19 diciembre, 2015

Y DICTÓ UNA ORDEN… ¡¡¡QUIERO MI BASTÓN!!!

ESTABA EN casa de una de las hijas del matador Antonio Campos “El Imposible”, y Carmelita Hernández, Lucero, la hoy reconocida bailaora y cantaora de flamenco, nativa y residente en la ciudad de Durango, ahí me invitó a desayunar hace varios años. La platica se alargó hasta entrada la tarde y después de comer me hizo el favor de llevarme a casa de su abuelita, doña Luz Gurrola, ya viuda de don Pancho Hernández, ganadero de bravo en el rancho Noria del Ojo, en el municipio de Poanas de ese estado.

DOÑA LUZ era simpatiquísima y conservaba una lucidez y memoria increíbles, a petición de la guapa nieta la señora me confió que su esposo era un hombre de campo, hombre bragado, hombre tosco y rudo al hablar y comportarse

ESTABA EN casa de una de las hijas del matador Antonio Campos “El Imposible”, y Carmelita Hernández, Lucero, la hoy reconocida bailaora y cantaora de flamenco, nativa y residente en la ciudad de Durango, ahí me invitó a desayunar hace varios años. La platica se alargó hasta entrada la tarde y después de comer me hizo el favor de llevarme a casa de su abuelita, doña Luz Gurrola, ya viuda de don Pancho Hernández, ganadero de bravo en el rancho Noria del Ojo, en el municipio de Poanas de ese estado.

DOÑA LUZ era simpatiquísima y conservaba una lucidez y memoria increíbles, a petición de la guapa nieta la señora me confió que su esposo era un hombre de campo, hombre bragado, hombre tosco y rudo al hablar y comportarse, a ella, maestra rural, le causaba miedo verle a pesar de que siempre la respetaba, por lo mismo guardaba su distancia al notar que montado en su caballo intentaba escoltarla cuando la encontraba “por casualidad”. La rondaba por amor, y por ello se comportaba de forma muy correcta, al pasar el tiempo llegó el aliado que arregla estas situaciones a base de flechazos con marca Cupido y se casaron. Formaron una bonita y amplia familia compuesta por Carmelita, Sofía, Francisco Javier, Cristóbal, Juan Manuel quien llegó a debutar como rejoneador, Guillermo, José Antonio, Marina, Rocío, y Rafael.

LA ANÉCDOTA, motivo de este escrito, que me contó doña Luz es la siguiente…

REGRESABAN DE sepultar a don Pancho, por supuesto que todas las atenciones y cuidados eran para ella, la consentían y apapachaban cual debe de ser, sus hijos, nietos y amigos cercanos, en un momento la encaminaron a su amplia recamara y le ayudaron a acostarse. Ella usaba bastón y ya en cama solicitaba se lo dejaran a la mano, concretamente en la cercanía de la cabecera. Desde luego que quienes estaban presentes le hacían notar que para nada lo requeriría ya que dos de sus hijas dormirían en la misma habitación por si algo llegara a ocupar. Doña Luz insistía… ¡¡¡Quiero mi bastón!!!

DESPUÉS DE varias peticiones y negativas de sus allegados, su hija Rocío le formula la pregunta del porque de la persistencia de querer la cercanía del mentado bordón, quienes escucharon la respuesta con trabajos aguantaban la risa…

-“LO QUIERO aquí ya que Pancho desde el cielo ya conoce el miedo que le tenia de jóvenes, si llega a venir a reclamarme palabra que le reviento la cabezota a palazos”.-

NUNCA DESCENDIÓ el ganadero que desde hace años ya la tiene a su lado a sus queridos hijos Carmelita, Francisco Javier, José Antonio, Rocío y al esposo de la primera, el Matador Antonio Campos “El Imposible”…

EN PAZ estén todos ellos y quienes les sobreviven duren muchos años todavía… Nos Vemos.

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