MI AMIGO JUAN FRANCISCO MUNGUÍA BRÚN… “CURRO” MUNGUÍA.

NADIE LO duda, ya estamos viejos pero nuestro aprecio y afición perduran después de algo así como 58 años de sincera y honesta amistad.

PERFECTAMENTE RECUERDO la mañana en que él terminaba de jugar un partido de fútbol en las canchas del colegio Williams, recogía sus pertenencias y sobre una de las gradas de las escalonadas tribunas de la instalación deportiva, mismas que ese año desaparecieron para dar paso a la ampliación de la avenida Patriotismo, las guardaba después del obligatorio regaderazo, a un lado de shorts, medias, playera y tachones, llevaba una muy bien cuidada muleta, desde luego que con palillo y ayudado, después del partido se dirigía a entrenar. Mientras que este sano y transparente amigo, Juan Francisco, hacia lo descrito, su servidor platicaba con otro compañero que, en sus turnos, “bordaba” su quehacer con lo balones, era un “moreno de tinte oscuro” llamado Gustavo y por supuesto que apodado “El Negro”, y/o Garrincha, como el crack brasileño de moda por aquellos años. ¡Por algo sería su alias!…

DESDE LUEGO que ambos son, Juan Francisco, tiempo después conocido en el ámbito taurino como “Curro”, y el moreno Gustavo, son los hermanos Munguía Brún. El primero con residencia en el embotellado y conflictivo Distrito Federal, el segundo en San Luis Potosí y con frecuentes sacrificadas y complicadas escapadas a Puerto Vallarta. Mis queridos y entrañables amigos hasta la fecha. Sin omitir que “El Negro” es el hombre más informal del universo, es el clásico desidioso de… “Palabra que próximamente nos reunimos”… ¿Será en el más allá? ¿Iremos al mismo sitio?… Nunca nos hemos juntado en esta vida, no lo saludo personalmente desde la tarde del 28 de diciembre de 1975 ya que en esa fecha nos encontramos por casualidad en la plaza México.

PUES BIEN, la memoria me hace recordar que “Curro” debutaba en la Plaza México el lejano 20 de junio de 1965, los carteles decían que Manolo Rangel iría como primer espada para lidiar los astados de la Viuda de Franco, inexplicablemente a las autoridades taurinas del coso se les complicaba la antigüedad de quienes completarían la tercia y sus respectivos lugares en la lidia. Eran dos jovencitos de los que se hablaba bastante bien por sus recientes y constantes triunfos provinciales, uno de ellos, ya muy placeado era Manolo Martínez, el otro sería mi amigo y ex compañero escolar “Curro” Munguía. Obviamente que las dudas no tenían porque existir pero sin embrago “el misterio” vio su fin el sábado por la noche y con una moneda quedó arreglado todo…

Y ASÍ fue… Conociendo los novilleros debutantes las vacilaciones e imprecisiones del palco de la H. Autoridad, encontrándose ambos en el hotel donde pernoctarían y vestirían de luces al día siguiente, optaron por lanzar el metálico efectivo al aire y así salir de dudas de quien partiría plaza de lado derecho y quien iría al centro. El volado lo ganó el de Monterrey y los turnos de sus respectivas intervenciones quedaron arreglados, además así tenia que ser por las reglamentaciones taurinas y sus respectivas pasadas actuaciones. Oportuno, pertinente y conveniente considero contar lo siguiente ya que…

SOMOS CAMBIANTES de ideas, de estados de ánimo.

AÑOS DESPUÉS… Manolo Martínez, siendo ya una figura del toreo, tenía “entrampada y atorada” la economía de su contratación para actuar en la Feria de San Marcos, el estira y afloja entre el espada y el empresario Guillermo González “El Cabezón”, propietario de la entonces única plaza en esta ciudad de Aguascalientes, la vecina al jardín, era enérgica e intensa pero todo terminó cuando el visionario de Guillermo le propuso al diestro regio “jugar” la diferencia con el sistema anterior, el volado de cara o cruz y solo para escuchar… “No soy merenguero”… (Merenguero: Vendedor de estas golosinas con arraigada costumbre que los obliga a rifar sus mercancías, los merengueros recorren las calles para permitir que el mudable destino se asocie con la suerte del mencionado volado). Por todo lo anterior quiero pensar que Manolo, en sus inicios, sí fue merenguero, el “Curro” lo obligó y a pesar de haber ganado ya no le quedaron ganas de tentar a la suerte de esta manera, en otra ocasión platicaremos que la ruleta y los albures si eran del agrado del ahijado de don Lorenzo Garza.

“CURRO” MUNGUIA fue un fino y muy destacado novillero, quizás hasta con una inquietante intuición sobre el futuro por lo que después de la temporada descrita que le dejo mil satisfacciones y un apéndice en el llamado “Embudo de Insurgentes”, optó por regresar a las aulas universitarias, situación que hasta la fecha le ha proporcionado comodidad en su vida y formar una familia que es su mayor satisfacción y triunfo. “Curro” mató cuatro novilladas esa temporada y hasta la fecha le recordamos con respeto su excelente quehacer taurino.

UN FUERTE abrazo para ambos deseando algún día vivir el milagro de dárselos personalmente. De lo que parece ser, lo aseguro, nunca tendré la oportunidad de pegarle un repaso al “Curro” en ruedo alguno, menos a “Garrincha” en una cancha, ambos esfuerzos me dejarían listo para el arrastre, ellos nos darían la puntilla a su servidor y a la cigarrera que ya hice “más millonaria”… Nos Vemos.

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