20 octubre, 2021

LA HERENCIA DE “EL CHIVO”

Volvió a asomarse poderosa y robusta, sabrosa y dulce, con la cadencia musical que la distingue, la inigualable Escuela Mexicana del Toreo. Esa que no cualquiera es capaz de interpretar porque, para hacerla y hacerla bien, con sinceridad, con calibre genuino, hay que traerla en las células de la sangre.

Es esa forma de interpretar el toreo que, callada, invisible, sube al tendido y traspasa la piel del aficionado para conmoverle de forma instantánea, sin vacilaciones, sin dudas.

Volvió a asomarse poderosa y robusta, sabrosa y dulce, con la cadencia musical que la distingue, la inigualable Escuela Mexicana del Toreo. Esa que no cualquiera es capaz de interpretar porque, para hacerla y hacerla bien, con sinceridad, con calibre genuino, hay que traerla en las células de la sangre.

Es esa forma de interpretar el toreo que, callada, invisible, sube al tendido y traspasa la piel del aficionado para conmoverle de forma instantánea, sin vacilaciones, sin dudas.

Apenas bastó una prueba no demasiado generosa que pudo dar JUAN PABLO SÁNCHEZ el domingo en la “México” y fue más que suficiente para confirmar una de las fórmulas del éxito. Esa que contiene el temple lento, el trazo largo, el quiebre flexible de cintura, el compás sinfónico. Son dones de familia porque, con mayor o menor fortuna, así toreaban el padre de JUAN PABLO, RICARDO SÁNCHEZ MIER y su tío LUIS FERNANDO. A MARTÍN, el menor de los anteriores, nunca lo ví torear pero sí ví, en cambio, al mejor de la dinastía, a don JOSÉ SÁNCHEZ LÓPEZ VELARDE “EL CHIVO”, abuelo de JUAN PABLO.

Con verdadero deleite -elevado a la potencia de la dicha- he convivido con “EL CHIVO” en varias ferias de San Marcos. Un día me convidó a verlo torear una vaquilla en un cortijo de Aguascalientes. Jamás he vuelto a ver torear más lento, limpio y sabroso. Es cierto que era una vaquilla, pero el arte, cuando es verdadero, se expresa de modo similar con una becerra en un corral que en la monumental con un cinqueño.

El arte del “CHIVO” viene nutrido desde sus viejas andanzas por los ruedos, pasando por su experiencia abnegada de ser padre y madre de sus hijos y al mismo tiempo administrador de la ganadería de Peñuelas. Ese arte grande de “EL CHIVO” que te cala cuando te dice un poema o cuando tañe una guitarra para cantar desde las tripas como CHAVELA VARGAS.
De esa estirpe viene JUAN PABLO SÁNCHEZ LÓPEZ YAÑEZ.

Pero qué pena que le haya tocado nacer en este tiempo, cuando encontrar un toro bravo en México es una real lotería. Porque si bien es cierto que cortaba irritablemente las series al tercer o cuarto muletazo cuando le estaba haciendo el toreo bueno y suntuoso a su primero de Campo Real, también lo es que el mansurrón no permitía más sin caerse. Un toro flojo de remos, con esa debilidad hija del descastamiento vergonzoso. Porque los toros también se caen porque les falta sangre brava.

Por esa razón y por una moda importada de España, es que hoy los toreros mexicanos hacen tandas cortas de sólo tres o cuatro muletazos. Y no dan más porque se apartan de la moda o porque el toro se les derrumba.

Ojalá toreros y ganaderos pudieran ver en Youtube un video extraído de un DVD que produje con las mejores faenas de CURRO RIVERA. Es la que le hizo a “Saltillero” de Campo Alegre. Series gloriosas de siete, ocho, diez pases en perfecta unidad. Sombreros en la arena y gente de pie. Sabido es que el aficionado se levanta de su asiento y tira prendas al ruedo después del cuarto muletazo. Claro que también “Saltillero” era bravo y CURRO creía en la Escuela Mexicana.

Me cuenta el gran aficionado JUAN MANUEL VEGA VÁZQUEZ que una tarde, siendo espectador en el tendido de la “México” aquel que fuera un finísimo novillero FERNANDO LÓPEZ “EL TORERO DE CANELA” comentó mientras contemplaba una faena: “Se sufre mucho en la cara del toro y cuando vas por el tercer muletazo lo que quieres es rematar ya para aliviarte y darte un respiro de esa angustia de pasarse al toro. En cambio ve a este torero, da ocho muletazos sin sudar y además sale con una sonrisa. Es asombroso”. El que toreaba mientras hablaba “EL TORERO DE CANELA” era un muchacho que se llamaba MANOLO MARTÍNEZ.
Correo electrónico: teran.paco@gmail.com

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