SEVILLA: 1ª DE SAN MIGUEL: SEIS BUEYES PARA TRES VALIENTES.

Mala corrida de Hermanos García Jiménez en la 1ª de San Miguel. Buenos detalles incompletos de una terna joven que salió a buscar el triunfo y tropezó con una corrida basura.

Plaza de toros de Sevilla, 27 de septiembre de 2014. 1ª de San Miguel. Menos de media plaza. Cinco toros de Hermanos García Jiménez y uno, primero, de Olga Jiménez. Bien presentados, mansos, descastados y de mal juego, salvo el primero, mejor en la muleta. Se guardó un minuto de silencio en memoria de Paquirri al cumplirse los 30 años de su muerte el pasado viernes.

Pepe Moral, de grana y oro, tres pinchazos y estocada (saludos). En el cuarto, metisaca y estocada caída (silencio).

Juan del Álamo, de rosa palo y oro, pinchazo y estocada trasera (palmas). En el quinto, pinchazo, estovada atravesada y descabello (silencio).

David Galván, de sangre de toro y oro, estocada trasera (palmas). En el sexto, pinchazo y estocada (palmas tras aviso).

Los bueyes no son aptos para la lidia. En la primera de San Miguel, celebrada sin lluvia cuando todo hacía presagiar lo contrario, se lidió una mala corrida de García Jiménez que destrozó las ilusiones de una terna joven y necesitada del triunfo. Fue, sin embargo, un fracaso ganadero previsible. Hace un año, por la misma fecha, se lidió otra corrida del mismo hierro que no llegó a ser tan mala como la de ayer, pero que ya fue un prodigio de falta de casta. Al cabo de un año, la ganadería ha dado un paso atrás. Esperemos que no vuelva en los años venideros.

La corrida estuvo bien presentada. No se puede decir otra cosa, lo que no quiere decir que fueran toros bonitos ni con hechuras de embestir. Algunos, muy altos; otros, sin cuello; el quinto, un zambombo que superaba los seiscientos quilos. Estaba cantado que no podían embestir. Para colmo, la mayoría fueron mansos y carecieron de fuerzas. Se repitió la triste escena tan frecuente de presenciar una corrida de seis toros sin que ninguno de ellos tomara un puyazo en regla. Una corrida para el matadero.

No es lo que se merecía una terna que llegó a Sevilla a apurar sus posibilidades de final de temporada. Han demostrado que son buenos toreros, pero ayer apenas pudieron poner buena voluntad, robar pases sueltos, echarle mucho valor al asunto y marcharse al hotel con la cara alta.

Había esperanzas en ver a Pepe Moral de nuevo en Sevilla, la plaza que este año lo ha lanzado. El que abrió plaza fue el menos malo del encierro. Moral toreó con gusto a la verónica y logró centrarse con la noble embestida del toro de mitad de faena en adelante, sobre todo cuando cogió la izquierda y templó en muletazos largos. Esa fase final despertó a la plaza y sonó la música, aunque el trasteo pareció muy largo. Sobró el arrimón final con enganchones poco toreros y, por supuesto, sobraron los pinchazos.

El cuarto fue un toro antitaurino. Manso, descastado, con la cara por las nubes, el animal fue un regalo en toda regla. Moral se la puso en la cara, lo intentó, se fue con el burel a las tablas cuando el de García Jiménez cantó la gallina, pero todo resultó gris y espeso.

Juan del Álamo también se estrelló en esta tarde sevillana. El primero de su lote fue manso. Se lució en las verónicas del saludo y porfió con la muleta con la derecha. Hasta la tercera tanda no logró ligar algunos muletazos a base dejar la franela en la cara del toro. Pero al animal no le gustó que lo sometieran y se rajó. Algunos pases de buen corte pusieron el colofón a su digna labor.

Con el quinto, casi la misma historia. Se hincó de rodillas en una larga cambiada en el tercio. Este no fue tan manso, pero no tenía fuerzas. En la muleta se frenó de forma descarada y echó la cara arriba. El salmantino puso sobre el tapete decisión, voluntad y valor para llegar a ligar algunos pases sin que su labor alcanzara la unidad necesaria.

El lote de David Galván también fue de pronóstico reservado. Galván estuvo en torero toda la tarde. Pisó terrenos comprometidos, intervino en quites y puso de manifiesto su toreo de elegancia refinada. Esta actitud de entrega del diestro de San Fernando tropezó con dos bueyes casi imposibles. Quitó al tercero por gaoneras como tarjeta de presentación. No cabe más firmeza. Tras un precioso comienzo a media altura, dibujó derechazos de buen trazo, cambios de mano solemnes, todo adornado con una quietud pasmosa. Las virtudes del torero quedaron frenadas por un animal parado, hundido, sin embestidas, una basura en toda regla.

La tarde murió con otro toro sin vitalidad. Los pocos pases que le robó Galván con la diestra fueron la base de exponer una barbaridad. Este torero dio un curso de valor sereno en este festejo. A pesar de dejar la muleta en la cara, de no mover las zapatillas, de tirar con temple del animal, todo resultó insuficiente para prender la llama en el tendido.

Fue de esas corridas en las que se dice aquello tan socorrido de que la terna estuvo por encima de los toros. Nunca este aserto fue tan verdad. La corrida fue plomiza, como la gris y amenazante tarde, pero al menos nada se les puede pedir a tres jóvenes de nuestro tiempo que tropezaron con bueyes en lugar de toros de lidia.

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