26 octubre, 2021

EL ESTOQUE QUE TRUNCÓ UNA CARRERA

Crecí en un ambiente taurino y desde muy pequeño estuve bastante al día de los acontecimientos relacionados con la fiesta nacional, al menos los que se producían en Zaragoza. Por ejemplo seguía con interés las corridas de las fiestas del Pilar, estando al tanto de los nombres de los toreros que componían los distintos carteles.

Crecí en un ambiente taurino y desde muy pequeño estuve bastante al día de los acontecimientos relacionados con la fiesta nacional, al menos los que se producían en Zaragoza. Por ejemplo seguía con interés las corridas de las fiestas del Pilar, estando al tanto de los nombres de los toreros que componían los distintos carteles. Uno de los recuerdos concretos de esas vivencias taurinas se remonta al mes de octubre de 1964 -buscando en la hemeroteca de ABC he comprobado que fue el mismo día del Pilar-; yo estaba en la cama con anginas -situación frecuente en aquellos años- y en la corrida del Pilar correspondiente toreaban tres matadores poco habituales en Zaragoza: Manolo Vázquez, Carlos Corbacho y Manuel García “Palmeño”, los tres andaluces pues el primero, hermano del gran Pepe Luis Vázquez, era sevillano, Corbacho de la Línea de la Concepción y “Palmeño” de Palma del Río, es decir paisano del Cordobés. Cuando ya había anochecido escuchamos la sirena de una ambulancia que pasaba por la calle, y al ser ésta ruta necesaria desde la Plaza de la Misericordia hasta el Hospital “Miguel Servet” quedaba claro de que alguno de los matadores había sufrido una cogida. En casa había expectación, pues a la certeza de la cogida se unía la ignorancia de su envergadura y de la identidad de la víctima; la llegada de mi padre despejó las dudas: el torero lesionado era Carlos Corbacho y la cogida era importante, aunque superable. Me he entretenido leyendo la crónica de Antonio Díaz Cañabate, quien habla de una tarde infernal de lluvia y viento, unos toros infumables y una corrida pésima; imagino que el resto de la feria sería menos negativo y dramático, con los toreros habituales de entonces como Jaime Ostos, Diego Puerta, “El Viti”, Paco Camino y el aragonés Fermín Murillo.

En el escalafón de la época Corbacho no dejaba de ser un torero más, alguien que no era catalogado como una de las grandes figuras, pero del que se esperaba bastante: era joven y apuntaba maneras, además de ser uno de esos diestros con arrestos suficientes para plantarle cara al toro. Eran tiempos en los que “El Cordobés” lo arrasaba todo, en el que los anteriormente citados aportaban, junto a Ordóñez y Bienvenida, el temple y la torería, amen de los primeros puestos del escalafón, y donde empezaban a apuntar maneras jóvenes que con el tiempo serían matadores de primera línea como Sebastián Palomo Linares o Francisco Rivera “Paquirri”. No obstante, hubo un suceso que marcaría la vida profesional del torero de La Línea, ocurrió en la Plaza de Valencia durante el año 1963, cuando al entrar a matar el estoque salió rebotado y se le clavó en el muslo derecho; la herida fue suturada y Corbacho continuó toreando durante cuatro años, si bien la cicatriz no terminaba de curarse y el diestro sentía frecuentes molestias. El 1 de junio de 1967 fue operado en Barcelona de una lesión vertebral, surgiendo una inesperada complicación al inyectarle en la pierna un calmante que reactiva unos virus existentes en una bolsa cerrada en falso tras la herida ocasionada en Valencia, presentándose una gangrena gaseosa y que exigió la urgente amputación de la pierna. Recuerdo como si fuera hoy la noticia dada en el telediario, aunque entendí erróneamente que la amputación derivaba de una cogida reciente.

Carlos Corbacho supo rehacerse del duro golpe y darle un giro a su vida profesional, convirtiéndose en empresario taurino, trabajo que desempeñó con éxito y profesionalidad durante muchos años. Curiosamente, un estoque volvió a ser protagonista de una historia con tintes de tragicomedia en la que el perjudicado fue de nuevo el ex-torero, cuando en junio de 1987 el diestro algecireño Pedro Castillo, indignado por no haber sido incluido en los carteles de la feria taurina de su localidad, atacó con una espada de matar toros a Corbacho, quien tuvo la serenidad de agarrar el estoque con las manos y desviar su trayectoria, sufriendo una herida de 5 cm en el brazo izquierdo y secciones en los tendones de dos dedos. Afortunadamente el lesionado se recuperó bien de sus heridas, siendo detenido su agresor, que por lo visto se había ofuscado y no pretendía hacer más daño que el realizado, como lo demuestra la ulterior condena por delito de lesiones graves. Suceso aparte, Carlos Corbacho se incorporó a la lista de esos toreros a los que las circunstancias impidió llegar tan lejos como apuntaban.

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