20 octubre, 2021

DIEGO SÁNCHEZ, EXAMEN APROBADO; OCTAVIO GARCÍA, PAR DE TRASTEOS RECIOS

Quedó titulado como matador de toros el imberbe Diego Sánchez; la ceremonia se vio cuando en el tercio de la plaza de toros Monumental aguascalentense, el extranjero Morante de la Puebla, ante la mirada atenta del “Payo”, le dio los trastos para que despachara al primero de la tarde anunciado en el cartón como “Platillero”, quemado con el No. 94 y con 503 en el dorso.

Esa torera acción podría ser la parte medular de un festejo más de feria, el tercero del serial sanmarqueño. Bien se manifestó el hoy “Benjamín” de los matadores, desenvolviéndose atinadamente ante los toros, sin apuros, sin prisas y dominando el oficio en los momentos complejos.

Quedó titulado como matador de toros el imberbe Diego Sánchez; la ceremonia se vio cuando en el tercio de la plaza de toros Monumental aguascalentense, el extranjero Morante de la Puebla, ante la mirada atenta del “Payo”, le dio los trastos para que despachara al primero de la tarde anunciado en el cartón como “Platillero”, quemado con el No. 94 y con 503 en el dorso.

Esa torera acción podría ser la parte medular de un festejo más de feria, el tercero del serial sanmarqueño. Bien se manifestó el hoy “Benjamín” de los matadores, desenvolviéndose atinadamente ante los toros, sin apuros, sin prisas y dominando el oficio en los momentos complejos.

La “Gigante de Expo-Plaza” soportó en su graderío a un público que cubrió algo menos que el cincuenta por ciento de su capacidad y para que se dieran las acciones los dueños de Los Encinos, criadero queretano, mal escogieron un encierro decentemente presentado pero descastado, sin raza, sin bravura y sí con mansedumbre probada. Ni uno solo de los bovinos pudo salvarse de este severo pero directo juicio. Salieron huyendo de la suerte de varas dos, el segundo y el quinto y el resto apenas cumplió en tal diligencia que, además de ahormar el temperamento de las reses de lidia, es prueba central para catalogar la casta. Léase como dato curioso que el respetable brindó palmas absurdas a los restos del tercero, un bóvido peligroso que estuvo por debajo de la torería de “El Payo”. Muchas ocasiones el monstruo de mil cabezas no sabe identificar las rayas donde queda dividido el mal comportamiento de un burel y el buen hacer de un matador.

Casi nula energía tuvo el de la ceremonia como para embestir y dar espacio al éxito. Quedó para el aplauso la vehemencia del jovencito y nuevo profesional Diego Sánchez (al tercio y división), andamio que le desembocó en momentos distinguidos; hubo de aguantar estático y aguantó, hubo de templar y templó, sin embargo debió haber matado bien y en esta suerte sí que falló al dejar el estoque a manera de golletazo, no obstante pocos pitos resonaron y la mayoría le brindó las palmas a su buen hacer muletero. El sexto, segundo de su lote, fue un astado tardo pero que tenía cierta clase y el nuevo doctor en lides prácticas de tauromaquia le tuvo paciencia, puso los recursos que posee y además todo de su parte y logró muy buenos momentos por ambos flancos. Lamentablemente su deseo por triunfar le provocó alargar el trasteo y posteriormente se puso bastante pesado con las armas.

Como seda o como pétalos de la flor más fina, esa textura tuvieron los mandiles que Morante de la Puebla (pitos tras aviso y pitos tras dos avisos), tal idealizando el toreo, buriló al primero de su lote. Delicado manejo del percal fue aquello; un extraño mezclado de arte y drama, éste por lo cerca que se pasó al antagonista, aquel por la línea estética sobre la que los hizo vivir. Del cielo viajó al infierno. El manso inoculó el anillo, el extranjero se contagió y la clientela se encorajinó ¡Ni la lucha le hizo! Espetó con razón un señor del tendido económico. Para colmo del general disgusto, la suerte suprema se le tornó en un camino demasiado espinoso. Continuista de la mansedumbre fue el cuarto; otro toro desgraciado ante el que primero toreó bellamente a la verónica y algo se empleó al manejar la sarga. “Buena suerte” tuvo para descargo de su conciencia, empero acabó mal y se entregó en nueva versión a pinchar de lo lindo… mucho y bien hasta dejar al fin un golletazo y tirar incontables descabellos cuando ya el coro unísono dejaba escapar la dolorosa palabra ¡ratero, ratero!

No tan bellas pero si recias y dominadoras fueron las verónicas con que “El Payo” (oreja protestada y palmas) recibió a su primero, toro que al llegar a la sesión muletera pasó con poder y arrollando de modo descompuesto. Pero el queretano, en contraparte, nunca descompuso la figura y dominó la situación en un trasteo macizo, pleno de mérito y hombría. No fue una faena bonita, sino dramática y muy de verdad que merecía una mejor estocada que aquella tendida que practicó. Toro de mala entraña fue el quinto; siempre intentó herir y para ello, atento estuvo del diestro quien ofreció sin reservas una reedición del torero crecido que soporta en su ánimo, y compacto, denodado además de firme le hurtó un partido que parecía no tener. Ajetreado se vio pero ganó la batalla pasándose por el ceñidor al bicorne el cual se regresaba en las posteriores tratando de indagar el sitio en el que estaba el coleta, pero lo que siempre halló fue la muleta mandona de éste. Desdichadamente no se correspondió en la suerte suprema, dificultándosele consumarla al primer viaje.

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