2ª Y ULTIMA PARTE… JOSÉ CÁNDIDO SACRIFICÓ SU VIDA PARA SALVAR LA DE SU BANDERILLERO.

Pasado el peligro y la excitación del público por la tensión de lo sucedido durante la lidia del quinto toro, salió al ruedo el sexto de la tarde con el nombre de “Coriano”. Alias del picador Diego Sánchez de la cuadrilla de José Cándido. ¿Casualidad o designio fatal?

“Coriano” con cinco años cumplidos, de pelaje cárdeno, muy descarado de cuerna, astifino, enmorrillado, astracanado, sumamente codicioso, con mucho sentido, trapío, poder y peligro, daba violentas embestidas de largo acompañadas de descomunales derrotes.

Arremetió con toda su fuerza de lado a lado del ruedo directamente contra la cabalgadura de Diego Sánchez “Coriano” al que le produjo otro espectacular tumbo.

El banderillero Juan Barranco “Chiquilín” estaba perfectamente bien colocado y metió capote en los belfos de “Coriano”, salvando de ese modo la vida del picador.

“Coriano” embistió con sobrada fuerza a Juan Barranco “Chiquilín” que quedó a merced de toro y José Cándido, viendo el peligro que corría su banderillero entró rápidamente al quite, logrando salvar a “Chiquilín” de una irremediable cornada, pero tuvo la mala suerte de resbalar al pisar el charco de sangre derramada por uno de los caballos que murió en el ruedo, (En ese tiempo no se usaban los petos protectores).

“Coriano” que era un toro sumamente codicioso se revolvió contra el diestro caído, pasó sobre él pisoteándolo y en una nueva acometida lo prendió con el pitón derecho en el riñón, hundiendo el cuerno hasta la cepa. La cornada fue terrorífica, José Cándido Expósito quedó enganchado en la cornamenta de “Coriano” que cabeceando y sin soltarlo lo zarandeaba horriblemente pasándoselo de un pitón al otro pegándole una segunda cornada en el muslo izquierdo antes de enviarlo a gran distancia con un violento derrote.

José Cándido Expósito herido de muerte perdió el conocimiento, se le trasladó a un lugar apartado de la muchedumbre, en ese tiempo no existían enfermerías en las plazas de toros, tampoco había médicos de plaza.

A José Cándido Expósito lo mantuvieron recostado en uno de los chiqueros de la plaza entre paja estiércol y tierra; después los trasladaron a la casa marcada con el No. 5 de la calle de San Francisco, aledaña al coso y cuando José Cándido recobró el conocimiento, se dio cuenta que su vida se extinguía, pese a lo cual se mantuvo tranquilo, dando muestras de un valor a toda prueba. Su dolorosa agonía se prolongó diez horas, en el transcurso de ellas, solicitó la presencia de un sacerdote con el que se confesó y comulgó, después le aplicaron los Santos Óleos y todos los auxilios espirituales.

Las cuadrillas se movilizaron en busca de los mejores doctores de Cádiz; José Cándido Expósito se dio cuenta que su vida se extinguía y con una increíble templanza, ordenó la presencia de autoridades y personal legalizado para que tomaran nota de lo que fue su última voluntad y dictó su testamento para que lo hicieran cumplir.

Pidió para el descanso eterno de su alma que le oficiaran mil misas; ordenó que todo cuanto llevaba en ese momento en ropa, alhajas, oro, plata, cobre, dinero y objetos, se repartiera entre la gente más pobre de la localidad del ejido de San Francisco, en el Puerto de Santa María.

A las Hermanas de la caridad que lo rescataron al ser abandonado por su madre les cedió más de tres mil reales y el resto de su fortuna, consistente en casas, haciendas, viñedos, ganado y cinco mil doblones en oro los dejó para su esposa y sus hijos, a los que nombró albaceas.

Cuando los doctores de Cádiz llegaron a la casona donde yacía el torero agónico, nada pudieron hacer, únicamente presenciaron su muerte cuando en el del reloj de la iglesia del Puerto de Santa María se escuchó la primera campanada de la madrugada del día de San Juan. José Cándido Expósito fue sepultado en la Iglesia Mayor del Puerto de Santa María ante una gran manifestación de duelo, la noticia de su trágico fin, con asombrosa rapidez se extendió por toda la península ibérica conmocionando a la afición entera.

Fue José Cándido Expósito el primer torero profesional que murió en España cornado por un toro, en una plaza fija, es decir, construida exclusivamente para el desarrollo de las corridas de toros y este valiente torero entregó su vida por salvar la de otro torero, la de su banderillero José Barranco “Chiquilín”.

Con la muerte del afamado torero surgieron varias coplas, una de las más populares es la siguiente: “En er Puerto murió er Cándido, y allí remató su fin; le mató un toro de Bornos, por librá a Chiquilin…”.

También el día de su entierro entre la multitud se escucharon otras coplas en honor de José Cándido. Esta es una de ellas; “Al otro día siguiente, salieron todos los toreros, vestidos de negro luto, por la muerte e su maestro”.

José Cándido Expósito tuvo dos hijos, uno de ellos de nombre Jerónimo José Cándido que nació en Chiclana en 1760, también se hizo matador de toros, llegó a ser uno de los más prestigiados del siglo XVIII, al grado que se le considera el creador de la Escuela Chiclanera. Jerónimo José Cándido grabó su nombre en la historia del toreo, por haber sido quien instituyó la vuelta al ruedo como premio a una faena y consecuentemente, él fue el primer matador de toros que tuvo el honor de recorrer la circunferencia del albero de Madrid en medio de una cerrada ovación, devolviendo prendas de vestir y recibiendo flores.

Jerónimo José Cándido se inició como medio espada en 1792 y así permaneció hasta 1800, después se ausentó de los ruedos un par de años por molestias reumatoides; regresó a los alberos con mucho éxito y se mantuvo en la cumbre de la torería; en 1810 en Madrid tuvo un triunfo extraordinario y permaneció en activo dos años más, teniéndose que retirar de la profesión en 1812 debido a su deteriorado estado de salud.

Sin embargo, a pesar de su muy diezmada salud, Jerónimo José Cándido se vio obligado a regresar a los ruedos por no haber sabido cuidar y administrar su fortuna; desde luego que la paga por sus actuaciones ya no era la misma de antes, ahora los empresarios le pagaban muy poco pero toreaba muchísimas tardes y eso lo ayudó a solventar su situación.

Era Jerónimo José Cándido el torero que más corridas toreaba a pesar de llevar a cuestas sus 75 años de edad; en 1835 dijo adiós a los ruedos y se convirtió en una leyenda viviente a la que el público le profesó profundo respeto y admiración hasta el día de su fallecimiento el 1ro. de abril de 1839.

Jerónimo José Cándido y su hermano heredaron de su padre una gran fortuna, la cual el mismo Jerónimo José se encargó de multiplicar con sus actuaciones en los cosos taurinos. Cierto es que gran parte de su dinero lo cedió a obras de beneficencia pero aun así, tenía más que suficiente para poder disfrutar de una vejez tranquila y boyante, lo cual no sucedió. ¿Por qué será qué a muchos toreros se les esfuma el dinero de las manos?

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