuía que su vida estaba en riesgo.

RETOMANDO LO del primer párrafo… Todo esto viene al caso ya que desde el momento de su ingreso a la enfermería, el desbarajuste de órganos causado por el pitón del astado, quedó en manos de los médicos que tuvieron que, en algo así como seis horas, suturar, abrir, cerrar, limpiar, ligar, dejar cada cosa en su lugar y estar muy atentos y cuidadosos a la larga sesión de anestesia. Quiero imaginar a la señora de la casa abrir la maleta de su hijo, coser, remendar su ropa y volver a dejarla en perfecto estado, lista y como nueva para seguirse usando.

NI DUDA queda de la excelente labor de los doctores Raúl Cabral Soto, Alfonso Cabral Suarez del Real, Hugo García Aranda, Jonathan Avalos Sigala y Ernesto Alonso Serna. Esto no fue un milagro, es el resultado de ser profesionales en la extensión de la palabra, enhorabuena a todo este equipo que participó en “acomodarle” la vida a un torero. A ellos, no solo quienes visten de luces, la afición zacatecana, tiene que rendirles un sentido reconocimiento-homenaje… Nos Vemos.

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