27 octubre, 2021

EN AGOSTO DE 1926 SE DECÍA DE… JOAQUÍN RODRÍGUEZ “CAGANCHO”.

En nuestro anuario de 1924 ya dábamos cuenta de la existencia de este gitano trianero, por haberse presentado en la plaza de Sevilla; el año pasado dijimos que podía ser uno de los novilleros que más sonaran en el actual, y los hechos han venido a cumplir nuestra profecía con exceso, pues nunca pudimos sospechar que el tal Cagancho llegara a embargar la atención de los aficionados como lo está haciendo desde el verano último.

En nuestro anuario de 1924 ya dábamos cuenta de la existencia de este gitano trianero, por haberse presentado en la plaza de Sevilla; el año pasado dijimos que podía ser uno de los novilleros que más sonaran en el actual, y los hechos han venido a cumplir nuestra profecía con exceso, pues nunca pudimos sospechar que el tal Cagancho llegara a embargar la atención de los aficionados como lo está haciendo desde el verano último.

Hay que convenir en que Sevilla, que tanto se paga de descubrir fenómenos, dejó pasar a éste inadvertido; tampoco Valencia, donde ya toreó el año pasado, nos previno de lo que podía dar que hablar el diestro en cuestión; es más, al comenzar la última temporada, nadie podía suponer que en este homónimo de Costillares hubiera un torero revolucionario, tanto es así, que el 27 de junio, en la segunda novillada que toreaba este año, tuvo en Zaragoza una tarde desdichadísima; pero se presentó en Barcelona el día 4 de julio, y tal alboroto produjo, reproducido el 25 del mismo mes y luego el 1.° de agosto, que puesto ya en plan de torero excepcional fué a Madrid el 5 de este último mes y al echar las campanas a vuelo, como antes en la ciudad condal, la afición se conmovió y puso un interrogante de curiosidad ante tal clamoreo. Estamos seguros de que en Zaragoza no saldrían de su asombro.

Desde entonces, Joaquín Rodríguez (Cagancho), ha venido siendo objeto de los comentarios entre los aficionados. Se inquirió su procedencia y el origen del apodo; algunos revisteros, excesivamente meticulosos, lo han despojado de él, sin advertir que, precisamente por ser antieufónico en absoluto, ha arraigado más en las multitudes; otros han pretendido modificarlo con un consonante del mismo, como Carancho (¡como si no! Cagancho será hasta el fin de sus días); y, en fin, el gitanísimo diestro tiene ya un caballo blanco, el ex diestro Dominguín, que establece con él un contrato exclusivo asignándole unos honorarios que seguramente nunca llegó a soñar nuestro flamante héroe.

Y bien—preguntará el lector—: ¿Qué es Cagancho y cómo torea?

Cagancho es, así, de buenas a primeras, un lidiador desconcertante; el fracaso en Zaragoza, y el enorme triunfo en Barcelona siete días después —punto de arranque de su fama— dan idea exacta de sus desigualdades.

Cagancho torea con la preocupación de las normas nuevas que han traído los parones; poco puesto con el toro, se observa en sus faenas falta de trabazón, no hay el debido enlace en sus pases de muleta, no liga, como se dice en la jerga taurina; pero esos parones suyos no son como los de los demás, pues él los da con tal gracia, con una salsa gitana tan natural, tan personalísima, que no hay más que pedir.

Un día subyuga al público con una faena de muleta y en la misma corrida se observa que flojea mucho con el capote; pero dos tardes después hace el Tancredo con el percal, templando una enormidad por un lado, mientras que por el otro se enmienda y pierde terreno, para luego verle tanto por el izquierdo como por el derecho llevar toreada a la res con los pies atornillados en la arena, sin perjuicio de ofrecernos una espanta a los pocos minutos.

En fin: si con las facultades de Plutarco hubiéramos de escribir unas nuevas Vidas Paralelas, pondríamos a Cagancho junto a Rafael El Gallo, salvando, claro está, la distancia que existe entre las antiguas normas de ejecución de Rafael Gómez y las modernísimas de Joaquín Rodríguez.

Este ha toreado muy poco en la última temporada, pues iba muy avanzada la misma cuando su nombre fué lanzado a los cuatro vientos, y la grave cornada que sufrió en Madrid, el 10 de septiembre, le obligó, por otra parte, a dar allí por finida su campaña.

Esta cornada abre otro interrogante en la rauda ascensión de Cagancho, si tenemos en cuenta lo características que son en él ciertas abdicaciones. ¿Se acordará de tal percance al vestirse de torero?

Sus novilladas forman la lista siguiente:

Marzo: 7, Valencia. —Junio: 27, Zaragoza; 29, Valencia. —Julio: 4 y 25, Barcelona; 31, Valencia. — Agosto: 1, Barcelona; 5, Madrid; 22, Barcelona; 29, Linares. —Septiembre: 9, Ocaña; 10, Madrid. Total: 12 novilladas.

El 24 de octubre, sin estar restablecido, tomó parte en un festival celebrado en Tarancón.

A ver qué pasa con este nuevo «fenómeno» el próximo año, convertido ya en matador de toros.
FUENTE: Toros y Toreros/Revista española.

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