20 octubre, 2021

JOSÉ ZAVALA, REFINADO NOVILLERO, A LA FINAL DEL CERTAMEN “DESCUBRIENDO UN TORERO”.

Con mala asistencia de la clientela, misma que tuvo reacciones absurdas, como la de aplaudir en el arrastre los restos de los tres últimos novillos jugados, fresca tarde y, alegremente, poca lluvia en la parte postrera de la función, se realizó la novillada extraordinaria que organizó la ANCTL (Asociación Nacional de Criadores de Toros de Lidia) dentro de su certamen “Descubriendo un torero”. El resultado de ella fue que José Zavala, quien hizo afortunada presentación como novillero en el coso San Marcos, escenario de tal, pasó a la final entre que el mejor novillo, tomando en juicio que el buen ungulado de Manuel Castorena no entró en discordia, fue el de Arroyo Zarco y el mejor subalterno “Curro” Campos, buen varilarguero del DF pero hoy radicado en A

Con mala asistencia de la clientela, misma que tuvo reacciones absurdas, como la de aplaudir en el arrastre los restos de los tres últimos novillos jugados, fresca tarde y, alegremente, poca lluvia en la parte postrera de la función, se realizó la novillada extraordinaria que organizó la ANCTL (Asociación Nacional de Criadores de Toros de Lidia) dentro de su certamen “Descubriendo un torero”. El resultado de ella fue que José Zavala, quien hizo afortunada presentación como novillero en el coso San Marcos, escenario de tal, pasó a la final entre que el mejor novillo, tomando en juicio que el buen ungulado de Manuel Castorena no entró en discordia, fue el de Arroyo Zarco y el mejor subalterno “Curro” Campos, buen varilarguero del DF pero hoy radicado en Aguascalientes capital.

Humillado estaba el sol, espléndidas las nubes, y en esto se abrió sin cohibirse la puerta de toriles. Salió por su espacio un astado de ordinario trapío, en consonancia, el chaval ilusionado Javier Gallardo (división tras aviso y palmas tras dos avisos) luego de ofrecer un ceñido farol de hinojos, consciente de la poca energía, bregó con atino y no guardó su capa hasta dejar a los ojos de la poca concurrencia un regular quite por navarras. La distancia, el son y el temple no fueron virtudes que aplicara en este episodio más bien sin gloria, y ello evitó que dimensionara la nobleza y suavidad de aquel novillo de San José que se distinguió igualmente por su modesta fuerza y al que despachara de una estocada caída y varios mal tirados descabellos.

Lo que más lució con el capote fue el “quite de oro” que con él interpreto ya salido su segundo, un berrendo cinchado procedente de la explotación de Arroyo Zarco. Éste probó en todo momento, empero el desenvolvimiento del aspirante en el escenario con la muleta provocó un trasteo emocionante y torero sobre el basamento del mando y el temple con lo que hizo que el adversario se tragara las ondulaciones del rojo engaño, tras el cual iba embrujado y convencido y convencido metiendo con clase la cuerna. De tal modo se calificó al otro Gallardo, el más entendido, centrado e imponiendo su ley tauromáquica aunque desafinado con el arma.

Con mal juego de brazos, aunque con entusiasmo, Edgar Badillo (vuelta tras petición y palmas) veroniqueó al bonito segundo ejemplar de la función; mejores fueron las chicuelinas andantes, y al modo de Rodolfo Gaona acabó su bufete capotero. Le llegó al público un segundo tercio impulsivo y posteriormente uno de los más grandes placeres que se experimentan en esta fiesta: las embestidas largas, nobles, claras y con clase, esta vez de aquel bien cortado utrero de Manuel Castorena que fue mal entendido. Por cierto, ahí, tratando de hacer binomio con él, estuvo el joven zacatecano pegando muchos pases y ejecutando una estocada tendida y pasada.

Hacendoso y responsable se ofreció al ver en el anillo al quinto, tres añero berrendo en cárdeno, careto y astipuntal llegado de la dehesa de Los Encinos al que toreó por verónicas mejor que regularmente, quitó con dos bien marcados faroles invertidos y clavó banderillas de forma ardorosa y certera; si recordamos nuevamente al cuadrúpedo resaltará su nobleza pero en igual tono su debilidad, sin embargo lo toreó punto mejor que decorosamente al tomar su sarga pero al que no acertó a matar sino hasta el tercer viaje.

Con sobriedad, brevedad y elegancia José Zavala (silencio y vuelta tras aviso) hizo notar las verónicas por el flanco diestro y así quedó recibido el cuajado ejemplar de Mimiahuapam, bestia de edad adulta que, lógicamente, en el tercio muletero manifestó complicaciones, las suficientes para que no fueran resueltas del todo por el poblano joven que, a despecho, sí que dijo diáfanamente que posee clase y gusto refinado al interpretar la tauromaquia, esta vez mal acabada con una defectuosa estocada.

Y no quedó residuo de duda que el aludido tiene firme el tesoro de la fineza. Ante el sexto, parido en los potreros del Rosedal, ratificó ese don pese a lo aplomado de éste que, enterradas sus pezuñas en el albero, hubo de sucumbir tañido a tañido en aquellos muletazos versificados que salieron como bajo la lectura de notas escritas por connotado compositor de artísticas y añosas reglas del arte de lidiar reses bravas. Sin maltratar la elegancia dicha, el hoy feliz novillero aguantó los parones del antagonista y no repuso arena sino hasta ver bien acabados sus derechazos mandones, templados y delicados. Faena la suya plena de cuadros detallistas que desgajaron los oles más hondos de la nublada y lluviosa tarde. Cuando ya se veía una oreja en su mano lamentablemente realizó un pinchazo antes de dejar una estocada caída y delantera y cuatro descabellos.

Deja un comentario

WP2Social Auto Publish Powered By : XYZScripts.com