ENTREVISTA CIBERNETICA CON VICTORIANO POSADA: UN ARTISTA DEL TOREO Y DE LA PINTURA

Febrero, 2008.
Nota del editor:
Hace algún tiempo se me ocurrió denominar a este tipo de diálogo como “entrevista cibernética” para diferenciarla de una entrevista clásica. La entrevista clásica se hace oralmente frente a frente o telefónicamente. En esa conversación el entrevistado contesta más espontáneamente, pero a menudo no cuenta con suficiente tiempo para responder razonadamente con datos específicos. Por el contrario, la ‘entrevista cibernética’, como el nombre implica, consiste en una entrevista hecha a través del Internet, en la cual el entrevistador y el entrevistado se comunican por escrito, dándosele la ventaja al entrevistado para que se tome el tiempo necesario para pensar en sus respuestas.

Antes que proseguir con esta entrevista cibernética me voy a permitir el presentarle al lector al matador de toros retirado Victoriano Posada, quien desde su retiro, reside con su familia en Guayaquil, Ecuador, y además haré alusiones a como la carrera de este torero salmantino y la mía se han cruzado en varias ocasiones. Las notas biográficas las he resumido de la ENCICLOPEDIA LOS TOROS de José María Cossío.

Victoriano Posada nació en Salamanca el primero de abril del 1930 en el seno de una familia humilde. Aunque de pequeño se despertó en él la afición a los toros, por las circunstancias no seria hasta cumplir los 18 años cuando toreó por primera vez en una novillada sin caballos el 15 de octubre del 1948 en Alba de Tormes (Salamanca). De muy joven, motivado por su afición, se buscó un trabajo como barman en el Bar Roco de Salamanca, local que era concurrido por ganaderos, taurinos y aficionados, con el propósito de relacionarse con el mundo del toreo. Esto le ayudó a darse a conocer y enterarse en donde se celebraban tentaderos.

Debutó en una novillada con picadores el 8 de junio del 1952 en La Plaza de Toros de Vistalegre en Madrid en donde toreó con mucho éxito varias novilladas, triunfos que continuó logrando en varias plazas españolas más hasta terminar el año como uno de los novilleros más prometedores para la siguiente temporada.

El 8 de junio del 1953 debutó en la Monumental de las Ventas de Madrid compartiendo el cartel con el madrileño Luis Díaz y conmigo. Los tres espadas, aun sin obtener trofeos, dimos una buena tarde de toros. El éxito en ese ruedo le llegó al novillero salmantino en su repetición en agosto. Su campaña fue triunfal, sumando 42 novilladas, que hubieran podido ser más, al no sufrir dos serios percances, uno muy grave en Zaragoza y otro grave en Calatayud (Zaragoza). En esa temporada compartimos cartel en varias ocasiones.

Después de haber toreado una docena de novilladas, el 23 de mayo del 1954 tomó la alternativa en Barcelona, plaza en donde gozaba de gran cartel. Esa tarde César Girón actuó de padrino, y Juan Montero de testigo, y se lidiaron toros de Alipio Pérez Tabernero. Esa temporada sumó 19 corridas, siendo herido de nuevo gravemente en Palma de Mallorca el 19 de septiembre. Al año siguiente, Victoriano confirmó la alternativa de manos de Juan Montero en Madrid y completó la temporada actuando en un total de 25 corridas.

En la temporada del 1956 suma 15 corridas de toros, entre ellas la del 8 de abril en Madrid, en la cual me confirmó mi alternativa [desde entonces en broma yo siempre le llamo “Padrino” y él a mí “Ahijado”]. En diciembre de ese mismo año él yo volamos juntos de Madrid a Quito en donde comenzamos una exitosa campaña en el Ecuador, la que se extendió hasta mayo del 1957, teniendo ambos grandes éxitos (ver VIVENCIAS DE MEDIO SIGLO. MI PRIMERA CAMPAÑA AMERICANA: EL ECUADOR 1956-1957). Mantuvimos entonces una fuerte competición en los ruedos a la vez que iniciamos una gran amistad que ha perdurado a través de muchos años. Aunque el Cossío no lo menciona, se puede decir que durante el invierno1956-7 contribuimos con nuestros éxitos al renacimiento de la fiesta brava en esa nación sudamericana.

En mayo de 1957 Victoriano marchó a México y yo a España para continuar nuestras carreras. Circunstancias imprevistas causaron que el diestro salamantino toreara su última corrida como matador de toros en la nación azteca. Pero dejemos que el maestro castellano nos diga él mismo cuales fueron esas causas y, además, nos hable de otras facetas de su vida como hombre de negocios y de cómo, al retirarse de su última ocupación, se dedicó más intensivamente a plasmar con brochas y pinceles las imágenes de lo real en los lienzos, con el mismo temple y arte con que usó la espada y la muleta.

M.C.: Victoriano, después de que toreamos juntos en Quito, yo regresé España en mayo del 1957 para hacer campaña en nuestra tierra y tú, en cambio, te fuiste a México para continuar tu carrera. ¿Qué te sucedió en México?

V.P.: Fui contratado para actuar en dos plazas mexicanas, una en Tijuana y la otra en Ciudad Juárez, y tenía la posibilidad de hacerlo en La México, pero el día que actué en Tijuana me dijo en el patio de cuadrillas Antonio Velásquez, quien también actuaba esa tarde, que se había roto el convenio Hispano-Mexicano y que yo ya no torearía más en territorio mexicano. Fue un golpe bajo que me desilusionó completamente, y entonces decidiera retornar al Ecuador y preparar mi boda con la mujer que amaba. Mis dos actuaciones en tierras mexicanas fueron en los meses de junio o julio del 57. No guardo nada de esas corridas. Por eso es que no puedo precisar fechas exactas y el resultado de mis actuaciones no fueron ni buenas ni malas, simplemente diremos que cumplí y punto.

M.C.: De España yo volví a Ecuador para torear en noviembre del 1957 ¿Cuándo volviste tú de México?

V.P.: Regresé de México a Ecuador por el mes de agosto del 57 y el 26 de julio del 58 contraje matrimonio. Lo que no entiendo es porque yo no fui a tu boda al casarte tú también allí, si se supone que yo estaba en Ecuador. Yo no sé si tú estarías en Ecuador en la fecha que yo me casé.

M.C.: Sentí el no poder asistir a tu boda, ya que me encontraba toreando en Colombia, precisamente en Cali y la mía, que fue al año siguiente, fue una ceremonia privada solo con la presencia de la familia. Que yo recuerde no volviste a torear ni en Ecuador ni en España, ¿cuál fue la causa para que esto sucediera?

V.P.: Porque yo había prometido a mi mujer y a la familia que una vez casado no volvería a vestir el traje de luces. No obstante, en el viaje que hicimos a España casi rompo la promesa, pues en nuestra luna de miel, que fue por septiembre, llegamos a Salamanca antes de iniciada la feria de mi tierra, y la empresa me propuso que actuara en ella, ya que pondría dos toros más en uno de los carteles para que yo toreara. En principio dije que sí, pero viendo a mi mujer sufrir y llorar a mares se me ablandó el corazón y desistí de hacerlo.

M.C.: O sea, que te retiraste del toro y te asentaste en Ecuador ¿A qué te dedicaste en tu país adoptado?

V.P.: Con la ayuda de mi suegro montamos un par de gasolineras y ese fue el negocio próspero que tuve por algo más de veinte años, hasta que decidí venderlas y retirarme de los negocios.

M.C.: Sé lo difícil que es apartase completamente del toreo, especialmente viviendo en un país donde la fiesta está viva. ¿Seguiste envuelto de alguna manera en el mundo taurino del Ecuador?

V.P.: Guayaquil es un poco como Baltimore, donde tu vives, aquí a duras penas se da una corrida o dos, y con mucha protesta por un público enemigo de la fiesta brava. No se habla ni se escribe de toros, o sea que estamos casi a la par contigo. Otra cosa es Quito, en donde se vive cada año una verdadera fiesta taurina y sí se habla de toros todo el año.

M.C.: Viniendo de mí está pregunta sobra, pues adivino tu respuesta ¿te fue fácil acostumbrarte a vivir sin enfundarte el traje de luces?

V.P.: Muy duro “Ahijado”, a mí me costó hasta una enfermedad síquica que por suerte pude superar arropado por mi mujer y mis hijos.

M.C.: Bien que lo comprendo, pues a mí también me fue muy difícil acoplarme a la ‘vida civil’. La verdad es que nos retiramos demasiado jóvenes, y todavía con mucha afición. Que yo sepa nunca reapareciste como profesional en los ruedos, pero te pregunto ¿has vuelto a torear en festivales o en el campo para matar o alimentar el gusanillo de la afición?

V.P.: Muy poco a lo largo de tantos años retirado, pero algún festival que otro sí he toreado y también en el campo, tanto en Ecuador como en España, pero en muy pocas ocasiones, desgraciadamente.

M.C.: Ahora ya con la perspectiva del tiempo, ¿cómo definirías tu estilo para torear?

V.P: He sido un torero netamente castellano, con ese estilo seco pero elegante y dominador. Castilla ha dado toreros con mucha elegancia pero siempre carentes de esa chispa de arte y gracia que tienen los andaluces.

M.C.: Bien que recuerdo con la clase, hondura y el temple con que manejabas la muleta. Otra cosa sobre tu perspectiva torera, ¿qué diferencias notas sobre el toro que se lidia ahora y el que lidiábamos nosotros en los años cincuenta?

V.P: Creo que sí hay marcadas diferencias. Hoy los toros son más ‘prefabricados’, más dulzones con menos peligro, al menos para las primeras figuras, pues sabemos que los modestos sí tienen que pechar con las duras, y esos sí sacan guasa y peligro. Pero, en términos generales, hoy salen más toros para hacerles largas faenas y con las orejas cortadas desde pisan el ruedo. Al menos, ese es mi parecer.

M.C.: Ahora bien desde el tendido yo los veo muy grandes. Dime ¿cómo ves ahora la fiesta brava en el Ecuador?

V.P.: Yo diría al respecto que tú y yo fuimos los fomentadores de la fiesta brava en Quito y los que levantamos la afición para que un grupo de buenos aficionados animara el cotarro taurino, haciendo que la feria se fuese para arriba como la espuma. Hoy día la Feria de Quito es una de las más importantes de América.

M.C.: Y en España, ¿sigues la temporada?

V.P.: La sigo por tus noticias en tu página de Internet y tus enlaces en la misma. Además, asisto regularmente a la feria de mi Salamanca.

M.C.: De los toreros actuales, por favor menciona dos o tres de los que más te gustan.

V.P.: Enrique Ponce, “Morante de la Puebla” y José Tomás.

M.C.: Tres de los que a mi me gustan también… ¿y de los diestros con quienes alternamos hace ya medio siglo?…

V.P.: De esos grandes con los que actuamos, los diestros Antonio Bienvenida, Domingo Ortiga, “Antoñete”, Antonio Ordóñez y mi “ahijado” Mario Carrión están entre los que más recuerdo.

M.C.: Gracia “Padrino”, solamente un amigo bromista como tú se atrevería a incluir mi nombre entre los de esos fenómenos. Después de yo dejar Ecuador en 1960, no nos vimos en persona hasta que en 1998 volví a Ecuador con mi mujer y entonces descubrí que tanto tú como yo adorábamos el tenis y tuvimos tanto allí como luego en los Estado Unidos varios reñidos partidos en la cancha. También, observé que tanto en las paredes de vuestra casa en Guayaquil como en las de vuestro condominio que teníais en Miami colgaban bellos cuadros. Cuando te iba a preguntar que donde los adquiriste, me di cuenta que llevaban tu firma. Entonces, tuviste la gentileza de regalarnos a Sally y a mí tres de esos cuadros, los que ahora adornan nuestra casa en Maryland. Dinos, por favor ¿cuándo descubriste tu habilidad con los pinceles y cuando empezaste a pintar?

V.P.: Siempre tuve afición a la pintura, pero mi dedicación a tiempo completo fue cuando me retiré de los negocios allá por los años 80. Desde ese entones no he dejado de pintar.

M.C.: Me llama la atención que tus obras no se concentran solamente en motivos toreros ¿qué otros sujetos te motivan para trasladarlos al lienzo?

V.P.: Me gusta pintar paisajes, tanto marinos como de campo, en especial los encinares de mi tierra con sus toros.

M.C.: Sé que el arte es innato, pero la técnica se aprende ¿cómo mejoraste lo que ya llevabas dentro? ¿Algún maestro?

V.P.: Viendo pintar a mi amigo el pintor José Antonio Blanco, al que tú conociste en Salamanca, y siguiendo sus sabios consejos es de quien más he aprendido.

M.C.: ¿Cómo definirías tu estilo de pintar?

V.P.: Yo diría que soy enteramente impresionista y algo de surrealista.

M.C.: Si estuvieras que escoger solamente un maestro universal de la pintura ¿cuál sería y por qué?

V.P.: Escogería a Rembrandt por los claros y oscuros en sus pinturas. Me fascinan sus obras.

M.C.: Sé que pintas por pura afición, pero ¿has tenido la satisfacción de vender algunas de tus cuadros?

Sí, es verdaderamente satisfactorio que te paguen por hacer aquello que te gusta hacer. He vendido muchos cuadros y aunque no hago exposiciones sigo vendiéndolos.

M.C.: ¿Has expuesto alguna vez tus obras? ¿Cuándo lo harás próximamente?

V.P.: He participado en muy pocas exposiciones y tengo pendiente una en Miami pero necesito tener unos 24 cuadros de un tema taurino al estilo surrealista pero, como he estado vendiéndolos, hasta la fecha apenas tengo pintados unos diez.

M.C.: Bueno, maestro de los pinceles, nos seas bohemio y pinta esos cuadros pronto. ¿Tienes algo más que decirnos respecto de tu pasión por la pintura?

V.P.: Pues eso, que es mi pasión y me da muchas satisfacciones.

M.C.: Sin más por el momento. “Padrino”, te deseo mucha suerte en tu exposición en Miami, y a ver si cuando vayas por allí nos vemos y tenemos otras manos a manos en una cancha de tenis.

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