20 octubre, 2021

EN SURREALISTA FESTEJO JOSÉ LUIS ANGELINO SALE A HOMBROS

Domingo 27 de diciembre del 2016
Décimo primera corrida de la temporada de la Plaza de toros México
Toros: Cinco de De Haro, bien presentados pero de juego desigual, débiles en conjunto. El cuarto fue bravo y noble, pero Puerto no lo quiso ni ver. Al sexto le pusieron banderillas negras. Uno de San Marcos lidiado en segundo lugar. Bien presentado, débil, bravo y complicado.

Domingo 27 de diciembre del 2016
Décimo primera corrida de la temporada de la Plaza de toros México
Toros: Cinco de De Haro, bien presentados pero de juego desigual, débiles en conjunto. El cuarto fue bravo y noble, pero Puerto no lo quiso ni ver. Al sexto le pusieron banderillas negras. Uno de San Marcos lidiado en segundo lugar. Bien presentado, débil, bravo y complicado.

Toreros: Víctor Puerto, a su primero le despachó de dos pinchazos vergonzosos y un bajonazo artero: silencio y pitos al toro. Al cuarto le recetó un pinchazo horroroso y un bajonazo de libro: fuertes pitos para el torero y ovación al toro en el arrastre.

José Luis Angelino, al segundo del festejo le mató de entera trasera y caída: oreja protestada. Al quinto le pinchó una vez antes de dejar una entera en buen sitio: oreja.

Pepe López, al tercero le propinó un pinchazo, una entera atravesada y un golpe de corta: silencio. Al que cerró plaza le pasaportó de buena entera y un descabello: palmas tras aviso.
Entrada: casi ocho mil personas.

La última corrida del año bien podría calificarse como la del pretérito imperfecto, la del hubiera o hubiese. Si los toros que se dejaron hubieran caído en otras manos, no sólo Angelino hubiese cortado orejas, pero ahí estaban Víctor Puerto y Pepe López.

Vamos por partes. El primer toro debe haber muerto bastante estupefacto, pues le aplaudieron de salida por su bonita lámina, luego le abuchearon en varas, en la faena de muleta le gritaron ¡Toro! y en el arrastre algunos le pitaron. Víctor Puerto venía mandanga y jamás se estuvo quieto, limitándose a espantarle las moscas a un cornúpeta que embistió con ciertas ganas.

Peor estuvo en su segundo, un cárdeno claro bien presentado que tuvo recorrido y clase. El coleta madrileño venía a cobrar y a vernos la cara de chinos. Así las cosas, Puerto demostró que tiene una agilidad pasmosa y muy poca vergüenza. Sus mantazos y trapazos zaragateros le ganaron la antipatía del respetable. En otros tiempos la bronca hubiera sido monumental, pero la mansedumbre del público postmoderno de La México es proverbial.

José Luis Angelino hizo lo que pudo, cosa nada despreciable, pero si hubiera hecho mejor las cosas nadie le hubiese discutido los trofeos. El segundo de la tarde, el de San Marcos, fue un bicho que pedía el carné. El tlaxcalteca se fue a porta gayola y por poco lo arrolla el tren. A continuación le pegó al toro un enorme farol de hinojos y otra media larga cambiada de rodillas. Los mandiles fueron de muy buena factura y la cosa prometía, pero el astado perdió fuerza y comenzó a defenderse con inteligencia. El aguante y la porfía de Angelino tuvieron eco en los tendidos y aunque mató regular algunos sacaron el pañuelo y el errático juez concedió una oreja que fue bastante protestada.

Con el segundo de su lote, un morlaco bonito, noble y manso, José Luis bregó bien y clavó un tercer para al quiebro y al violín que puso a la gente de pie. Con la muleta Angelino nos regaló cambios por la espalda, derechazos sueltos pero muy largos y templados, y hasta manoletinas ceñidas. Pinchó pero cortó su segunda oreja.

Algunos aficionados decían: “¡Si ese precioso toro le hubiera tocado a Urdiales o a Fermín Rivera hubiéramos visto algo sensacional!” Pero no, aquí no hay más cera que la que arde.

El tercer espada, el moreliano Pepe López, sorteó en primer lugar a un toro muy guapo: un cárdeno caribello, rabicano, calcetero y nevado. Desgraciadamente, el comportamiento del de De Haro no correspondió a sus hechuras, pues no tuvo recorrido, fue débil y hasta complicado. López le echó valentía al asunto, pero la faena no remontó el vuelo.

El toque surrealista de la tarde vendría con el sexto. El toro era grande, pero manso para el caballo. Aunque los varilargueros pasaron fatigas, el toro sí fue castigado. Mas nadie contaba con Chucho Morales, el esquizofrénico juez de plaza, quien ni tardo ni perezoso mandó que le pusieran al de De Haro banderillas negras. El herradero fue digno de la mítica plaza monumental de San Pantaleón de las Tuzas. Y entre la confusión el toro cogió de fea manera a Diego Martínez al salir de un par de garapullos. Afortunadamente, el pundonoroso subalterno sólo sufrió un rayón y fuertes golpes en la pierna derecha.

Y ¿qué cree usted? Pese a los despropósitos de la cuadrilla y del inquilino del biombo ¡el toro se fue para arriba y pese a su mansedumbre se le podían hacer fiestas! Si Pepe López tuviera temple y clase… Pero no, sólo hubo voluntad y buenas intenciones navideñas.

En suma, el festejo fue interesante, pese a que hubiéramos preferido ver a esos toros con otros toreros. Sí, el “hubiera” -el subjuntivo imperfecto del verbo haber- es el tiempo más triste del mundo.

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