FRENTE A LAS OFICINAS DE LA EMPRESA DE LA MÉXICO VENDÍAN SABROSOS Y MUY BARATOS “TACOS DE CANASTA”.

TACOS DE papa, de moronga, de chicharrones verdes y rojos, de frijoles, de arroz, de hígado molido, de huevo enchilado, de nopales, de algo muy parecido a carne de res y varios “sabores” más. Agua de limón, de horchata, de chía, de naranja y de… varios “sabores” más.

ERA UN pequeño grupo de muchachos que buscaban torear, algunos para vestir de oro, otros de plata, a pie y a caballo. Principios de los años sesenta del siglo pasado en el entonces tranquilo Distrito Federal, tiempo de visita a nuestra capital nacional de personajes como el general Charles de Gaulle, presidente de la Republica francesa. Presencia también del Mariscal Josip Broz “Tito”, presidente de Yugoslavia el cual fue homenajeado por nuestro mandatario de aquellos años, don Adolfo López Mateos, con una corrida de toros, desde luego que en la plaza México, viendo el mano a mano de dos figurones del toreo como lo fueron Joselito Huerta y Diego Puerta, esto sé da el 6 de octubre de 1963 con astados de Torrecilla, José Julián Llaguno y Valparaíso.

JOHN F. Kennedy anduvo por tierras aztecas del 29 de junio al 1º de julio de 1962, y, a pesar del carisma del estadounidense, que literalmente congestionó las avenidas por donde pasaba la caravana en compañía de don Adolfo, los asistentes a quien querían ver era a su guapa esposa Jacqueline. Lo más impresionante de todo lo anterior considero fué…

El 16 de abril de 1964 se realizó el traslado del monolito de Tláloc, Dios de la Lluvia de los aztecas, desde Coatlinchán, Texcoco, hasta el Museo Nacional de Antropología, enormes plataformas soportaban el mencionado monolito de 165 toneladas y lo deslumbrante, e impresionante, de esto fueron las fantasmales luces que por todo el recorrido, al caer la noche sobre la avenida Paseo de la Reforma, iluminaban como parte importante de la seguridad para ver el aseguramiento a tan enorme piedra. Pero nos vamos al meollo de este escrito…

POR AQUELLOS años las oficinas del empresario del gigantesco coso, el oftalmólogo Alfonso Gaona, se ubicaban en la céntrica avenida 16 de Septiembre, se llamaba “Óptica Metropolitana”, casi frente a ella, en un corto espacio bajo las escaleras de vetusto edificio, vendían los sabrosos y muy baratos “tacos de canasta”, los mismos que “triunfaran” por las prisas de los oficinistas, que tratando de ahorrar y que laboraban por las cercanías pero moraban a distancias muy alejadas a sus centros de trabajo, los obligaba a consumir el barato manjar. Con hambre todo sabe a caviar y por lo mismo siempre existían entradones semejantes al “Agotado el boletaje”.

EL GRUPO mencionado al inicio de este escrito “le caían” en uno de los cuartuchos del no retirado Hotel Roma, lo que los hacia vecinos de don Jesús Muñoz “El Ciego”, lugar desde donde salían diariamente a los periódicos de circulación nacional, y por medio de solicitar “a su informador” “mi lu$”, notas, resultados y compromisos de matadores, novilleros y personajes de la fiesta de aquellos años que requerían publicidad de resultados por lo ruedos o de sus próximas actuaciones.

LOS HAMBRIENTOS y desarrapados maletillas y aspirantes a subalternos, ya con la barriga vacía, buscaban donde llenar la tripa, bajo las escaleras era el lugar idóneo pero “por si las dudas”, contaban sus escasas monedas y muy habilidosamente se formaban sin mostrar iban juntos, solo el primero llevaba la colecta entre ellos y que no llegaba más allá de cinco pesos en total, suficientes para engullirse veinte tacos, cuatro por un pesote. Muy despacio este delantero personaje se encaminaba hacia la cercana banqueta y, disimuladamente entregaba el dinero al amigo y compañero que tenía detrás, él ya estaba fuera, bien comido y sin pagar, la bronca era para los siguientes que hacían la misma trampa hasta que el último abandonaba el “lujoso Ambassador de los pobres”. Y así pasaron varias semanas de festines gratis, más cual empalagosa película de romance, los banquetes y comilonas que en veces se repetían hasta tres veces al día, pasaron a mejor vida y terminaron al intentar uno de los aspirantes a banderilleros, ya fallecido en accidente automovilístico, enamorar a una de las guapas y jóvenes empleadas confiándole el suculento secreto tratando de sentimentalizarla pero pinchando en hueso ya que era la propietaria del lugar, a partir de esa fecha primero se palmaba el pedido para engullir y después pasaba uno a que le sirvieran. Nunca regresaron a ese “pomposo” lugar. Pero esto tiene un final feliz e inesperado.

A DOS calles del “lujoso Ambassador de los pobres”, se encontraron con uno muy semejante, la única diferencia era que la dueña era muy obesa, entrada en años, nada agradable de rostro pero lo que más “la engalanaba” era su ya muy larga viudez y el prospecto a banderillero descrito líneas atrás, “le iba” al pinto y al colorado, lidiaba de pitón a pitón, por la cara, de tironcitos e intercalaba “adornos”, por lo general ramos de flores sustraídos de la iglesita ubicada al lado de la torre Latinoamericana, por la calle Madero, y esto fue la salvación de los tragones maletillas que por cierto subieron de peso desde ese día. El romance y “el cuento” vieron su fin después de varias semanas, al ser aceptados quienes pretendían a vestir la plata ya que fueron examinados en Tlaxcala y en Puebla y todo listo al hacerse socios oficiales y activos de su correspondiente agrupación que los obligó a viajar de constante. Quienes aspiraban a tomar capotes y muleta en la plaza México retornaron a sus diferentes ciudades puesto que la temporada grande estaba por comenzar y ya nada tenían que hacer en la búsqueda de ser recibidos por don Alfonso Gaona…

CONOCÍ AÑOS después que la viuda indagó, hasta por debajo de las piedras, su paradero, al enterarse que su enamorado banderillero toreaba “X” domingo en el llamado embudo de Insurgentes, lo esperó a que saliera y le ofreció un banquete de barbacoa, mixtotes y pulque al por mayor a él y a todos los que quisiera invitar al día siguiente. Desde esa fecha Alfredo, su nombre real, jamás volvió a pagar hospedaje y alimentos en el Distrito Federal, inclusive, esto me consta, ella apadrino a una se las hijas de su antiguo supuesto amor… Nos Vemos.

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