EL MANO A MANO ENTRE JOSÉ TOMÁS Y JOSELITO ADAME… ¡AL DIABLO LA AVARICIA!

Este domingo 31 de enero vuelve a la Plaza México el que, según ciertos aficionados serios, es el coleta más grande de todos los tiempos, hablamos de José Tomás Román Martín, quien ha decidido torear un mano a mano con el torero más exitoso de México, Joselito Adame. Habrá pique, competencia y celo profesional, lo que los antiguos revisteros llamaban pundonor.

Es impresionante saber que las entradas en reventa han llegado hasta los ciento y tantos mil pesos por una barrera de Sombra y dos mil pesillos por un sitio en Sol General. Habrá quien los pague, pues vienen a ver al Monstruo de Galapagar gente de los confines más remotos del universo taurino. Tal es el tirón de taquilla del diestro madrileño.

José Tomás no deja a nadie indiferente. Es un resucitado y un iluminado que cada vez torea con más pureza y más verdad, algo que tanta falta les hace al 90% de sus colegas.

Pepe Tommy, como cariñosamente le apoda El Pana, ha tenido tardes gloriosas en todas las plazas de primera del orbe taurino, salvo en el coso más grande América, nuestra maltratada Plaza México.

Este domingo se colgará –por primera vez en casi veinte años- el cartelito de no hay billetes, y los revendedores controlados por la empresa tienen ya asegurado el futuro de sus vástagos.

Hay una sola duda, ¿cuál? ¡El ganado! Saldrán por la puerta de toriles tres astados de Los Encinos – que pueden ser garantía- y tres más de Fernando de la Mora, rumiantes que no se distinguen por su bravura. Mas el aficionado trasatlántico y el nacional no paran mientes en ello, pues saben que tanto Joselito como José Tomás se arrimaran al máximo y tratarán de hacer el toreo puro, el toreo grande.

No crea usted, querido lector, que los casi 45,000 mil parroquianos que llenarán La México son incondicionales de ambos jefes de cuadrilla. No, hay individuos que van a ir al magno acontecimiento con tal de ver fracasar a uno o al otro; el éxito siempre escuece a los amargados.

Los inconformes dicen que Joselito a veces es pueblerino, y que Pepe Tommy no tiene oficio y que es tremendista. Eso es tanto como decir que Rembrandt van Rijn no sabía pintar y que Jorge Luis Borges no sabía escribir.

José Guadalupe Adame Montoya tiene una trayectoria de éxitos en Francia, España, México, y América del Sur, que rebasa a la de cualquier diestro mexicano de los últimos casi cincuenta años. Y José Tomás es, según los que entienden de esto, el torero más artista y más valiente del que se tenga memoria. Quizá la corrida de expectación sea, como tantas veces ocurre, una corrida de decepción. Quizá, como decía el viejo Pepe Moros, habrá toreros pero no habrá toros.

Lo único cierto es que los boletos han alcanzado precios inverosímiles y que millones de pesos, euros y dólares, están bien anclados en los bolsillos de líneas aéreas, restaurantes, hoteles, y en las cuentas bancarias de Herrerías y compañía.

Todo por la esperanza de un milagro, todo por la Fiesta más culta, y por una o dos tandas de naturales, por seis estocadas a ley, dos de los logros más excelsos de la humanidad.

¡Que Dios reparta suerte y que los toros embistan!

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