LUTO EN LA FIESTA BRAVA POR LA MUERTE DE MANZANARES.

El diestro alicantino José María Dols Avellán, conocido en el mundo del toreo como José María Manzanares, falleció a los 61 años de edad en su finca de Cáceres denominada “Ronda Ganadera”.

Su cuerpo sin vida fue descubierto en su habitación la mañana del pasado martes 28 de octubre, por una empleada doméstica que se disponía a realizar el aseo; al llamar a la puerta no tuvo respuesta, pensó que el torero habría salido y al entrar se dio cuenta que José María Manzanares yacía en su cama sin vida.

José María Manzanares, un torero de exquisito arte, hijo del banderillero Pepe Manzanares, se sostuvo en la cumbre de la torería durante más de 20 años, desde que tomó la alternativa en 1971 hasta principios de la década de los 90.

El diestro de Alicante se casó con la señora Yeyes Sampers con la que procreó cuatro hijos, Ana María, Yeyes, Manuel y José María Dols Sampers, los dos varones son toreros como su padre, Manuel Manzanares se desempeña como rejoneador y su hermano José María se anuncia en los carteles con el mismo nombre de su progenitor.

El 14 de abril de 1953, la ciudad de Alicante vio nacer a este gran torero que se doctoró el 24 de junio de 1971 en su natal Alicante, apadrinado por Luis Miguel Dominguín ante el testimonio de Santiago Martín “El Viti”, con reses de Atanasio Fernández, tarde en la que el nuevo doctor en tauromaquia salió a hombros de la plaza con las dos orejas y el rabo de su segundo toro. Confirmó su alternativa en la Monumental de Madrid de manos de Palomo Linares el 18 de mayo de 1972, apadrinado por Palomo Linares, siendo testigo de la ceremonia el “Gigante de Monterrey” Eloy Cavazos y se despidió de los ruedos intempestivamente el 1 de mayo de 2006 en la Real Maestranza de Sevilla donde salió a hombros de Enrique Ponce por la Puerta del Príncipe, después de que su hijo José María le cortó la coleta. Descanse en paz este gran torero.

José María Manzanares hijo, a quien le enviamos nuestras condolencias, lo mismo que a su familia, recibió la triste noticia del fallecimiento de su progenitor al arribar a nuestro país, estaba anunciado para torear ayer en la Plaza México pero ante lo acontecido tuvo que regresar a España, en su lugar partió plaza en el albero capitalino el francés Sebastián Castella.

A NADIE EMOCIONÓ EL ADIÓS A LOS RUEDOS DE GUILLERMO CAPETILLO
Ayer en el coso de Insurgentes partieron plaza Guillermo Capetillo, Sebastián Castella y Diego Silveti para lidiar una corrida parchada con tres toros de la Estancia y tres de San Isidro.

Se guardó un minuto de aplausos en memoria de Manzanares y se rindió un justo homenaje al doctor Rafael Vázquez Bayod.

El triunfador de la tarde fue Sebastián Castella que se llevó las dos orejas de su segundo toro, “Miel de Penca” del hierro de La Estancia.

Capetillo que gracias a su padre siempre fue más nombre que torero se fue sin dejar huella, se mantuvo apático, se le vio desganado, sin sitio, medroso y atropellado en sus dos toros, lo más sobresaliente de su actuación fueron sus fallas con la espada, al primero lo despacho de dos pinchazos y una estocada caída y trasera, hubo aplausos para el astado en el arrastre y una generalizada rechifla para el torero.

En el de la despedida, cuarto de la tarde, de nombre “Sentimiento”, Guillermo Capetillo después de brindar al público se dedicó a dar trapazos sin ton ni son, las notas de Las Golondrinas en ningún momento surcaron los aires y Capetillo desarrolló su ridículo más que su toreo, entre los abucheos y las rechiflas del respetable, Con el acero estuvo fatal, señaló ocho pinchazos escupiéndose de la cara del toro, recibió un aviso y finalmente tomándose todas las ventajas dejó una horrible estocada trasera, tendida y caída; el toro dobló por agotamiento y no por los efectos de la estocada, el puntillero acertó y el público despidió a Guillermo Capetillo con fuertes abucheos y una sonora rechifla.

Por su parte Diego Silveti en su primero veroniqueó a pies juntos aprovechando el viaje del toro, sin ajustarse y sin quietud. Con la muleta logró dos naturales que le aplaudieron y ligó tres derechazos de buena calidad, después se perdió en una lidia sin plan y sin sitio, despachó a su enemigo de dos pinchazos y un feo espadazo trasero y caído, recibió un aviso y escuchó la silbatina del público.

En el que cerró plaza veroniqueó atropelladamente a pies juntos, realizó un buen quite por gaoneras y mostrando más disposición que en el toro anterior, logró buenos derechazos pero el toro se apagó pronto, se apencó en tablas y nuevamente Diego Silveti mostró sus grandes deficiencias con la espada. Señaló cuatro pinchazos, recibió otro aviso y finalmente acertó con el descabello.

La entrada como era de suponerse fue más mala que buena.

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