25 octubre, 2021

PLATERITO DEJA ESCAPAR UN TRIUNFO IMPORTANTE

Domingo 12 de julio del 2015
Segunda novillada de la temporada de la Plaza de toros México
Novillos: Seis de Jorge María, desiguales en presentación (el primero no tenía pitones, por ejemplo) pero todos dieron juego. Al sexto le fue concedido –justamente- el arrastre lento.

Domingo 12 de julio del 2015
Segunda novillada de la temporada de la Plaza de toros México
Novillos: Seis de Jorge María, desiguales en presentación (el primero no tenía pitones, por ejemplo) pero todos dieron juego. Al sexto le fue concedido –justamente- el arrastre lento.

Novilleros: Mirafuentes de Anda, al que abrió plaza lo despachó de 3 pinchazos, una entera y descabellos variopintos: aviso y leves pitos. Al cuarto se lo quitó de enfrente con un pinchazo hondo a la trágala, una entera al encuentro involuntario y un buen golpe de verduguillo: silencio ominoso.

Ángel Giovanni “Platerito”, al segundo le atizó dos pinchazos, una media y un golpe de corta: palmas al toro y él, al tercio con fuerza. Al quinto le pinchó en varias ocasiones, luego le metió una media y hasta cuatro descabellos: aviso y silencio.

Manuel Gutiérrez, al tercero del festejo le endilgó dos pinchazos, una entera atravesada y le tumbó con el segundo golpe del estoque con cruceta: aviso y fuertes pitos. En el que cerró plaza se tiró a matar gallardamente sin muleta dejando tres cuartos que no bastaron. Tuvo que emplear la corta hasta en dos ocasiones para escuchar un aviso y división de opiniones. El respetable ovacionó largamente al toro en el arrastre lento.

Como era de esperarse, hoy la entrada fue aun más triste que la del domingo pasado. Quizá entraron dos mil parroquianos al embudo de Insurgentes. Sin embargo, la novillada fue interesante y se vieron cosas buenas. Vamos toro a toro.

Salió el primero, una res grandota (el cartelito decía que tenía cuatro años, como todo el encierro) pero –sin ser el que esto escribe un experto en la materia- descaradamente afeitada, por no decir otra cosa. No obstante, el bicho tenía nobleza y veinte embestidas buenas en la muleta. De esas dos decenas de pases estimables y posibles, el torero capitalino logró pegar sólo cuatro o seis bonitos, unos al natural y otros al derechazo. Poca cosa.

El segundo tampoco tenía leña, pero imponía por su tamaño. Ángel Giovanni, el muchacho zacatecano, estuvo bien al verónica y aseado con los palos. A continuación estructuró una faena realmente buena, sobresaliendo los derechazos largos y templados y algunos naturales de muy buena factura. Digamos que aprovechó cabalmente la claridad del novillo. Lástima que no mató a la primera ni a la segunda por encoger el brazo. De hecho, fue feamente levantado y revolcado en ese par de envites. Una pena porque la oreja estaba más que concedida por el respetable.

Salió el tercero después de un extraño intermedio en el que los paramédico bajaron del tendido a un señor aparentemente infartado. Pues bien, ese morlaco era muy parecido a los toros de la temporada grande, tenía estampa de gente mayor y muchos kilos, cosa que desconcertó sobremanera a Manuel Gutiérrez, el novillero hidrocálido que estuvo en España en la escuela del Juli.

Usted no ha visto tantos despropósitos y tanta buena suerte en muchos años. Gutiérrez sorteó la cornada en banderillas y en la faena de muleta con una ligereza y una falta de oficio sorprendentes. Fue increíble ver cómo se echaba al toro encima, poniéndose en el viaje para luego burlarlo con poco garbo y nada de recursos. El de Jorge María mereció mejor trato, eso es innegable.

Algunos enterados se cuestionaban al respecto del mote de Manuel, “Esparterito”, nada que ver con aquel gran Manoliyo, al que mató el famoso “Perdigón” de don Eduardo Miura, el de las patillas.

El cuarto fue un cárdeno bonito y con chispa, mismo que le metió mucho miedo a los subalternos y al propio Mirafuentes. El espada en turno nunca se confió, antes al contrario. Una pena pues a este joven le hemos visto realmente torero en otras ocasiones. La gente le respetó mucho y Orlando (que así se llama el novillero que nos ocupa) se ahorró una bronca más que merecida.

El quinto fue un animal encastado que pedía el proverbial carné, pues era bravo y se revolvía en un palmo. La faena de muleta tuvo pasajes de verdadera emoción, especialmente porque fue casi toda a base de naturales en terrenos muy comprometidos. Platerito se fajó como los buenos, pasándose al toro muy, muy cerca y aguantando lo indecible, logrando pegar enormes pases con la zocata. Si hubiera matado bien…

En el último de la tarde, un cornúpeto de excelente disposición, bravo, noble, fijo, repetidor, que humillaba y además era alegre, Manuel Gutiérrez se sacó la espina a medias. Logro buenos lances pies juntos, quitó por abigarradas chicuelinas, gaoneras, etc. Más tarde, con el trapo rojo, pegó dos péndulos y se gustó en un ramillete de derechazos y otro de naturales. Desgraciadamente, el astado era casi de bandera y puso en evidencia al coleta. Desorientado y todo, Gutiérrez hizo la hombrada del perdón: tirarse a matar sin engaño, con achuchón incluido. El espadazo no bastó y eso enardeció más a buena parte de los asistentes, quienes ya habían tomado partido por el de negro. Ya lo decía Juan Belmonte: “Líbrete Dios del toro bueno” o algo así…

Total, un festejo como debían ser casi todos, con ganado emocionante y aunque sea un torero, Platerito, que no se dejó nada en el esportón.

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