25 octubre, 2021

CIRCUNSTANCIAL OREJA REMITE A PASTOR A LA NOVILLADA DE FERIA

Casi una desilusión fue la esperada novillada nocturna que la empresa organizó a modo de extraordinaria para dar vértice a los chavales que mejor estuvieron a lo largo de la campaña novilleril en el coso San Marcos que casi versó el lleno en sus antañones tendidos. La culpa mayor fue de un pésimo encierro de Santa Fe del Campo de cuya partida ninguna res podría calificarse de “toreable”. Sosería, mansedumbre y complicaciones hubo a granel y como consecuencias poco éxito artístico.

Casi una desilusión fue la esperada novillada nocturna que la empresa organizó a modo de extraordinaria para dar vértice a los chavales que mejor estuvieron a lo largo de la campaña novilleril en el coso San Marcos que casi versó el lleno en sus antañones tendidos. La culpa mayor fue de un pésimo encierro de Santa Fe del Campo de cuya partida ninguna res podría calificarse de “toreable”. Sosería, mansedumbre y complicaciones hubo a granel y como consecuencias poco éxito artístico. De cualquier modo un auricular, el único del festejo, de mera suerte fue el que puso a José María Pastor en el cartel de la novillada de feria pactada para el día grande de esta importante y mitotera verbena, ya, por su puesto, en el coso Monumental de “Expo-Plaza”.

Entonado y congraciado con la técnica y el arte de la tauromaquia, Antonio Mendoza (palmas tras aviso) dio apertura a su hacer ofreciendo a los sentidos una serie de lances a compás cerrado en los que abrió también la puerta al buen gusto y al son del primer tercio. Como un pintor maneja los pinceles o un escultor el barro en obras de complejo trazo, él manejó luego la flámula para resolver las complicaciones de un animal que pasó poco castigado en varas y llegó embistiendo con la testa en alto y acobardándose al sentirse podido. Le pudo el joven por su solvencia, templando y parándose en el sitio correcto, aunque haya empleado mal el estoque.

Un acertijo tuvo el hidrocálido Rodolfo Mejía “El Tuco” (palmas tras dos avisos), representado fue por el segundo de la función; novillo probón, topón y de embestidas evidentemente cortas. Sin embargo ni la vehemencia del esperado aspirante a la gloria hizo aparecer el éxito esperado. No fue “El Tuco” de otras tardes ni con la misma fortuna pero sí de otra ocasión con mal uso de la espada.

Continuó el desfile de pésimas reses el cuajado bicorne tercero de la noche. Animal canalla que arribó al ciclo muletero pasando con espectacular poder, calamocheando y tirando el gudañazo hacia arriba en el último instante de cada pase. Este ungulado regístrese como de los más desgraciados de toda la campaña. El joven Nicolás Gutiérrez (silencio), ya muy visto, arriesgó y se tornó voluntarioso sin por ello haber alcanzado el triunfo. Del agrio trago se libró con una estocada tendida posterior a un par de pinchazos.

Dos gaoneras armónicas, un segundo tercio tan espectacular como desatinado en colocación de las banderillas, infidelidad hacia la estática del toreo en el resto de la labor capotera y un trasteo muletero manifestando deseos por el triunfo fue la intervención de José María Pastor (oreja dividida) ante un novillo soso, descastado e indeseable que muy rápido pegó sus pezuñas a la arena y al que despachó de tres cuartos de espada delanteros.

Tres añero sin clase resultó el quinto. Verónicas buenas fueron las que le interpretó Manuel Gutiérrez (al tercio tras dos avisos) y al tratar de poner el segundo par de banderillas, tercio al que se ofreció sin que nadie se lo pidiera, por pisar mal salió lesionado del empeine del pie siniestro. Aun así se quedó en el escenario y grabó una faena escabrosa, de mucha lucha y bastante guerra en la que le hurtó al adversario pases excelentes, no obstante, y para lamentaciones, primero de él, luego del resto de la clientela, ejecutó una estocada dejando el arma a su mitad y en sitio caído y demasiado tendido, más un cúmulo incontable de golpes con la de cruceta.

El sexto fue fijo pero corto de embestidas. José María Hermosillo (palmas), pese a esta inconveniencia, expresó luminosamente, así con la capa como con la sarga, su elegante, principesco y clásico concepto del torear. Trazos delicados se le vieron a este joven que tuvo como error técnico el ahogar al adversario y pagando por eso el no haber llevado a mayores alturas su labor. Acabó la novillada cuando este espigado imberbe también mató no sin pasar trabajos.

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