COMO SE HIZO TORERO LORENZO GARZA…

VOLVEMOS A “las andanzas”… Copiamos integro lo que leemos en el número 1439 de “REVISTA DE REVISTAS”, con fecha del 19 de diciembre de 1937, donde R. A. Sosa Ferreyro era su director. El artículo a leer lo firma “Currito de la Casa”.

En la casa de Lorenzo Garza no había miseria, pero tampoco había abundancia.

Lorenzo, inquieto, nervioso, quería rodear a su madre, eje de todos sus buenos deseos, de las mayores comodidades.

¿Qué hacer?

Primero, siendo un chiquillo, con los pantalones cortos, se dedicó a ser mensajero.

Se fue a Tampico de marinero. La lancha en la que iba se hundió, y Lorenzo decidió separarse de tal oficio, peligroso y mal pagado…

¿Minero? ¡Sí! ¡En esto se gana dinero! Y fue minero en la mina de Cabrillas. Pero… en la casa-mater no se veía el progreso siendo minero Lorenzo.

¿Boxeador? ¿Podría él boxear? Había que hacer un esfuerzo. Ganó algunas peleas. Le destrozaron la nariz. Ganó ocho dólares en la mejor de sus peleas. Desilusión.

¿Cómo iba a lograr Lorenzo el dinero para rodar a su señora madre de toda clase de comodidades?

Un día, un buen día, lee unos periódicos de toros. ¡Que bella sensación de arte!

Le dice al “Tacho”, entonces torero, hoy su mozo de espadas.

-¿Que es una corrida de toros? ¿Vamos?

Y fueron.

La mirada del regiomontano se dilataba con las hazañas de los toreros; se entusiasmaba, se emborrachaba de color.

-¿Cuánto cobra ese torero?

El “Tacho” le contestó:

-Tres mil “lanas”.

Yo seré torero- se dijo Lorenzo.

Y se hizo torero por el deseo de llenar de comodidades a su madre, y… por haber visto unos periódicos con fotos taurinas.

Pero mientras se podía ser torero había que trabajar.

Seguía arrancándole sus secretos a la mina, en el día, y en la noche se iba a torear vaquillas, a escondidas, en la ganadería de “Golondrinas”.

Le dijeron que haciendo tabiques ganaría más. Dejó la mina y se dedicó a hacer tabiques. El ganadero de “Bocas” supo de las andanzas de Lorenzo. “¡Pobre chico! ¡tiene afición! ¡que toree vacas!”

Y Lorenzo, en cuanto tenía un rato libre, toreaba las vaquillas de “Bocas”.

En un festejo organizado por empleados del cine, el Día de la Raza de 1928, se tiró de espontáneo y toreó con el capote.

El General Andrew Almazán presiente en Garza un gran torero. Lo llama, y le dice que lo va ayudar y pide al Coronel Cejudo lo incluya en cuanto festejo taurino organice. El Coronel cumple los deseos del General Almazán.

Empieza el run-run de que emociona mucho Garza. Los comerciantes en pequeño de Saltillo organizan un festival. Luis Rodríguez, su actual apoderado, que lo había visto torear en Monterrey, lo llama.

Luis era figura como aficionado que toreaba. Se establece un intercambio. Luis torea en los festivales de Monterrey, Lorenzo torea en los festivales de Saltillo.

A Luis se le viene una enfermedad seria en la garganta. El General Pérez Treviño, en cuyo gobierno trabajaba, le permite irse a operar a Monterrey, y arregla cobrar setenta y cinco pesos por un festival, para pagar la operación; pero dicha operación cuesta setenta y cinco pesos más, y entonces Lorenzo le cede su sueldo a Luis, quien, para poder operarse, tuvo que torear casi sin poder respirar.

Por fin, en Villa de Santiago viste por primera vez de luces el año de 1929. Salió de sobresaliente. Con un solo quite acabó con el “cuadro”.

Ansia de torear en México. Se vino a la metrópoli, viajando en los “trucks” del ferrocarril y recibiendo unos cuantos golpes de los “compañeros” ferrocarrileros.

Nada pudo hacer. Despreciaban todos al “loco de Monterrey”. ¡Qué iba a ser torero ese!

Regresó a la Sultana del Norte. Se siguió “vaqueando” en las plazas fronterizas… Villa Frontera… Villa Acuña… etc.

Otra temporada de novillos en México, cuando era empresa Juan “El Conejo”.

El “Tocho” lo anima. Luis Rodríguez, que ya estaba en México, lo llama, le dice que venga, que viva en su casa. Una vivienda que pudo ser nidal de águilas taurinas; Hidalgo 104… Continuara…

EL VIERNES la segunda y última parte.

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