JOSÉ CÁNDIDO EXPÓSITO…UN BEBÉ TIRADO EN LA CALLE PRIMER TORERO PROFESIONAL MUERTO EN ESPAÑA AL SALVAR LA VIDA DE SU BANDERILLERO…1ª PARTE.

Nació este torero en Cádiz el 30 de noviembre de 1734, fue uno de los matadores de toros más famosos en su época, logró acumular una inmensa fortuna, pero su vida tiene un amplio panorama de tristeza, soledad y tragedia, pues habiendo transcurrido menos de una hora de su nacimiento en aquella noche invernal, su desnaturalizada madre lo arrojó a la calle, abandonándolo en el pórtico de la Casa de Expósitos de Santa María Magdalena del Mar, en Cádiz, para no perder su “prestigio” y ocultar de esa cruel manera su amoroso desliz.

Nació este torero en Cádiz el 30 de noviembre de 1734, fue uno de los matadores de toros más famosos en su época, logró acumular una inmensa fortuna, pero su vida tiene un amplio panorama de tristeza, soledad y tragedia, pues habiendo transcurrido menos de una hora de su nacimiento en aquella noche invernal, su desnaturalizada madre lo arrojó a la calle, abandonándolo en el pórtico de la Casa de Expósitos de Santa María Magdalena del Mar, en Cádiz, para no perder su “prestigio” y ocultar de esa cruel manera su amoroso desliz.

La progenitora de aquel inocente niño fue una mujer de la mal llamada “Alta Alcurnia”, originaria y residente del Puerto de Cádiz, la cual se enredó con su criado de raza negra originario de las Antillas. La mujer, como resultado de aquella aventurilla dio a luz a un bebé mulato, mismo que con el transcurso del tiempo se convirtió en afamado matador de toros.

El desamparado inclusero fue atendido por las monjas que lo recogieron y lo bautizaron con el nombre de José Cándido, tomando el apellido de Expósito, sinónimo de echado, abandonado, desamparado o huérfano.

Después de varios meses, José Cándido fue adoptado por un matrimonio residente en San Roque, Cádiz, el cual poco después se trasladó a Chiclana, en la misma provincia de Cádiz, sin imaginarse que ese pequeño al que protegieron y le entregaron todo su amor y cariño, sería algún día una auténtica figura del toreo.

Por haber residido en Chiclana durante su infancia, algunos historiadores equivocadamente afirman que José Cándido era originario de esa región española.

¿Pero de dónde le nació la afición taurina a José Cándido? pues ninguno de sus ancestros tuvo nada que ver con el arte del toreo. La respuesta es simple, el pequeño conoció la pobreza en grado superlativo, desde niño se deslumbró con la belleza de los trajes de luces y se impregnó de la contagiosa alegría de las tardes de toros con su música y colorido, supo que los buenos toreros ganan suficiente dinero para tener una vida holgada, sumamente cómoda rodeada de fama y decidió hacerse matador de toros.

José Cándido se inició como alumno de José Lorenzo Manuel Rodríguez “Lorencillo” y sus progresos en la lidia fueron notables, tan es así, que llegó a ser uno de los más afamados toreros de su tiempo, en una época sumamente complicada porque eran los Romero encabezados por Francisco, los Palomo, los Martincho, “El Pamplonés” y Bellón “El Africano” entre otros, los que figuraban en la cumbre del toreo, antes de Costillares, Pepehillo y Pedro Romero; por lo que José Cándido tuvo que competir en el ruedo con todos ellos.

José Cándido Expósito a todos esos figurones del toreo de aquella lejana época, tarde a tarde les peleó las palmas, sus actuaciones en provincia fueron triunfales.

Esos sonados triunfos le abrieron las puertas de los cosos más importantes de la península ibérica y el público que llenaba la plaza para verlo torear acabó por entregársele por completo, de la misma forma como él se entregaba a los toros, con verdadera sed y hambre de triunfo, sin escatimar esfuerzo, con mucha valentía y exponiendo la vida en todo momento, en cada uno de sus lances y en todas las suertes que ejecutaba.

Cubierto de gran fama y sólido prestigio, a la edad de 22 años José Cándido Expósito recibió la alternativa de matador de toros en Madrid, la tarde del 25 de mayo de 1756 de manos del matador Diego del Álamo, “El Malagueño”.

No fue afortunada aquella memorable tarde para José Cándido, ya que el toro de la alternativa, “Capitán”, primero de la tarde, le pegó una grave cornada al torearlo con la muleta, lo que le impidió seguir en el ruedo por lo que su padrino, Diego del Álamo “El Malagueño” tuvo que despachar el encierro completo, pues toreaban un mano a mano.

Repuesto de la cornada, José Cándido Expósito toreó en las principales Plazas de España que en aquellos años estaban proliferando en toda la península, en muy poco tiempo se hizo el favorito del respetable que admiraba en él su pasmosa serenidad y gran valor, además de una notable agilidad que le permitía repetir una y otra vez las mismas suertes, tales como el llamado salto de testuz, consistente en pasar por encima del toro de cabeza a rabo, apoyando un pie sobre el testuz en el momento del embroque, para lograr impulsarse con la fuerza necesaria librando la acometida del astado.

Equivocadamente algunos cronistas e historiadores atribuyen la invención de esta suerte al mismo José Cándido Expósito, lo mismo ocurre con la ya extinta suerte del puñal, la cual aprendió del limeño Mariano Zeballos, quien la puso en práctica por vez primera en el Puerto de Santa María el 5 de agosto de 1770, alternando con los tres hermanos Sebastián, Jorge y Vicente Bueno y con José Cándido.

La mencionada suerte consistía en sostener con la mano izquierda un castoreño (sombrero del picador), para provocar la embestida del toro como si se le fuera a dar un muletazo citando para matar y en el momento del cruce entre toro y torero, este lo apuntillaba con un puñal que esgrimía en la mano derecha.

La fama que José Cándido Expósito logró adquirir con la ejecución de estas dos extintas suertes fue inmensa, las cuales requerían de un valor a toda prueba y de una gran agilidad gimnástica.

Durante la inauguración de la Plaza de Toros del Ejido de San Francisco, en el Puerto de Santa María en Cádiz, construida con madera, se escenificó la trágica muerte de José Cándido que tenía 37 años de edad, la tarde del 23 de junio de 1771, al celebrarse la corrida inaugural de las fiestas de San Juan, en la que el diestro de la localidad lidiaría diez toros de la ganadería jerezana de Bornos.

La corrida en general mostró bravura pero también nervio y temperamento, los dos primeros toros fueron los mejores, el tercero de pelaje jabonero tenía sentido, codicia y poder, mató cinco caballos y José Cándido lo pasaportó con mucho acierto.

Con los dos siguientes, nuevamente José Cándido fue aclamado y al concluir la lidia del quinto toro de la tarde hubo un espectáculo extra con la aparición en el ruedo de lo que denominaron el “Carruaje del Triunfo”, que no era más que una carroza techada, jalada por un grupo de mozos denominados Escuderos o lacayos, los cuales colocaban la carroza en el centro del ruedo y acto seguido desaparecían ocultándose en el callejón de la plaza.

Dentro de la carroza, un hombre y una mujer deberían clavar unos rejones al toro desde las ventanillas de la carroza, pero al salir el toro, embistió directamente y con fuerza al extraño artefacto destrozándolo por completo en un santiamén y derribando a la intrépida pareja. La mujer recibió una cornada en el muslo derecho y su acompañante, que se llevó con seguridad el mayor susto de su vida, pues quedó más pálido que un cadáver y tembloroso como gelatina en vibración, sufrió solamente algunos golpes y raspones de menor importancia.

Tan fiero resultó ese toro, que en una de sus acometidas derribó de su cabalgadura al picador Diego Sánchez apodado “Coriano”, por ser originario de la ciudad de Coria, provincia de Cáceres. El varilarguero quedó al descubierto en la cara del toro, pero el capote providencial del alternante Vicente Bueno le salvó la vida.

Aquel oportuno quite estuvo a punto de provocar una tragedia mayor pues el toro atraído por el capote de Vicente Bueno le embistió con tal rapidez, fuerza y codicia, que el diestro para librarse de la cornada tuvo que brincar las tablas y el astado hizo lo mismo, pero en su salto llegó hasta el primer tendido cayendo entre los espectadores. Afortunadamente el cornúpeta se quedó atorado entre los tablones que se partieron ante el brusco impacto y el tonelaje del toro, lo que evitó una tragedia masiva y el animal fue apuntillado ahí mismo.

El lunes la segunda parte.

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