LOS “FANTASMAS” DEL TOREO.

Desde hace varios meses dejé de hacer éstas notas por las molestias que me causaron varios “taurinos” de última hora, que tomaron el título de mis añejas columnas “Puebla Taurina” para promocionar un grupo que tal parece “murió al nacer” y también un periodista que lo tomó como subtítulo para la suya, lo cual no se vale. Y meses antes, otro petardo de plano se “fusiló” completamente título y artículo.

Por eso dejé de hacerlo, pero han sido varias las insistencias de algunos amigos para que estos “garabatos” continúen apareciendo. Y hay les voy, previa advertencia de que lo de Puebla Taurina ya palmó pa’los restos. Previa plática telefónica con un amigo y enterados de que en algún lugar del mundo apareció “un fantasma vestido de luces” y de haber leído la interesante columna “Fregando” de Jaime Oaxaca, perdón, se llama “Bregando”, a demás de lo que él menciona me acordé de otros fantasmas y enmascarados taurinos.

Allá a mediados del Siglo XX hubo un novillero, Eduardo Olguín apodado “El Fantasma” y hace pocos años apareció un nieto de aquel con el mismo mote que, creo toreó en la plaza de los Arroyo en Tlalpan, y contó a algún periodista que al abuelo así le pusieron por que durante las noches se metía a torear en alguna ganadería o corraleta de plaza, y por el ruido que hacía pensaban que era un “fantasma”.

En el desaparecido “Toreo de Puebla”, en una ocasión cayó de espontáneo un aspirante a novillero llamado Pablo Pineda, pero enmascarado, para que no lo reconocieran y lo mandaran al “bote”, o al entonces tenebroso “El Ocho”, al que todos los delincuentes temían. Hubo otro famoso novillero enmascarado, pero en funciones de Lucha Libre en el desaparecido Teatro Hidalgo, en el norte de la Ciudad.

Se trataba del novillero poblano Enrique Hernández “El Rayo”, más tarde famoso locutor y cronista radiofónico hasta la fecha, que convertido en luchador uso el mote de “Doctor Wagner”, incluso fue empresario en aquella arena. Otro taurino muy conocido, Rafael Oviedo, fue a una función del deporte rudo, al terminar la lucha en que participó el personaje que nos ocupa, se acercó a saludarlo-

-Quihubole manito, ¿cómo estás?.-

-¡Yo no le conozco!, dijo aquel.-

-No te hagas tarugo, si te conozco bien “Rayito” aunque tengas máscara.-

Un torero español, Juan José Padilla, que por cornada perdió un ojo, usa un parche obscuro para cubrir el supuesto vacío, lleva una bandera de pirata y en los tendidos me parece que parte del público también lo hace, todo en busca de publicidad por morbo, pero que en el ruedo demuestra que no necesita de ello.

Temporalmente, un magnífico torero poblano que también perdió un ojo en faena taurina, lo hicieron usar contra su voluntad un parche en el ojo dañado, en el cuál para él no era necesario, pero un empresario de Lucha Libre metido en el ambiente taurino y que gustaba de extravagancias promocionales, se lo imponía.

Ese magnífico torero que es José Rubén Arroyo no necesitaba de eso pues por la calidad de su toreo, lo que necesita, como tantos matadores de toros jóvenes, es que les den toros. Es, entre otros, de los pocos toreros mexicanos que habiendo sufrido pérdida tan importante, han continuado en los ruedos.

En una de las plazas de Monterrey, se lanzó al ruedo un novillero apodado “El Pelos”, de apellido Cárdenas, también luciendo flamante máscara, y nuestro informante, Pedro Villalpando, que se encontraba muy cercano a él en el callejón, le animó.

-¡Venga “Pelos”!, a quedarse quieto.-

Al término del festejo, aquel le preguntó a Pedro.

-Oye, ¿como me identificaste?.-

-Por los dientes, que se te salían de la máscara.-

-Y es que más que pelos, aquel por lo “delantero” de su dentadura, tenía mucho parecido con cierto político de igual apellido al que le decía… ya no me acuerdo.

Altzayanca cumple 144 años el 26 de junio y en la plaza de toros “La Morenita” habrá clase práctica a cargo del matador Angelino de Arriaga para los alumnos de “El Zapata”, a las 11 de la mañana, Y el 25 de julio corrida de toros de Felipe González, para “El Chihuahua” mano a mano con Angelino de Arriaga.
Y… ¡Suerte!

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