UNA MIRADA ATRÁS. EL TOREO: UN ARTE MENOR

INTRODUCCION
Como en otras ocasiones en el Año Nuevo hice la resolución de repasar mis rebosantes cajones para deshacerme de tantos innecesarios papeles que por varias décadas había acumulado. No obstante mi deseo siempre se quedó en promesa, hasta este año 2015 cuando el día 2 de enero eché manos a la obra. En uno de los cajones encontré múltiples copias de trabajos académicos que había escrito para cumplir con los requerimientos de tantos cursos que había tomado durante mis años como educador.

Entre ellos me encontré un trabajo titulado EL TOREO: UN ARTE MENOR que lo escribí en julio de 1968 para un curso en español ofrecido en la Universidad de Maryland para instructores de la lengua española. En el curso se comparaban los típicos aspectos culturales entre los países hispanos y los de los anglosajones. Lo volví a leer y noté que lo expuesto en este trabajo no ha perdido vigencia. También, realicé que básicamente he usado esos conceptos en mis presentaciones sobre el toreo a unas audiencias no taurinas de habla inglesa para exponer que el toreo en nuestra cultura no es una lucha con toros, como la palabra inglesa “bullfighting” (lucha con toro) implica.

Esto me ha motivado a incluir aquí la composición, y advierto que la anécdota con que comencé el trabajo fue real y no inventada.

EL TOREO; UN ARTE MENOR, Mario Carrión. 18 de julio de 1968
En 1957, camino a Sudamérica, donde tenía que cumplir unos contratos, paré en Nueva York para conocer la ciudad. Algunos amigos, me mostraban la ciudad, aparentemente diciendo a todo el mundo que yo era un torero. En una tienda un vendedor, mirándome con sorpresa, me dijo, usando una mezcla de español e inglés: “No torero, no grande, nada ‘here’ “, a la vez que se tocaba los músculos del brazo a la manera que lo hacen los competidores en un concurso de Mister Universo.

Sin duda el hombre se sintió sorprendido al no ver a un moreno musculado gitano que bien hubiera podido satisfacer su concepto de un torero como de un superhombre que tiene que luchar con una enorme bestia salvaje.

Al recordar este episodio no pude manos de sonreír al darme cuenta que el vendedor neoyorquino había reaccionado típicamente, ya que en su cultura se asocia el toreo con la idea de un deporte o lucha, como la misma palabra “toreo” traducida a la lengua inglesa hace pensar—bullfighting.

Mi propósito no es predicar la grandeza del toreo, sino dotar a la palabra inglesa con una dimensión que no puede encontrarse en el diccionario, a pesar de hallarse latente en la mente de millones de hispanos. Mencionaré primero la razón por la que el toreo no se considera un deporte, luego compararé el mismo con otras manifestaciones artísticas, y finalmente intentaré dar una definición a esa palabra, incluyendo la dimensión mencionada.

Veamos primeramente porque el toreo no es una clase de deporte, como por ejemplo el boxeo o la caza. En el boxeo existen dos fuerzas balanceadas teniendo ambas posibilidades de vencer. Si el balance no existiera, el espectador se desinteresaría de lo que pasara en el cuadrilátero, ya que el concepto del deporte es que cualquier contendiente pueda ganar, pues el boxeador lucha hacia ese fin. En la corrida sucede algo diferente, ya que el matador, cuyo peso es aproximadamente de sesenta kilos, se enfrenta con una mole de más de quinientos. La misión del torero es opuesta a la del boxeador, el torero, con gracia y compostura, tiene que evitar el choque, ya que si esto sucediera lógicamente, no habría más que un vencedor, el toro. Ernest Hemingway, al comparar el toreo con la caza dice: “El toreo no es un deporte porque el objeto no es solo matar al toro, sino hacerlo siguiendo reglas dictadas por la tradición”. También yo pudiera añadir que si la meta en una corrida fuera matar a un bravo cornúpeta, cualquier valeroso principiante haría el trabajo en cuestión de segundos, y sin apenas riesgos.

Generalmente, el hispano ve al toreo no como un deporte, sino como un arte. En el toreo se pueden apreciar elementos artísticos como en otras expresiones culturales, como, por ejemplo, en el baile. El control de los movimientos, las posiciones elegantes, los rítmicos pasos que el torero da para controlar la bestia nos hacen recordar un dramático ballet, pero en la corrida un mal paso podría causar la muerte del protagonista, además de la interrupción del proceso estético como en el ballet.

Finalmente, he aquí lo que pudiera ser la definición del concepto de torear:

El toreo no es un deporte, sino una clase de ballet dramático con la muerte, donde artísticamente el torero controla sus movimientos y, de una manera elegante, mantiene una relación de distancia entre él y el toro. El arte consiste en la habilidad del torero de ser el mismo, y no el animal, o las circunstancias, el creador de tal equilibrio. Hemingway calificó este arte como menor, puesto que “la belleza se disipa una vez que los participantes desaparecen del ruedo…”. Así que el hispano tiende a estar de acuerdo con Hemingway al percibir al toreo no como un deporte, sino como una manifestación artística.

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