LAS DOS CORRIDAS DE LA FERIA DE SAN BLAS DE VALDEMORILLO EN TV: PAULITA EL MÁXIMO TRIUNFADOR

9 de febrero del 2016.
En Valdemorillo, un pueblo muy cercano a Madrid, en pleno invierno en una plaza cubierta, con capacidad para 5,000 espectadores, se celebra la Feria de San Blas, que es la segunda feria taurina de la temporada europea. El abono de la edición ferial 2016 se compuso de un festejo de rejones y dos corridas de toros que se dieron los días 5, 6 y 7 de febrero Canal Plus Toros televisó las dos corridas celebradas el sábado 6 y el domingo 7, pero no el festejo de rejones del viernes, en el cual el joven jinete Juan Manuel Munera salió en hombros tras desorejar a uno de sus novillos. A continuación relato y opino sobre lo que presencié en la pantalla chica.

La Feria de San Blas podría subtitularse “La Feria de la Oportunidad”, pues los seis diestros que actuaron en las dos corridas necesitan dar un toque de atención para poder sumar más corridas en esta temporada, ya que en la temporada pasada actuaron en muy pocos festejos, siendo el veterano Paulita el que más toreó, y no obstante actuó solamente en siete corridas. De estos diestros, Paulita y Víctor Barrio, se alternativaron en el 2001 y 2012, respectivamente, y los otros cuatro jóvenes que completaron los carteles se doctoraron durante la temporada pasada.

En la corrida del sábado componían el cartel Luis Antonio Gaspar “Paulita”, Víctor Barrio y Martín Escudero, lidiando seis astados de Monte La Ermita. El encierro fue excepcional, pues estaba formado por seis bien presentados, encastados y repetidores toros cinqueños, que embestían con nobleza, aunque presentaban las exigencias peculiares de los animales verdaderamente bravos, lo que dio aún más emoción a las actuaciones de los toreros. Se les cortaron cuatro orejas, dos al cuarto, una tercero y otra al quinto.

El aragonés Paulita fue el primer espada en puntuar, al desorejar al bravo astado cuarto. De salida, el animal se pegó un topetazo en las tablas que de momento le restó le fuerza, pero al diestro, templándolo con unos lances a media altura, el animal se repuso y apretó en el caballo. Luego le hizo un quite con elegantes verónicas a pies juntos. Comenzó su labor muleteril con unos pases de tanteo para llevar al toro a los medios. Allí le compuso una faena en la que, con naturalidad, torería, temple y firmeza, dio series de bien ligados pases por ambos lados. Hubo también variedad en los remates que dieron luz a su sobrio toreo y, tras matar de un soberbio estaconazo clásicamente ejecutado, paseó los dos apéndices que le hicieron merecerse el ser considerado como el máximo triunfador de la feria. Al toro que abrió la tarde lo recibió en el tercio con tres largas de rodillas y una de pie más una revolera. No hubo quites. Con la muleta, lo mejor hecho fueron unas series de derechazos, mientras que con la izquierda algunos de los naturales carecieron de temple. Mató de una estocada algo tendida tras dar unas manoletinas. Hubo una petición de trofeo que el presidente la consideró minoritaria, quedando el premio en una aplaudida salida al tercio.

El segundo trofeo se lo ganó Martín Escudero al completar una gran faena al toro tercero, un bravo cinqueño con 595 kilos de peso, que embestía con clase y fondo. Si un toro bueno puede terminar con un torero, por el contario, este ayudó al joven Escudero a demostrar que es un torero con mucho valor, personalidad y clase que también tiene un buen sentido de la lidia. Desde que de salida recibió al astado con unos templados lances, rematados con una revolera, hasta que se deshizo del toro de un estocada sin puntilla tras un pinchazo, demostró todo lo bueno que acabo de decir del torero. Con el capote, además de dar los lances de recibo, hizo un apretado quite por gaoneras. Con la muleta, comenzó en los medios con una serie de derechazos, dados con mucho temple y bajando la mano para llevar al toro y engarzar el siguiente muletazo. Otras series siguieron ejecutadas con la misma calidad, siempre dando tiempo al tiempo y los toques necesarios para evitar enganchones. Lo mismo hizo toreando con la izquierda, y al matar paseó una muy merecida oreja, que debieran haber sido dos si no hubiera pinchado. De similar calidad fue la faena al sexto, con la diferencia que no obtuvo premio mayor por matar de una estocada delantera tras dos pinchazos. Fue ovacionado tras oír un aviso. Esta superior actuación tiene aun más mérito si se considera que esta es la sexta corrida que Escudero torea como matador tras recibir la alternativa el 27 de junio del pasado año.

El trofeo final lo consiguió Víctor Barrio en el quinto. En el primer tercio después de recibirle con unos lances a pies juntos, le hizo un apretado quite por tafalleras. La faena de muleta, con los pies clavados en la arena, la inició en los medios con unos ajustados pases cambiados por la espalda, para continuar toreando primero por derechazos y luego por naturales. La faena fue larga, sobresaliendo más su firmeza que la limpieza de lo hecho, pues hubo enganchones y a veces falta de temple. En el arrimón final dio unos pases circulares y una serie de muy apretadas bernardinas. Le concedieron una oreja al cobrar una estocada tras un pinchazo. Decisión hubo a esportones en su lidia al segundo bravo cinqueño, que en el último tercio comenzó a quedarse algo corto. Comenzó la faena en los medios dando unos derechazos de rodillas. Después de otras series con la derecha, ya de pie, cambió a torear con la mano izquierda, siendo esos pases los más templados y ligados de la faena. Firmó lo hecho con unas manoletinas, y emborronó todo al matar de un pinchazo hondo que necesitó de cuatro golpes con la espada de descabellar. Oyó un aviso. El público apreció su decisión haciéndole saludar en el tercio. En conjunto, se pasó de faena por el deseo de agradar.

El encierro de Ana Romero del domingo fue la antítesis del excelente encierro de Monte La Ermita, lidiado el sábado, pues cinco de los seis astados fueron mansos, inciertos, faltos de fuerza y embestían a medias arrancadas, sin humillar, quedándose cortos y buscando lo que se escondía detrás de los engaños. O sea en conjunto el ganado era mejor para enviarlo al matadero, pues a los toros no les faltaban quilos, que para lidiarlos en una plaza de toros. La excepción fue el cuarto toro, que era manejable, permitiendo al diestro de Espartinas Borja Jiménez que, con una lucida actuación, consiguiera que el festejo no fuera un fracaso total.

La terna que tuvo la mala suerte de enfrentarse con ese mal ganado estaba formada por el diestro ya mencionado más Lama de Góngora y Francisco José Espada. Los tres jóvenes matadores tomaron la alternativa el año pasado y desde entonces solo han toreado nueve, dos y cinco corridas, respectivamente, lo que les hace que tengan poca experiencia para lidiar este complicado tipo de ganado. Lo que el domingo le sobró a los toreros fue la decisión para intentar, exponiendo mucho, sacarles algún partido a los complicados Ana Romero, logrando con sus esfuerzos que el público, que cubría más de media plaza, no se aburriera.

Borja Jiménez al noble cuarto, cuya nota más positiva era la movilidad, fue el único toro potable del encierro, lo saludó con templadas verónicas, rematadas con una vistosa revolera. Luego, hizo un artístico quite por chicuelinas terminado con una media verónica. Buen comienzo. Inició el último tercio dando en los medios una serie de derechazos de rodillas rematándolos, ya de pie, con un pase del desdén. A continuación, con un buen sentido de la lidia, ejecutó una variada faena, haciendo un toreo clásico compuesto por tandas de naturales y derechazos, matizando su hacer con toreo más ligero, como molinetes, recortes y otros adornos. En todo hubo firmeza y entrega. Solo cometió el error al perderle la cara al toro después del hacer un desplante, siendo volteado aparatosamente, sin tener otra consecuencia que la paliza. Sin inmutarse, continuó en la brecha para luego cobrar una estocada que necesitó de dos golpes de descabello. Hubo una petición mayoritaria de oreja y el presidente justamente la concedió. Con el complicado primero, que se quedaba corto y estaba falto de fuerza, estuvo muy firme lidiándolo inteligentemente, llevándolo siempre muy toreado para sacarle aquí y allí buenos pases sueltos en una faena intermitente, pero sin poder redondear las series. Mató de pinchazo y estocada, y saludó en el tercio.

Sus compañeros Lama de Góngora y Francisco José Espada, con toros descastados, sosos, rajados y con un peligro sordo, tuvieron pocas opciones para abrillantar la tarde. El sevillano Lama de Góngora, un fino diestro conocido por sus toques artísticos, tuvo que basar sus faenas en el valor y la decisión para con tesonería sacar medios pases sin poder redondear ninguna de sus faenas. En su intento de buscar el inalcanzable triunfo fue volteado feamente por el segundo astado, con la suerte de salir ileso. Lo más brillante de sus intervenciones lo consiguió hacer con el capote, como fueron las templadas verónicas de recibo y el bonito quite por delantales a pies juntos, que le hizo al segundo de la tarde, y el recibir al quinto a portagayola con una larga cambiada, seguida por dos más en el tercio. Lo peor de su actuación fue el mal uso de los aceros, pues a su primero lo mandó al desolladero de un pinchazo hondo, otro pinchazo y un descabello, y a su segundo de una estocada muy tendida tras dos pinchazos.

Francisco José Espada también se enfrentó con toros de similares malas condiciones, con los que no tuvo manera de completarles faena. Lo más positivo de su hacer fue que, con valor y técnica, intentó sacarle a los toros lo que no tenían, series completas de pases. El tercero le pegó una fuerte voltereta. Espada no hizo honor a su nombre al ejecutar la suerte suprema, pues mató a su primero de una estocada tendida, dos feos pinchazos, y una estocada baja, y al que cerró plaza de pinchazo, estocada tendida, otro pinchazo más otra estocada baja, de la que el toro dobló. No obstante, sin considerar el uso de los aceros, puede decirse que el joven diestro de Fuenlabrada estuvo por encima de sus oponentes. Ambos diestros fueron silenciados al retirarse al callejón tras terminar con sus toros.

Fue una pena que la interesante Feria de San Blas de Valdemorillo terminara con una nota negativa, pues ambos diestros se merecían mucho más que silencios por jugarse el pellejo con unos difíciles toros… pero la suerte suprema manda.

Reseñas
Valdemorillo (Madrid), Sábado 6 de febrero. Segunda de la Feria de San Blas. Toros de Monte La Ermita (cinqueños). Bien presentado y encastados, destacaron el 4º y el 6º) para “Paulita” (saludos tras petición; dos orejas; salidas a hombros), Víctor Barrio, saludos ovación tras aviso; (oreja) y Martín Escudero (oreja; ovación tras aviso). Entrada: 3/4.

Valdemorillo (Madrid), Domingo 7 de febrero. Tercera de la Feria de San Blas. Toros de Ana Romero (bien presentados, descastados y con dificultades, excepto el 4º que fue bravo y manejable) para Borja Jiménez (saludos tras aviso; oreja tras aviso), Lama de Góngora (silencio; silencio) y Francisco José Espada (silencio; silencio). Entrada: más de 1/2.

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