25 octubre, 2021

MENDOZA Y CASANUEVA HICIERON PEDAZOS A MARÍN.

Petardo, en el círculo etimológico del toreo, es un fracaso tan intenso como el éxito que se esperaba, más aún cuando se es superado por los compañeros de cartel . Eso fue lo que vivió ayer tarde en la octava novillada de la temporada en el rancio coso San Marcos el español Ginés Marín, quien se presentó ante la noble afición hidrocálida y quien fue borrado por sus alternantes, un Antonio Mendoza compacto de torería y oficio y un Carlos Casanueva de menor madurez pero obstinado, alegre y con sentimiento al practicar las lides delante de las reses de casta.

Petardo, en el círculo etimológico del toreo, es un fracaso tan intenso como el éxito que se esperaba, más aún cuando se es superado por los compañeros de cartel . Eso fue lo que vivió ayer tarde en la octava novillada de la temporada en el rancio coso San Marcos el español Ginés Marín, quien se presentó ante la noble afición hidrocálida y quien fue borrado por sus alternantes, un Antonio Mendoza compacto de torería y oficio y un Carlos Casanueva de menor madurez pero obstinado, alegre y con sentimiento al practicar las lides delante de las reses de casta. Mala “venta” hicieron con el desalmado joven ibérico al ponerlo en el aparador como “un fenómeno”. Subrayada mala administración que habrá de darle un peso insoportable en la única novillada de la ya cercana Feria Nacional de San Marcos al haber imprimido su nombre en tan severo cartel.

La Punta, criadero jalisciense antañón y romántico, ayer no tuvo su mejor tarde. Ante media entrada en los tendidos fueron soltando uno a uno seis ejemplares bien presentados, variados de tipo pero en sentencia general mansos y descastados, complicados los más, cumpliendo apenas en la suerte de varas el primero, escupiéndose segundo, cuarto y quinto y recargando solamente el tercero y el sexto. Los aplausos del público se escucharon al aparecer en el redondel el tercero y el sexto en honor a sus hermosas hechuras y su remate e injustificadamente, ese mismo monstruo de mil cabezas, honró con sus aplausos en el arrastre al que soltaron en el sitio de honor.

Novillero en retorno exitoso, novillero más y mejor curtido, eso fue el defeño sentado en Pátzcuaro bello y mágico Antonio Mendoza (oreja y al tercio). Su distinguida solvencia destruyó al adversario que encajado a la arena primero, no tuvo más que rendirse al aguante, temple y mando de este joven que gozando de gran estado torero debería estar en el umbral del doctorado taurómaco. Faena corta pero muy sustanciosa en la que hubo formidables y variados pases y a la que le escribió la última página con una ejemplar estocada. Apersonándose en el anillo, él manda; es facultad propia del torero con cabeza y entraña. Hubo en el escenario un bien armado cuadrúpedo que ofreció dificultades, pero también un novillero ahí, bien plantado, poderoso, dominador y dueño del oficio que primero, al cuarto de la función, le hurtó excelentes chicuelinas y posteriormente, en el ciclo muletero, pases por los dos cuernos, completos aquellos, templados y sobre el andamiaje de la valentía genuina, sofocando así las pésimas condiciones del rumiante. Mérito todo del joven quien quedó muy por encima del adversario al que lamentablemente pinchó un par de ocasiones antes de ejecutar un buen espadazo.

El chamaco tapatío Carlos Casanueva (al tercio y al tercio tras aviso) no estuvo equilibrado plenamente durante el proceso de su primera intervención. El afán no fue suficiente para que detonara la faena rotunda ante aquel segundo rival que primero probó y fue tardo pero que finalizó, en el episodio de muleta, embistiendo algo y dejándose torear. Distancia correcta y ritmo estuvieron ausentes pese a varios muletazos excelentes y hondos aunque sin contar con los recursos técnicos para haberlos articulado y lograr mejor conjunto. Una aceptable estocada puso fin a su no mala incursión. En contrapunto del resto de sus hermanos, el quinto tuvo nobleza y buen estilo, cualidades que acogió el de la Perla de Occidente para construir un trasteo vehemente y a más, hasta consumar una labor con hondo sentimiento y llena de pases lentos, extensos y por demás expresivos, esa manifestación del espíritu que se logra solo gustándose en lo que se hace. Para mala nota mató con medio espadazo delantero, caído y tendido más varios descabellos.

Ginés Marín (silencio y pitos) es un novillero peninsular –nacido en Jerez de la Frontera, para más datos de sus generales- que en su expediente trae bastantes tentaderos y más festejos; experiencia y solvencia técnica le soportan. Bien hecho fue todo lo que ejecutó con los avíos y extrajo un partido fabuloso al tercero, ungulado complejo que se paró a menos de la mitad del trasteo. Intachable es su valor, empaque y concepto de la tauromaquia práctica, no obstante es más que humilde su expresión plástica y así a nadie emocionó ni emocionará de seguir con este gélido hacer. Elocuente fue el silencio de la clientela hasta que llegó una media estocada trasera aunque certera. En el sexto, novillo hermoso de estampa y de embestidas cortas, segundo de su lote, las palmas entusiastas las adquirió el jinete Ignacio Meléndez como atención al puyazo de pintura que buriló como una figura entre los picadores que es, mientras que las manifestaciones de desagrado y aburrimiento fueron para el extranjero que lamentablemente tiene el corazón seco, es insípido y no tiene color.

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