¡MUCHO CABRONES!… LO DIJERON ROCK HUDSON Y KIRK DOUGLAS.

EL “IDIOMA” por no conocer el ídem.
Y HABLANDO “a la mexicana”. Buen “cuate” los es el joven Jorge Ambrosio Vázquez Méndez quien tenía la duda sobre la certidumbre de que nos visitaran ciertos personajes norteamericanos, por ello se da estas líneas. Van pues a continuación.

POR EL año de 1961 el alboroto en Aguascalientes era grande, hartos hombres y mujeres se tiñeron el cabello de “amarillo huevo”, largas filas se notaban en la céntrica segunda cuadra de la calle Colón, ahí una firma productora de películas estadounidenses había instalado sus oficinas y solicitaba extras que tuvieran un perfil semejante a los ciudadanos norteamericanos, altos, gueros y de piel blanca, hombres y mujeres sin importar su edad, con bombo y platillo se había dado a conocer que los actores Rock Hudson, Kirk Douglas, Dorothy Malone, Joseph Cotten y la entonces sabrosísima adolescente Carol Lynley, filmarían en los alrededores de esta ciudad la cinta “El Último Atardecer”. Los paisanos intentaban participa y “ser descubiertos” para de la noche a la mañana largarse a vivir a una lujosa mansión de Hollywood. Desgraciadamente para todos ellos solo al final, muy lejos, y de espaldas, se nota una borrosa delgada figura, la de don Rafael González, hermano del entonces ganadero de bravo don Ramiro González, solo quienes le conocíamos lo identificábamos, fue el único “extra” visto. Y desde luego que nunca se fue a Hollywood.

DESDE ZACATECAS llegábamos un pequeño grupo de amigos que por allá estudiábamos, el futuro padre de quien ahora apodan en sus crónicas taurinas como “El Yiyo”, me refiero a Ramón Ávila Salceda, y a Benjamin Hernández Sánchez, a Federico Reyes, a Felipe Camarena y a su servidor. Desde luego que teníamos curiosidad por conocer a los artistas y, puesto que solo pasábamos en casa los fines de semana, no nos fue difícil verlos ya que al preguntar sobre los lugares que frecuentaban solo nos indicaron que con un poco de calma nos instaláramos sobre la avenida principal, la calle Madero, y que cuando notásemos una larga fila de autos era seguro la iniciara alguno de ellos, sábado y domingo paseaban y conocían el tranquilo Aguascalientes de aquellos años. El señor Douglas siempre con vaso jaibolero en mano por cierto.

MISTER HUDSON rentó la casa de la familia Camarena que se ubica a escasos pasos del coso San Marcos, una privada que en una de sus partes, hasta la fecha, solo le separa una barda con los corrales del entonces único recinto taurino local. Imagino a los niños de por ahí al ver el alboroto vehicular de las personas que transitaban esperando ver al desaparecido actor, por cierto algunos de esos adolescentes son ahora reconocidos políticos e industriales como Carlos Lozano de la Torre, actual gobernador de nuestro Estado, los hermanos Landín, propietarios de enorme imprenta instalada por Querétaro dedicada a elaborar los almanaques que marcan con su apellido, la familia del hermano ganadero de quien se ve al final del film y que, “se dice”, eran campeones del mundo en eso de brincar paredes las tardes de corridas, novilladas y festivales, “situación” que no se quien “la invento”. Al fin adolescencia.

PACO MADRAZO, entonces propietario de la ganadería de La Punta, no se iba a perder la oportunidad de invitarlos a su finca y desde luego que toda la extranjerada pasó dos días conociendo el rancho que dista a cuarenta kilómetros de esta ciudad de aguas termales. Para ellos fue una nueva experiencia llena de emociones al ver tentar varias becerras, fue ahí donde cuentan que Rock Hudson y Kirk Douglas solo comentaban… ¡Mucho cabrones! Los actores querían decir que quienes participaban en esas labores de tienta tenían valor. Por lo general lo primero que se aprender al desconocer el idioma imperante en el país visitado, son las “malas palabras”, es lógico que no puedan aplicarlas correctamente y en México es casi un deporte la “buena voluntad” de enseñar eso.

POR LO anterior no faltó quien se moviera rápidamente y organizó, “en su honor”, un festival de aficionados prácticos que logró un lleno a reventar, todos querían estar cerca de los artistas, a la salida del coso fue la guapa Carol Lynley quien hizo uso del recién aprendido nuevo lenguaje ya que rodeada de un verdadero tumulto que perseguían conseguir un autógrafo y/o foto con la escultural güerita gritaba… -“No tocar cabrones, no tocar”.- Falsas ilusiones de sus admiradores que sin embargo dejaron infinidad de moretones en el cuerpo de miss Lynley que ella sí aplicó la mala palabra al no confundirla con “valor”… Nos Vemos.

Deja un comentario