20 octubre, 2021

OTRA DECEPCIÓN, OTRA.

Domingo 21 de diciembre.
Novena corrida de la temporada de la Plaza de toros México.
Toros: Seis de La Punta, muy desiguales en presentación y juego, y con pesos asaz sospechosos. El segundo era un desecho de tienta con un pitón izquierdo impresentable. La mayoría fueron mansos. Se salvaron quizá el quinto y el sexto, que fueron desaprovechados.

Domingo 21 de diciembre.
Novena corrida de la temporada de la Plaza de toros México.
Toros: Seis de La Punta, muy desiguales en presentación y juego, y con pesos asaz sospechosos. El segundo era un desecho de tienta con un pitón izquierdo impresentable. La mayoría fueron mansos. Se salvaron quizá el quinto y el sexto, que fueron desaprovechados.

Toreros: Alfredo Gutiérrez, al primero le despachó de un pinchazo y entera trasera y tendida: palmas. Al cuarto lo mató de un espadazo defectuoso, trasero y tendido: al tercio sin fuerza.

Leandro, al segundo lo pasaportó de un pinchazo, buena entera y descabellos variados: silencio. Al quinto le cogió pavor y le acabó matando de un bajonazo de juzgado de guardia: aviso y pitos.

Fabián Barba, al tercero de la tarde lo trató de estoquear con mal tino y dejó el estoque en la arena. Luego le asestó un bajonazo inmisericorde: silencio. Al que cerró plaza le pegó otro bajonazo, aunque menos artero: palmas tras aviso.

Este cartel convocó a menos de dos mil quinientos parroquianos, sin duda la peor entrada de la supuesta temporada grande. Es vox pópuli que de la bravísima y noble ganadería de La Punta sólo quedó el hierro, y de esa manera los nuevos bichos con esa denominación salen muy regulares. Es decir, la cruza actual de Teófilo Gómez y San Martín no le dan nada bueno al aficionado.

En la ventosa y gélida tarde vimos desfilar animales quizá de lidia, pero no bravos ni fuertes. Como siempre, vayamos por partes y a los apuntes.

El sobrino de Jorge Gutiérrez, estuvo muy bien, pero no sorteó con acierto. Al primero de la tarde le lanceó bien a la verónica, luego le hizo un quite por chicuelinas antiguas que remató con vistosa serpentina. El rumiante fue manso y no tuvo una pizca de clase, sus supuestos 548 kilos sólo evidenciaron que la pizarra de La México miente con alegría. Un natural largo y una tanda de buenos derechazos fueron el balance de la faena de Alfredo. Mató mal, algo que ya nadie protesta.

Luego, en el segundo de su lote, un cuadrúpedo escurrido y medio burriciego, el muchacho nacido en el D.F. se plantó con ganas y se arrimó como los buenos. Todos sus muletazos tuvieron exposición y aguante. El toro dudó de continuo pero el coleta no. Toreando con la montera puesta, Alfredo nos regaló lo mejor de la tarde. Me quedo con sus grandes tandas de derechazos en un palmo.

Desgraciadamente, el reloj interno del que tanto me platica mi maestro Mario Carrión (excelente torero sevillano) no le funcionó a Gutiérrez y el toro se le pasó de faena. Se tiró a matar con fe, pero ya era demasiado tarde para enderezar el barco. Además, la estocada fue muy defectuosa. Todo quedó en tibias palmas.

Leandro Marcos nos vio la cara de majes. El primero de su lote fue un cornúpeto poco digno de ese nombre pues su pitón izquierdo era una oda al afeitado y al estrabismo. El respetable le pitó al supuesto Rey de la Fiesta desde que salió por toriles. Hubo algunos derechazos de buena factura y como premio obtuvo un silencio sepulcral en los tendidos casi vacíos.

Aquí fue cuando su seguro servidor se acordó de la Rana René del Feisbuc, misma que bien podría decir: -A veces me pregunto qué hago en la plaza de toros.

-Luego me acuerdo de que estaría en casa viendo la corrida por la tele y escuchando a los cretinos triunfalistas que la narran, y hasta me alegro de haberme retratado en la taquilla.

Lo que el matador vallisoletano hizo en su segundo ameritaba cárcel o la quema de la plaza. Pero ya vivimos en el mejor de los mundos posibles y civilizados, así que todo quedó en una buena bronca.

A Leandro le tocó un toro con toda la barba y que embestía, algo peligrosísimo si uno no quiere arriesgar ni un alamar. Dos puyazos serios dejaron al bicho ahormado pero con fuelle, y el español se desdibujó de inmediato. Es muy patético ver a un señor vestido de rosa y azabache que huye del toro.

Lo peor fue cuando al pinchar por segunda ocasión, Leandro corrió como un conejo hacia el burladero de matadores con la espá en la mano. Dicen por ahí que Marcos le brindó la muerte de ese astado a su madre y a su novia, debe quererlas poco.

Fabián Barba se justificó con creces en su primero, uno de La Punta que era manso y no tenía nada de toro bravo. El de Aguascalientes le recibió con una media larga de hinojos, chicuelinas modernas y remató con media de rodillas: la gente le ovacionó con razón.

Con el trapo rojo, Fabián se fajó hasta donde se pudo, pues el de negro no humilló una sola vez. Mató fatal y algún amigo desde casa marcó para decirme que le daba yo lástima, él en pijamas tan orondo y yo de mártir en el coso máximo.

Mal quedó Barba en el último, un toro hecho y derecho que se le fue completo. Después del quite por gaoneras trapacerillas (en nada parecidas las de Garza) este compañero novilleril del Juli nos hizo albergar grandes esperanzas con un cambiado por la espalda en los medios de torero serio. Pero no, a partir de una tanda de derechazos muy lucidos, el toro se adueñó de la situación e hizo lo que le dio la gana.

Lo dicho: poder y templar es lo mismo, y cuando no hay una cosa, la otra no puede darse.

La imagen postrera de la aciaga tarde fue la rueda de tres peones procurando que doblara el pupilo de Vaca Hermanos y Asociados. Ya la segunda entrada a matar la vi desde las escaleras.

Y aquí ponemos punto final por este año a las crónicas de la gran plaza. Lo que sí prometo es comentarle a usted, amigo lector, lo que ocurra en Navidad en la Monumental de Apizaco, donde Joselito, José Luis Angelino y Sergio Flores lidiarán un precioso encierro de De Haro.

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